Festejando
Purim
Un poco de historia
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15) Purim

«Y salió Mordejai de delante del rey con vestido real de cárdeno y blanco, y una gran corona de oro, y un manto de lino y púrpura: y la ciudad de Susa se alegró y regocijó».
(Libro de Esther 8:15)

«Establecieron y tomaron los judíos sobre sí, y sobre su simiente…el celebrar estos dos días… cada año.» (Libro de Esther 9:27)

El rey Ajashverosh tenía ahora muchas razones para enorgullecerse de su reina Esther, porque se había enterado que era descendiente de la familia real de Saúl, primer rey de los judíos. Cuando Ajashverosh supo luego que Mordejai también descendía de la misma noble familia y era en realidad primo de Esther, lo nombró inmediatamente sucesor de Aman en el cargo de Primer Ministro y consejero principal.

Ajashverosh cedió a Esther el principesco de Aman y a Mordejai el sello real que retirará de manos de aquel.
Aunque Mordejai y Esther estaban profundamente agradecidos al rey por sus favores y podían sentirse cómodos y seguros bajo la protección del propio soberano, en ningún momento perdieron de vista su objetivo verdadero. El cruel decreto de Aman no había sido aún modificado, y a menos que se lo dejara sin efecto a tiempo, los judíos habrían de sufrir un triste destino.

Por ello, Esther fue de nuevo al rey para rogarle por sus hermanos sentenciados. Cayó a sus pies y con lágrimas en los ojos le imploró que desviase la terrible suerte que les aguardaba. ¿Cómo asistir impertubable a los males que caerán sobre mi pueblo? ¿Cómo soportar la vista de la destrucción de mi casta?», exclamó Esther angustiada.

La devoción de Esther por su pueblo conmovió profundamente al rey. Quería aliviar su pena, pero por desgracia había grandes dificultades para anular el decreto, porque éste había sido emitido por orden del rey, en su nombre, y ostentaba el propio sello real. Un decreto semejante era, según el rey , irrevocable.

Pero, al fin, se arbitró una solución. Se publicaría un nuevo decreto en nombre del rey, en el cual se declararía que Aman había abusado de la confianza real al emitir órdenes falseadas: en lugar de dictar un decreto suprimiendo la persecución a los judíos en todo el vasto imperio persa, como era intención y deseo del rey, ¡el traicionero Aman había ordenado el exterminio de los leales súbditos judíos! Una prueba más de la pérdida del favor real por parte de Aman la constituía el hecho de que éste había sido ejecutado por expresa orden del rey.

Los escribas del rey fueron de nuevo convocados y los decretos se redactaron debidamente, dictados esta vez por Mordejai en persona. Los documentos se despacharon inmediatamente, por correos a caballo montados en veloces corceles a todos los gobernadores y príncipes de los ciento veintisiete dominios del imperio persa, desde la India a Etiopía.
Por disposición de los nuevos decretos se concedía a los judíos autorización para reunirse el décimo tercer dia de Adar y defenderse contra sus enemigos, para atacar y eliminar a todos aquellos que los asaltaran.
Las noticias sobre la gran salvación de los judíos se difundieron con la velocidad del relámpago por los más remotos confines del imperio, y los judíos recibieron de nuevo respetuoso trato.

Cuando llegó el 13 de adar, día en que los judíos iban a ser exterminados por Aman y sus esbirros, los judios se congregaron en las plazas públicas de todos los pueblos y villorrios en que residían, deteniendo y ejecutando a todos sus perversos y crueles enemigos convictos. En todo el reino de Persia fueron ejecutados setenta y cinco mil asesinos confesos y otros quinientos en Susa. Los diez hijos de Aman fueron igualmente pasados por las armas.
Cuando el rey enteró a Esther de estas novedades, le preguntó si estaba satisfecha.
«No tengo sino un solo pedido más que formular», le respondió. «En Susa hay todavía muchos crueles enemigos en libertad, debe eliminárselos o no podrá haber paz en el país. Pido por ello que el día de mañana sea consagrado en Susa al juzgamiento de los enemigos de nuestro pueblo, que son también los enemigos de toda la humanidad».

El justo reclamo de Esther fue inmediatamente concedido. Y de tal modo, mientras los judíos allende de murallas de Susa descansaban y celebraban festividad el 14 de adar, los judíos de la ciudad estaban ocupados con la desagradable tarea de limpiarla de villanos y asesinos. Sólo al día siguiente descansaron y celebraron la grande y milagrosa salvación.

Desde entonces, el décimo cuarto día de Adar, fue consagrado como festividad de Purim, para conmemorar el gran milagro de la salvación de nuestro pueblo y la caída del malvado Aman. Los judíos que vivían en ciudades amuralladas como Susa, consagraron el décimo quinto día de Adar como Susa, consagraron el décimo quinto día de Adar como día de descanso y fiesta, y es el que hoy denominamos Shushan Purim.
También en el Cielo estos dos días fueron consagrados como eternas festividades que jamás serán abolidas, como días de banquete y de alegría, días de mutuos envíos de regalos y de obsequio a los menesterosos.
Los judíos se comprometieron al mismo tiempo, a observar el ayuno de Esther el día 13 de Adar, o sea la víspera de Purim, para conmemorar los ayunos y oraciones de los judíos en aquel momento histórico y emular su arrepentiemiento y culto devocionado.

Gentileza gráficos: http://www.tzivos-hashem.org

 

 

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