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La Carroza de Dios

Extraído de Anatomia del Alma, de Jaim Kramer y Abraham Sutton. De las enseñanzas del Rab Najman de Breslov

El hombre es capaz de perfeccionarse a sí mismo mediante sus actos, hasta el punto en que se transforma en una “Carroza para Dios”. El Profeta Ezequiel comienza su libro de profecías con una descripción de su visión de la “Carroza” de Dios llevada por “cuatro criaturas”. La persona que se purifica completamente, deshaciéndose de sus características negativas y refinando sus buenas cualidades, se vuelve digna de reflejar las esencias de esas “criaturas” celestiales, capaces de “llevar y sostener” la Carroza de Dios la espiritualidad.

Cada una de las cuatro “criaturas” de la Carroza tenía cuatro “rostros,” de león, de buey, de águila y de hombre (Ezequiel 1:10) . Cada uno de estos cuatro “animales” es considerado un “rey”: el león es el rey de las bestias, el buey es rey de los animales domesticados y el águila es rey de los pájaros. El hombre fue creado para ser rey sobre todos estos reyes, el soberano cuidador de todas las formas de vida.

Explican nuestros Sabios ( Tikuney Zohar #21, 63a) que el león, el buey y el águila corresponden a la mente, el corazón y los pulmones; a la vista, el oído y el olfato. El hombre, siendo el orden más elevado de todas las criaturas vivientes, es paralelo del habla. Cuando se comporta de una manera elevada, todos estos órganos y sentidos actúan para llevarlo hacia niveles más elevados aún.

Sin embargo, nuestras Santas Escrituras enseñan que (Eclesiastés 7:14) “Dios hizo uno frente al otro”. Esta es la “ley del paralelismo” para cada objetivo espiritual existe un obstáculo material correspondiente. Esto se debe a que en cada nivel, en cada momento y situación de la vida, debemos tener libertad de elección para poder decidir qué camino tomar.

Por lo tanto, cuando el hombre vacila, es atacado por el perro, el asno y el halcón, las tres criaturas del crudo materialismo, representantes del potencial para el mal. En su degradación, el hombre cae bajo el dominio de los tres órganos principales: el hígado, la vesícula biliar y el bazo, cuyo resultado es la destrucción, la ira y la cólera. El hombre, Adám , la cuarta criatura, puede regresar al nivel de ” Adám Blial ,” un hombre malvado. Esto se encuentra aludido en la palabra Blial que puede leerse como Bli ol , literalmente, “aquel que aparta de sí el yugo del cielo”. Dado que se ha distanciado de Dios, se dice que su habla representa la mentira, la cháchara vana y las vulgaridades.

El alimento que la persona ingiere es digerido, tomado por el sistema sanguíneo y distribuido por todo su cuerpo. El hígado, la vesícula biliar y el bazo se encuentran entre los principales órganos encargados del procesamiento de nutrientes, del filtrado de la sangre y de la disposición del exceso de fluidos y de la materia de desecho. Controlados por los órganos superiores, les dan fuerza a las facultades espirituales, pero si se los deja sin control, los efectos negativos de estos órganos sacarán a luz, de una manera degradante, las peores características de la persona los celos, la lujuria y el deseo de honor y poder ( Likutey Halajot, Birkot HaPeirot 5:23) .

La Maravilla de las Maravillas

El proceso de purificación es tan asombroso que nuestros Sabios instituyeron la costumbre de recitar una bendición luego de cumplir con las necesidades corporales. La bendición dice:Bendito eres Tú, Señor nuestro Dios, Rey del universo, que con sabiduría ha formado al hombre y ha creado en él numerosos orificios y cavidades. Es manifiesto y sabido ante el Trono de Tu Gloria que si apenas uno solo de ellos fuera obstruido o uno solo de ellos fuera abierto, sería imposible existir siquiera durante un instante. Bendito eres Tú Señor, que cura toda carne y obra maravillas.

El Rabí Natán explica que el proceso de purificación es el objetivo de cada individuo. Explica que el cuerpo fue creado con poderes tan increíbles realmente es una “maravilla de las maravillas” para ser la “planta purificadora” por excelencia. De hecho, es esta única combinación de cuerpo y alma la que hace posible la rectificación final ( Likutey Halajot, Betziat HaPat 5) .

Jaim Kramer y Abraham Sutton

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