Festejando
Purim
Un poco de historia
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7) El nuevo primer ministro

«Después de estas cosas el rey engrandeció a Amán…» (Libro de Esther 3:1)

El perverso Amán era descendiente del implacable enemigo de Israel, Amalek. En aquel entonces, Amán era el hombre más acaudalado de su tiempo. Había adquirido las riquezas deshonestamente, al apoderarse de los tesoros de los reyes de Judá. El rey Ajashverosh, impresionado por los fabulosos tesoros de Amán, lo nombró Primer ministro, segundo en jerarquía del mismo soberano, y expidió una orden mandando a todos los del palacio a inclinarse ante él en señal de deferencia.

Amán lucía sobre su pecho una imagen del ídolo que adoraba. Mordejai se negaba a inclinarse ante Aman, pese a las reiteradas advertencias que recibió de diversos funcionarios. Cuando el propio Aman lo reprendió por no rendirle los honores que le habían sido conferidos por el rey, Mordejai le respondió que era judío y que jamás se inclinaría ante ningún ser humano que ostentara en su pecho un ídolo pagano.

Mordejai y Aman habían tenido ya ocasión de encontrarse con anterioridad, bajo circunstancias muy diferentes. Había ocurrido hacía muchos años, en los días del rey Ciro, cuando los judíos recién comenzaban a reconstruir su Templo en Jerusalén. En ese tiempo vivia en Samaria cierta tribu a la que el rey Senakerib había instalado allí después de dispersar en el exilio a muchos judíos. Estos samaritanos aceptaron en parte la fe judía, pero no se identificaron plenamente con el pueblo judío y la Torá. Cuando por decreto especial dictado por el rey Ciro se autorizó a los judíos a reconstruir su Templo, estos samaritanos expresaron su deseo de participar en la obra, pero los judíos no querían tener que ver en absoluto con ellos. Por eso, los samaritanos trataban de impedir por todos los medios posibles que los judíos realizaran la ambición acariciada.

Cuando la fuerza fue repelida con la fuerza y los samaritanos no obtuvieron ninguna satisfacción, fraguaron la aludida acusación de que los judíos no se limitaban a reconstruir el Templo, sino que también estaban organizándose para rebelarse contra el régimen persa.

Los samaritanos y otros enemigos de los judíos eligieron más adelante a un hombre – se trababa de Aman – para que los representara en la corte y respaldara los cargos contra los judíos. Los judíos, a su vez, designaron a Mordejai para que los representare y abogara por su causa.

Los dos delegados iniciaron el viaje a Persia al mismo tiempo. Como su itinerario los llevaría a través de un desierto, se aprovisionaron para la jornada. Aman, que era goloso, consumió sus provisiones de una sola vez, mientras que Mordejai guardó las suficientes para el resto del viaje. Aman comenzó a sentir mucha hambre y pidió a Mordejai que compartiese con él los alimentos sobrantes. Al principio, Mordejai se negó, pero más tarde cedió con la condición de que Aman fuera su esclavo. Como no disponían de un papiro para formalizar el contrato, Aman escribió en la suela del calzado de Mordejai la siguiente promesa: «Yo , Aman el Agagita, me he vendido a Mordejai en pago de pan»

Desde entonces Aman no pudo perdonarle nunca a Mordejai su humillación, y continuamente se debatía en el temor de que Mordejai hiciera valer sus derechos de amo. En verdad, Mordejai jamás soñó hacer tal cosa. Más tarde, sin embargo, cuando Aman llegó a Primer ministro y le exigía rendirle homenaje, Mordejai no tenía más que quitarse la sandalia y blandirla ante aquél. Aman se mordía la lengua y guardaba silencio. Enfurecido, Amán juró destruir a Mordejai y a todos los judíos.

Gentileza gráficos: http://www.tzivos-hashem.org

 

 

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