Festejando
Purim
Un poco de historia
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12) El consejo de Zeres

«Y díjole Zeres su mujer y todos sus amigos: Hagan una horca alta de cincuenta codos…» (Libro de Esther 5:14)

Aman estaba enajenado de alegría por la atención especial y el honor que la reina Esther le había conferido. «¡Hasta la reina se da cuenta de mi importancia! ¡Quién puede comparárseme en poderes y riqueza!», decía con jactancia Aman para su coleto.

Pero cuando abandonó el palacio y encontró a sus puertas a Mordejai, quien, como era habitual, no le rindió homenaje, su ira no tuvo límites como un momento antes su buen humor.

Aman corrió a su casa y convocó a sus familiares. Cuando todos sus hijos, esposas y consejeros reunidos en su suntuosa residencia, Aman hizo alarde de todos los honores que se habían otorgado. «La propia reina Esther no ha llamado a nadie más que a mi al banquete que ofreció al rey, y mañana estoy de nuevo invitado a cenar con el rey y la reina. Más, ¿qué son para mí todos esos honores mientras vea a Mordejai, el judío, sentado a la vera del palacio real, sin inclinarse jamás a mi paso para rendirme homenaje? ¡Ya no puede esperar más a que llegue el 13 de adar!».

Aman pedía a sus parientes y amigos que pensaran en alguna forma de disponer del odiado Mordejai sin dilaciones, advirtiéndoles: «Deben pensar en algo que no haya fracasado antes, porque su D-s siempre produce un milagro para rescatar a sus devotos judíos. Decapitar a Mordejai no servirá, porque el Faraón trató de eliminar a Moisés por el acero, ¡el cuello de éste se tornó piedra! Tampoco servirá la muerta por inmersión, porque los judios pudieron atravesar el Mar Rojo caminando sobre tierra firme luego quelas aguas se abrieron antes ellos. En queriendo extirparle los ojos, no olvidemos lo que Sansón, privado de la vista, hizo con los filisteos.

Igualmente inutil sería quemar a Mordejai en la pira, porque no hace mucho Jananiah, Mishael y Azariah, los tres ministros judíos de Nabucodonosor, salieron ilesos de la ígnea hoguera. Personalmente, me gustaría que Mordejai fuese pasto de leones hambrientos, pero todos saben que el profeta Daniel regresó del cubil de las fieras sano y salvo y vió arrojar allí a sus adversarios, despedazados en su lugar. Ahora, mis sabios amigos, a pensar mucho y a encontrar un medio para ejecutar a Mordejai que jamás haya sido antes impedido por el D-s judío.

Por el momento reinó profundo silencio mientras todos se exprimían el cerebro en busca de una muerte terrible para Mordejai. Fue entonces cuando Zeres, la mujer de Aman, cuya crueldad sólo era sobrepasada por la de su consorte, exclamó triunfalmente:
«¡Colguémoslo!» No sé de ningún judío que se haya salvado alguna vez de la horca. Que se construya ahora un horca, de cincuenta codos de altura, y por la mañana vé tú, Aman, al rey, y pídele permiso para colgar de ella a Mordejai, ¡Seguramente te concederá favor tan pequeño! ¡Luego puedes ir gozosamente con el rey al banquete!».

Aman quedó encantado y no perdió tiempo en hacer erigir la horca de cincuenta codos de alto, en su propio patio…

Gentileza gráficos: http://www.tzivos-hashem.org

 

 

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