Festejando
Purim
Un poco de historia
+100%-

14) El fin de Aman

«Así colgaron a Aman en la horca que él había hecho aparejar para Mordejai…» (Libro de Esther 7:10)

Complacido y evidentemente de humor festivo todavía, de resultas de los acontecimientos del día, un Ajashverosh distinto se sentó esa noche a la mesa del banquete. ¡Qué gracioso había sido ver a Aman haciendo tan grandes honores a su más odiado adversario!. Esa sería para Aman una lección bien merecida…

«Esther, mi reina», dijo Ajashverosh afectuosamente, «tienes seguramente algún pedido que deseas hacerme. ¡No habrás preparado estos dos banquetes sólo por el placer de la compañía de Aman! Hazme el favor, dime cuál es tu pedido. Hasta la mitad de mi reino te será concedido. Unicamente no me pidas que permita a los judíos recomenzar la construcción de su Templo, porque eso está en mi mitad…»

Esther, que consideraba los grandes honores conferidos ese día a Mordejai como un presagio del Cielo verdaderamente auspicioso, tenía confianza y seguridad, aunque su voz temblaba de emoción:
«Majestad, sólo pido gracia para mi vida y la de mi pueblo, porque mi pueblo y yo hemos sido vendidos. ¡Hemos sido condenados a morir, a ser carneados despiadadamente…»
«¿Quién se ha atrevido a hacer tal cosa?», gritó el rey, trémulo de pavo al pensar que su bienamada no estuviera a salvo ni en su propio palacio.
«Un hombre muy perverso y cruel, un enemigo empedernido que ya ha llevado a su perdición a la reina Vashti y que tomaría ahora también mi vida. ¡El villano no es otro que este malvado Amán!», exclamó Esther, apuntándole con un dedo acusador.

Amar palideció de terror. Postróse a los pies de Esther, pidiendo clemencia. Pero el rey Ajashverosh volvióse hacia él con furor incontrolable: «¿De manera que eres tú quien se atrevió a conspirar contra mi reina en mi propia casa?», y corrió al jardín a respirar un poco de aire fresco. Ante su asombro vió allí a varias personas ocupadas en derribar los raros y exóticos árboles de los jardines reales. En realidad no se trataba de seres humanos, sino de ángeles con apariencia humana, enviados a la tierra para excitar al grado máximo la cólera del rey contra Aman.

«¿Quién os ha ordenado hacer esto?», rugió el rey.
«Aman», contestaron los jardineros
Semejante a una fiera herida precipitóse el rey en la sala del banquete, encontrando al miserable Aman prosternado ante el canapé de la reina. En ese momento, Harborá, uno de los servidores del rey, dijo: «¿Está el rey enterado de que Aman erigió una horca de cincuenta codos de alto para el leal Mordejai? Allí está, sobresaliendo detrás de la casa de Aman…»
«¡Cuelga de ella al vil Aman!», gritó el rey.

Y así Aman fue colgado de la misma horca que había preparado para Mordejai, y sólo entonces se paciguó la terrible ira del rey.

Gentileza gráficos: http://www.tzivos-hashem.org

 

 

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