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Anatomia del alma
Crecimiento Espiritual
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El proceso de purificación

[y el desarrollo espiritual]

Adán fue diseñado con la capacidad de ascender continuamente hacia niveles cada vez más elevados de espiritualidad. Esto debía lograrlo mediante el vehículo de su cuerpo, elevando la materia al nivel de lo espiritual. Y para cumplir con esta misión fue puesto en el Jardín del Edén. Pero esta simple operación fue trastocada cuando Adán sucumbió frente a los deseos físicos (ver más arriba, Capítulo 2).

La consecuencia de la caída de Adán puede compararse con un hermoso y refinado objeto de cristal que es dejado caer desde una gran altura estallando en miles de pedazos pequeños que se desparraman en una gran superficie. Adán contenía, dentro de sí, las almas de toda la humanidad en un estado de perfecta unidad. Su caída partió esa santa unidad en incontables “chispas de santidad” que se dispersaron por el mundo entero. Desde ese entonces la misión del hombre ha sido utilizar las inclinaciones espirituales incorporadas dentro de su sistema, para buscar, encontrar, purificar y elevar estas chispas y así hacerlas retornar a su fuente. Esto reparará e incluso mejorará el recipiente del cual se originaron Adán.

Sea donde fuere que se encuentre una chispa santa, deberá pasar por un proceso continuo de birur, de “purificación,” hasta alcanzar su rectificación. Estas chispas de santidad, dispersas por del mundo, se encuentran hoy en toda la creación: en los minerales y los vegetales, en nuestro alimento y bebida. Tanto en los animales que trabajan para el hombre como en aquéllos que sirven para su alimento.
Están en la materia virgen usada para la manufactura y también en el dinero y otros bienes con los cuales se negocia en el mundo (ver también Mashiaj, Qué, Quién, Por qué, Cuándo, Dónde y Cómo Parte 4-5; publicado por el Breslov Research Institute). El Rabí Natán se refiere a esta idea en uno de sus discursos del Likutey Halajot (Betziat HaPat 5:3):

Todo en este mundo debe pasar por un proceso de purificación para alcanzar su propia perfección. No hay actividad que evidencie más este proceso que la producción alimenticia. El granjero ara sus campos, siembra las semillas y espera entonces a que éstas se arraiguen y broten. Luego cuida su cultivo hasta que esté listo para ser cosechado, y entonces separa el trigo de la paja y la broza. Luego muele el trigo, separando la harina pura del salvado. A esta altura la harina no es aún comestible. Debe mezclar la harina con agua para hacer la masa, formar una hogaza y luego hornearla. Recién entonces las semillas que sembró alcanzan su estado de perfección, el objetivo anhelado.

El cuerpo humano fue diseñado para procesar el alimento de una manera muy similar a como este alimento fue procesado para hacerlo comestible. Al comer, la persona mastica y muele el alimento con sus dientes. La comida desciende al estómago, donde los ácidos y enzimas continúan desmenuzándolo en partículas más pequeñas. El resto del tracto digestivo toma entonces este alimento, reduciéndolo y purificándolo más aún. El alimento purificado pasa hacia el sistema sanguíneo, llevando nutrientes a todo el cuerpo. La materia de desecho es rechazada por el cuerpo y expelida.

El proceso de purificación que tiene lugar dentro del cuerpo es un paralelo del proceso de purificación del alma. El cuerpo “sabe” qué debe aceptar y purificar y “sabe” qué debe eliminar. Así como el cuerpo limpia y purifica cada alimento que ingiere, de la misma manera el alma, en su búsqueda de la espiritualidad, limpia y purifica sus elementos nutrientes y por tanto a sí misma. Este proceso de purificación espiritual y de crecimiento es un fenómeno constante, tanto a nivel personal como en el plano universal.

Como parte de la búsqueda de la perfección del alma, todas las chispas de santidad caídas y perdidas quebradas y dispersas por el pecado de Adán deben ser recuperadas para reconstruir la tzurá (forma) espiritual original del hombre. El hombre debe ahora tamizar el ambiente material en su búsqueda de lo espiritual.

El Rebe Najmán enseña que todo lo que existe, inclusive la propia riqueza, requiere de este proceso de purificación. Las mismas etapas requeridas para procesar el alimento deben emplearse para refinar el dinero. Estas etapas son: la aceptación, la retención, la digestión, la distribución y la expulsión. Al comer uno utiliza los poderes de aceptación y de retención, pues el cuerpo retiene el alimento durante un tiempo. La digestión permite entonces que el alimento sea absorbido por el cuerpo y el sistema digestivo dispensa los nutrientes requeridos a todo el cuerpo. El corazón y el cerebro reciben el alimento más puro, pues ellos proveen las funciones más vitales. El cuerpo excreta luego la materia de desecho.

El mismo proceso de refinamiento debe aplicarse al dinero. Cuando recibes dinero debes retenerlo y no gastarlo inmediatamente no como aquéllos que pasan sus vidas persiguiendo la riqueza y entonces, cuando la adquieren, la despilfarran inmediatamente. Debes “digerir” este dinero, retenerlo hasta que sea necesario y recién entonces distribuirlo. La porción más pura debe ir hacia la caridad y el resto ser utilizado para tus otras necesidades. También existe desecho en tus gastos ( Sabiduría y Enseñanzas del Rabí Najmán de Breslov #193) .

Jaim Kramer Con Abraham Sutton

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