Conectándose
Anatomia del alma
Crecimiento Espiritual
+100%-

El Hombre y los Cuatro elementos

 

Fuego, Aire, Agua, y Tierra

…”Existen cuatro elementos básicos que conforman el mundo material: fuego, aire, agua y tierra. El Ari explica que estos cuatro elementos corresponden a las cuatro letras del Tetragrámaton…” (Etz Jaim 42:3).

Tetragrámaton
Elemento
Iud
Fuego
Hei
Aire
Vav
Agua
Hei
Tierra

Una antigua tradición habla también de cuatro niveles de la existencia
física: domem (mineral), tzomeaj (vegetal), jai (animal), medaber (hablante, es decir el hombre); cuatro niveles principales del cuerpo: or (piel), basar (carne), guidim (tendones), atzamot (huesos); y cuatro tipos de fluidos del cuerpo, conocidos como los “cuatro humores”. Estos se clasifican como: blanco, rojo, verde (amarillo verdoso) y negro (marrón rojizo). Ellos corresponden a los siguientes órganos:

Fluidos
Órgano
Blanco
conductos linfáticos
Rojo
sangre hígado
Verde
bilis vesícula biliar
Negro (fluidos fétidos)
bazo

Los cuatro niveles y los cuatro humores serán tratados más adelante en sus respectivos capítulos. En este punto, nos centraremos en los cuatro elementos y en su fuente oculta. La siguiente enseñanza se encuentra en el Likutey Halajot (Joshen Mishpat, Matzranut 4:1-3).

Y un río fluye del Edén para regar el Jardín; de allí se divide y se transforma en cuatro ríos principales.
Génesis 2:10

Los cuatro elementos surgen de un único elemento. Esto está aludido en el versículo, “Y un río fluye del Edén para regar el Jardín; de allí se divide y se transforma en cuatro ríos principales”. Esto es, existe una única fuente que se divide en cuatro: los cuatro elementos. Este único elemento es el Tzadik, la persona recta por cuyo mérito se mantiene el mundo, como en (Proverbios 10:5) “El Tzadik es el cimiento del mundo”. Él se asemeja al “ápice de la Iud,” la fuente de las cuatro letras del Tetragrámaton (ver Likutey Moharán II, 67). Este elemento es llamado el iesod hapashut, el “elemento simple,” pues, en su origen, todo está unido como uno y sin diferenciación.

Todo en el mundo está compuesto por cuatro elementos básicos. Cada elemento contiene trazas de los otros tres, aunque sea en una proporción microscópica. Así, domem (mineral) tiene el elemento “tierra” como su principal componente, pero es posible encontrar dentro de él trazas de “agua,” “aire” y “fuego”. La existencia continua del mundo se basa en la apropiada combinación e interacción de dichos elementos.

Cada elemento es radicalmente diferente en su estructura respecto de los otros, pero Dios en Su infinita sabiduría los creó de manera tal que puedan coexistir y mantener la vida en una casi infinita gama de combinaciones mientras aquello que ellos sostienen se encuentre con vida. Cuando su “vida” termina, los elementos se dispersan, creando una situación conceptualmente similar al “Mundo de la Separación” (ver también Rambam, Hiljot Iesodey HaTorá 4:3). Así, es la fuerza de vida la que une y mantiene juntos estos elementos dispares permitiendo que el hombre pueda existir.
Esta fuerza de vida es el elemento único, el Tzadik, quien ha ascendido por sobre la materialidad de este mundo. Él actúa como un puente entre lo espiritual y lo físico y puede por tanto trasmitir vida espiritual al mundo físico.

En su fuente (que es el elemento único, el Tzadik), los cuatro elementos son en verdad uno conceptualmente, el Mundo de la Unidad compartiendo una coexistencia e interacción pacífica.
Y aunque dejen su fuente, mientras continúen recibiendo la fuerza de vida del Tzadik, los cuatro elementos existirán en perfecta armonía.
Sólo cuando por alguna razón los elementos son separados de su fuerza de vida, su armonía se desintegra. En este punto, comienzan la degeneración y la disfunción, que llevan a la enfermedad y al sufrimiento…

Aunque cada persona está constituida por los cuatro elementos, hay cuatro raíces principales, correspondientes a las cuatro letras del Tetragrámaton. Cada individuo tiene su raíz en una letra particular más que en las otras. Y correspondiendo a esto, se encuentra enraizado también en el elemento específico y en el rasgo de carácter que deriva de esa letra. A esto se debe la tremenda diferencia que encontramos en el temperamento de la gente. Algunos temperamentos tienen su raíz en el fuego, otros en el aire, algunos en la tierra y otros en el agua. Lo más importante es armonizar sus diferencias, pues cuando se hace hincapié en la diferencia más que en la armonía, la lucha y el conflicto se vuelven la norma y las personas se oponen unas a las otras. Esta controversia reverbera en sus elementos básicos, causando así una desarmonía Arriba. Como resultado, el mundo sufre destrucción y enfermedad.

La fuerza principal para controlar y armonizar estas diferencias se encuentra en el elemento único, en el Tzadik. Él sabe cómo establecer el equilibrio apropiado entre los diferentes elementos de su dominio. Esto trae armonía y paz a cada individuo y a la humanidad en su totalidad. Este es el nivel del Pacto de Paz otorgado a Pinjas. Habiendo alcanzado este nivel, Pinjas nunca murió, sino que, en su encarnación como el profeta Elías, ascendió al cielo en una carroza de fuego (Likutey Halajot, Matzranut 4:1-3).

El Tzadik es aquél que ha trascendido el “Mundo de la Separación” (correspondiente al Arbol del Conocimiento del Bien y del Mal) y se ha conectado al “Mundo de la Unidad” (el Arbol de Vida). Habiendo armonizado sus elementos, se ha vuelto el elemento único que unifica a todos los demás.

Como vimos más arriba (Capítulo 1), el cuerpo humano refleja la Torá con sus 248 mitzvot (mandamientos) positivas y las 365 mitzvot negativas. El conocimiento sinergético (“el todo es más grande que la suma de las partes”) de toda la Torá que tiene el Tzadik, lo une al mismo tiempo a todas las mitzvot. Conectado con la unidad, percibe todas las mitzvot como un sistema único y unificado. Él es capaz de ver cómo cada mitzvá individual contiene en una unidad todas las otras mitzvot. De la misma manera, une y armoniza su alma con los 248 miembros y los 365 conductos de su cuerpo. Él es entonces capaz de actuar como el elemento único para todos aquéllos que se encuentran por debajo de su nivel.

En todas las enseñanzas del Rebe Najmán es axiomático el que cada uno puede llegar a ser un Tzadik en el nivel que le corresponde. En la medida en que una persona se desarrolla espiritualmente y alcanza dominio sobre su cuerpo sus cuatro elementos puede merecer el título de Tzadik en ese nivel. Esto se aplica incluso a aquél que se encuentra en un nivel espiritual relativamente bajo. Todos, sean cuales fueren los niveles en los cuales se encuentren, tienen el poder de armonizar los cuatro elementos dentro de sí mismos. Pueden alcanzar un “Pacto de Paz” y una total armonía entre su cuerpo y su alma.

Jaim Kramer Con Abraham Sutton

Libros relacionados

Anatomia del Alma



Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top