Festejando
Purim
Un poco de historia
+100%-

11) Esther intercede ante el Rey

«Y acontenció que al tercer día se visitó Esther su vestido real y pusose en el patio interior del palacio…» (Libro de Esther 5:1)

Durante los tres días de su ayuno, Esther oró incesantemente a D-s para que le otorgara el éxito en su intento de salvar a su pueblo. Al tercer día se armó de coraje y se encaminó a la cámara real.

Mientras hacia allí se dirigía, sintió aposentarse en ella la divina inspiración, y aunque pálida y débil luego del prolongado ayuno, cruzó con energía entre la guardia real y penetró en la sala donde estaba el rey, sentado en el trono majestuoso, rodeado por sus cortesanos.
Entre éstos se hallaban los hijos de Aman y sus amigos, quienes escasamente pudieron disimular su gozo al ver entrar en la sala a la reina Esther que no había sido invitada a hacerlo. Si el rey simplemente no se daba por enterado, la reina dejaría de ser reina…

En ese preciso momento el rey divisó a Esther en la entrada. Su continente era la extrema palidez y turbación, pero había algo en su rostro que la hacían parecerse a un ángel.

Ajashverosh extendióle ansiosamente su cetro y Esther, recobrada, acercóse con alivio y esperanza, rozando el extremo del cetro real.
Muy sorprendido por la inesperada visita de Esther le preguntó afectuosamente: «¿Qué te perturba, mi querida reina, y cuál es tu deseo? Te concederé hasta la mitad de mi reino».

Esther, que no consideró favorables la ocasión y el lugar para enterar al rey de sus verdaderas intenciones, preguntóle simplemente si iría al banquete que había preparado especialmente para él y su primer ministro Aman.
El rey accedió de inmediato a su pedido y dio órdenes para que Aman asistiera al banquete. Esther tenía sus razones para invitar también a Aman y no únicamente al rey para formularle su petición. La más importante de sus razones era que los judíos no confiaran tan sólo en ella, sino que constantemente tuviesen en cuenta que su verdadera salvación residía en D-s y únicamente en El. Cuando superan que en esta hora aciaga ella ofrecía un banquete al que invitaba a su mayor enemigo Aman, comenzarían a dudar de su lealtad y se volverían a D-s con más sinceridad y plegarias más fervorosas. Esther quería también aquietar cualquier temor o sospecha que Aman pudiera abrigar si sólo pudiera presentársele la oportunidad de despertar al ira del rey, hacer recaer sus sospedchas sobre el traicionero primer ministro y provocar la caída de éste en un arranque de impulsividad del rey, como en realidad lo logró más tarde.

Cuando el rey y Aman hicieron su aparición en el banquete y el soberano de nuevo le preguntó cuál era su deseo, Esther consideró que el momento era inoportuno para su petición, y simplemente les invitó a asistir a su segundo banquete a realizarse la noche siguiente, prometiendo revelar entonces su deseo.

Gentileza gráficos: http://www.tzivos-hashem.org

 

 

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top