Analizándose
Ansiedad y Preocupación
Psicología y Kabalá: ¿Cómo tratar la ansiedad?
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12) El origen y sentido de los miedos

Desde la entrega de la Torá en el monte Sinaí, el pueblo judío ha bregado incesantemente por elevar la realidad y el resto de la humanidad ha luchado por adelantar la civilización. Esto no se ha perdido. Aunque cada generación es en efecto espiritualmente inferior que la precedente, los logros de las generaciones son acumulativos. En este sentido, a medida que avanza el tiempo, el mundo en su totalidad se ha acercado a la rectificación total y está progresivamente más preparado para enfrentar y derrotar al mal.
Más aún: la inminente aurora de la redención está despertando en nosotros nuestros aspectos más elevados y sentimos el poder de la era mesiánica ya corriendo en nuestras venas [2]. Este llamado al poder nos da coraje para enfrentarnos con el mal de una manera que generaciones anteriores eran reticentes de utilizar [3].

Y al ser capaces de hacerlo, se convierte en nuestra responsabilidad, ya que el advenimiento de la Redención final depende de la liberación de todas las chispas de bien atrapadas en la oscuridad. Revelar el mal en nosotros con el fin de transformarlo en bien no es algo que debamos hacer solamente por nuestro bien, es también nuestro deber sagrado.

Tratamiento de fobias
El coraje y la intrepidez que acompañan al llamado mesiánico de poder nos permiten, ante todo, medirnos con los diversos miedos o fobias que nos acosan. En realidad todo miedo, fuera del temor a Dios, es una fobia, es decir, un estado neurótico de miedo exagerado y mal encaminado. Todo temor salvo el temor a Dios da lugar a la aparición de temores secundarios, el temor al temor, el temor al temor al temor y así sucesivamente. Cada etapa sucesiva de miedo se arraiga más profundamente en el inconsciente de la psique, provocando consecuencias psicológicas negativas. Sólo el temor a Dios es positivo en esencia y de él se dice: «Feliz el hombre que teme continuamente» [4].

Cuando uno es joven, el miedo es útil, porque nos protege del daño. El padre sabiamente enseña al niño a temer al fuego o a cuidarse de jugar en la calle y usa el miedo del niño al castigo para disciplinarlo. Pero a medida que maduramos aprendemos cómo disciplinarnos y no tener miedo, sino simplemente cuidarnos. De esta manera podemos reservar nuestro verdadero temor sólo para Dios, porque siendo que El es el supremo poseedor del poder, él es el único al que realmente debemos temer.

En otras palabras, si tememos cualquier cosa que no sea a Dios, es como si continuáramos siendo niños, atascados en un nivel inmaduro de desarrollo emocional. Lo contrario también es cierto: un niño que se sobrepone a sus miedos infantiles puede ser «adulto» aún siendo niño [5].

En sus últimas palabras a su joven hijo, el padre del Baal Shem Tov, Rabí Eliezer, le dijo: «Isrolik, no temas a nada ni a nadie salvo al Mismo Dios». Desde ese día en adelante, el Baal Shem Tov no temió nada salvo a Dios. Caminaba sin temor alguno en lo más profundo del bosque a todas horas del día y de la noche, sin temer a ninguna criatura o fuerza, sea espiritual o física [6].

El ejemplo clásico de una fobia es la paranoia. La gente paranoica contempla a otros seres humanos, animales y a veces incluso a objetos, como amenazas: se sienten perseguidos. La paranoia está descrita en el libro de proverbios: «Dijo el hombre perezoso: ‘Hay un león afuera, [si salgo] seré asesinado en la calle'» [7].
Como todas las otras fobias, la paranoia puede ser atribuida a la falta de temor a Dios. Cuanto menos tememos a Dios, más tememos a lo demás [8].

El Baal Shem Tov enseñó que el enunciado midráshico según el cual Dios está continuamente creando el mundo de nuevo [9] debe servir de base para nuestra comprensión de la realidad [10]. Todo lo que existe, enseña el Midrash, es sólo el reflejo de un antecedente espiritual superior [11]. Aplicado al concepto del miedo, esto significa que todo lo que nos induce miedo está arraigado espiritualmente en el atributo del temor a Dios. De aquí que todos los temores mundanos proceden del temor a Dios y son meras versiones imperfectas del mismo.

Siendo este el caso, debemos considerar cuidadosamente, tanto antes como cuando sentimos miedo ¿por qué estar asustados de un objeto de temor externo y menor? ¿No deberíamos reconocer el núcleo interno de su esencia y comprender que Dios nos envía su temor con el fin de recordarnos de reforzar nuestro temor a él?

Para curarnos de un miedo exagerado y mal dirigido, debemos ante todo rechazarlo y desarticularlo por la fuerza. Si una persona sufre de paranoia, por ejemplo, debe «arriesgar» su vida y salir afuera, diciendo a Dios: «Haz conmigo lo que quieras, estoy en tus manos». Si creemos firmemente en Dios no temeremos nada, ni siquiera a la muerte.


1- Proverbios 28:14. El temor positivo al que nos referimos aquí incluye tanto el temor a Dios en general y el temor al pecado (que nos aleja de Dios) en particular. Como explicaremos a continuación, la madurez transforma el temor físico o el daño espiritual en cuidado natural, refinando la intensa emoción de temor y reservándola para el miedo y el temor a Dios.
El temor a Dios es uno de los 248 mandamientos positivos de la Torá: «Temerás a Dios, tu Dios…» (Deuteronomio 6:13, 10:20). Todos los mandamientos positivos son motivados por el amor a Dios. Así nos enseña el jasidismo, que en realidad, el temor a Dios es una expresión de nuestro amor a él. Irónicamente uno ama el temor a Dios, de modo que «Feliz el hombre que teme continuamente».
En el futuro, la mera esencia del miedo y el temblor se transformarán en regocijo y risa. A esto alude la frase «[Dios], el temor de Isaac» (Génesis 31:42). Siendo que el nombre Isaac en hebreo significa «reirá», esta frase dice literalmente: «El miedo reirá». Este es el ejemplo supremo de endulzamiento.
2- El Zohar lo implica (3:124b) y somos testigos de ello en nuestra generación, que un individuo que estudia la dimensión interna de la Torá, es decir Cábala y jasidismo, será posiblemente más consciente de este fenómeno en su psique.
3- Un ejemplo de esto es el llamado del Rabino de Lubavitch a enseñar al mundo gentil a seguir las siete leyes de Noé que la Torá los obliga a cumplir. Aunque la Torá obliga al pueblo judío a enseñarle al mundo gentil los mandamientos que Dios les dió, en generaciones anteriores no era posible hacerlo por los riesgos que esto acarreaba. Actualmente el mundo está preparado y vemos muchos gentiles justos que son los más receptivos, están dispuestos a definirse como Bnei Noaj (Hijos de Noé) según las leyes de Moisés. Sin embargo, el antisemitismo aún cunde y efectivamente, muchas religiones y credos lo promulgan e incitan a sus seguidores contra los judíos y el judaísmo. Enfrentarse cara a cara con el antiesemitismo y combatirlo requiere poder. El Rabino nos enseñó a hacerlo enseñando a todos los gentiles las siete leyes de Noé. No estaba de acuerdo en discutir públicamente temas religiosos, creía firmemente en la frase: «una pequeña luz dispersa mucha oscuridad [y mucha luz transforma la oscuridad misma en luz]».
4-Proverbios 28:14. El temor positivo al que nos referimos aquí incluye tanto el temor a Dios en general y el temor al pecado (que nos aleja de Dios) en particular. Como explicaremos a continuación, la madurez transforma el temor físico o el daño espiritual en cuidado natural, refinando la intensa emoción de temor y reservándola para el miedo y el temor a Dios.
El temor a Dios es uno de los 248 mandamientos positivos de la Torá: «Temerás a Dios, tu Dios…» (Deuteronomio 6:13, 10:20). Todos los mandamientos positivos son motivados por el amor a Dios. Así nos enseña el jasidismo, que en realidad, el temor a Dios es una expresión de nuestro amor a él. Irónicamente uno ama el temor a Dios, de modo que «Feliz el hombre que teme continuamente».
En el futuro, la mera esencia del miedo y el temblor se transformarán en regocijo y risa. A esto alude la frase «[Dios], el temor de Isaac» (Génesis 31:42). Siendo que el nombre Isaac en hebreo significa «reirá», esta frase dice literalmente: «El miedo reirá». Este es el ejemplo supremo de endulzamiento.
5-Se dice del Baal Shem Tov que nunca fue niño.
6-Likutei Diburim 385b; Kuntres Jai Elul 5703, pag.31.
7-Proverbios 22:13.
8-Esto es porque el temor a Dios deriva directamente de la creencia que «no hay nadie fuera de El» (Deuteronomio 4:35).
9-Midrash Tehilim 119:36.
10-Ver Shaar HaIjud VeHaEmuna, cap.1.
11-Bereshit Raba 10:6.


 

Rabino Itzjak Ginsburgh

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