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Alimento espiritual

“El Sofisticado y el Simple” es uno de los cuentos más conocidos del Rebe Najmán ( Los Cuentos del Rabí Najmán #9) .
En un comienzo, y pese a sus grandes esfuerzos para aprender su oficio, el Simple no llegaba a ser más que un mal zapatero que casi no podía ganarse la vida. Aun así, era extremadamente feliz. Y es precisamente debido a su simpleza y alegría que el Simple llegó a ser gobernador de su distrito y alcanzar finalmente el puesto de primer ministro.

El Simple había aprendido el oficio de zapatero. Dado que era simple, tuvo que estudiar mucho para llegar a dominar ese oficio e incluso así, no era muy experto en esa artesanía. Se casó y se ganaba la vida con su trabajo. Sin embargo, era simple y nada experto en su oficio, de manera que su subsistencia era muy precaria y limitada.

Dado que tenía una destreza limitada, debía trabajar constantemente y apenas si le quedaba tiempo para comer. Mientras comía el primer bocado de pan hacía un agujero con su lezna. Pasaban entonces un grueso hilo de coser usado por los zapateros, por dentro y por fuera y luego mordía otro trozo de pan. Pese a todo esto, siempre estaba muy alegre. Siempre estaba lleno de alegría pues tenía toda clase de comida, bebida y vestimenta.

Le decía a su esposa, “Esposa mía, dame algo para comer”. Ella le alcanzaba un trozo de pan y él se lo comía. Entonces él le decía, “Dame sopa con kashe ” y ella le cortaba otro trozo de pan. El se lo comía y hablaba con mucho encomio de ello, diciendo, “Qué buena y deliciosa es esta sopa!”

Le pedía a ella entonces algo de carne y otras comidas sabrosas y cada vez ella le daba un trozo de pan. él lo disfrutaba mucho y alababa la comida, diciendo lo bien preparada y lo deliciosa que era. Era como si de hecho hubiese estado comiendo la comida que pedía. De hecho, al comer pan sentía en él el gusto de la comida que deseaba comer ( Los Cuentos del Rabí Najmán p. 74-75) .

Al contar esta historia el Rebe Najmán comentó que el Simple realmente sentía en el pan el gusto de la comida que había pedido (similar al maná del desierto, que incluía todos los sabores). Esto se debía a su simpleza y su alegría. La historia continúa describiendo cómo él sentía en el agua toda clase de bebidas y cómo se sentía vestido apropiadamente para cualquier ocasión siempre que se cubría con un abrigo de piel de cabra. Debido a su falta de pretensiones, hallaba alegría y solaz en todo lo que comía, bebía o vestía. Aunque en un comienzo fue el hazmerreír de todos los que lo conocían, finalmente llegó a ser el primer ministro de su país.

La batalla del comer así sea por placer físico, para mantener juntos el cuerpo y el alma o para utilizarlo como camino de acceso a una mayor espiritualidad es una batalla larga y difícil. El Simple dominó sus pasiones a través de la comprensión de que existe un alimento espiritual dentro de cada bocado y de cada trago. Así obtuvo la energía espiritual que lo llevó hacia alturas cada vez mayores, llegando finalmente a ser líder de los hombres.

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Hemos explicado que el “río que surge del Edén y riega el Jardín,” corresponde al elemento único y a los cuatro elementos básicos que conforman al hombre. Escribe el Rabí Natán que al incluir espiritualidad en el comer, la persona puede experimentar, mediante su alimento, los maravillosos placeres del Edén.

Existe alimento para el cuerpo [comida] y alimento para el alma [el sentido del olfato, la plegaria, el temor a Dios]. Cuando el cuerpo se alimenta se debilita el alma. ¿Cómo es posible entonces que se nos permita comer? Podemos nutrir el alma al concentrarnos en lo espiritual. Cuanto más espiritual sea nuestra motivación al comer, más espiritualmente nutritivo será el alimento. El momento más indicado para comer en aras de lo espiritual es durante el Shabat, cuando tenemos acceso al ONeG , el placer especial del Shabat.
ONeG es un acróstico de las palabras Edén (“Paraíso”), Nahar (“Río”) y Gan (“Jardín”). Así, el alimento que disfrutamos en Shabat puede llevarnos a los elevados niveles representados por ONeG ( Likutey Halajot, Ma-ajalei Akum 2:1) .

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La gula degrada a la persona. Sin embargo, incluso aquél que ha caído en la gula aún tiene esperanzas. Enseña el Rebe Najmán que aquel que come en demasía debe regurgitar lo tragado. Usualmente, la persona vomita más de lo que ha comido. En otras palabras, debe regurgitar incluso aquello que ingirió previamente. Del mismo modo, cuando el Malo toma más de lo que es capaz de ingerir, se ve forzado a devolver cada pizca de bien, cada alma preciosa que alguna vez haya tragado y más aún. Deberá “vomitar” incluso su propia fuerza de vida ( Likutey Moharán II, 8:3) . En este punto, la persona debe comprender que las cosas han ido demasiado lejos. La gula en la que se ha abandonado puede ahora ser el motivo para cambiar su vida. Al comprender que ha “ido demasiado lejos,” aprenderá a rechazar sus antiguos hábitos y retornará a una forma de vida volcada hacia lo espiritual.

La persona que come en demasía debe ponerse a dieta para recuperar el control sobre sus hábitos alimenticios. De la misma manera, aquél que ha perdido el control sobre su mala inclinación puede mejorar su salud física y emocional. Es posible reparar todo el daño producido por el comer simplemente decidiendo qué comidas ingerir y en qué cantidad, comiendo de acuerdo con los dictados de la Torá, esto es, refrenándose de comer ciertos alimentos y haciendo una pausa para bendecir los alimentos permitidos. Al comprender la poderosa influencia que el acto de comer tiene sobre nosotros, podremos utilizarlo para alcanzar los más elevados niveles espirituales.

Jaim Kramer Con Abraham Sutton

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