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La Tora e Israel
Leyes sobre los Fundamentos de la Tora
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Capítulo dos – Sobre los ángeles

 

1.-Es un precepto amar y temer a Dios que es grande y temible, como se declara: “Y amarás a HaShem, tu Dios…” (Debarim 6:4). “A HaShem, tu Dios, temerás…” (Ibídem 13) [1]

2.- ¿De qué modo se le ama y se le teme? En el momento que el ser humano reflexiona sobre los grandes y maravillosos actos de Dios, y comprende a través de ellos Su sabiduría invaluable e infinita, inmediatamente lo ama, lo alaba, lo enaltece y desea con un deseo intenso conocer a HaShem, como ha dicho David: “Está sedienta mi alma de Dios, del Dios viviente” (Tehilim 42:3)
Y cuando el hombre reflexiona sobre estas mismas cosas, inmediatamente se soprende y se llena de un temor reverencial, dándose cuenta de que él es un ser pequeño bajo y turbio, un ser que posee una comprensión mínima frente a Aquel cuya comprensión es perfecta, como ha dicho David: “Cuando veo los cielos, obra de tus dedos… ¿qué es el hombre para que te acuerdes de él?” (Tehilim 8:5-4)
Según estos conceptos, aclararé algunoa procesos importantes sobre la creación hecha por Dios, para que sean una puerta al estudioso que ama a HaShem, del modo que declararon los sabios con respecto al amor: “A través de esto tú puedes conocer a Aquel que habló y el mundo devino” (Sifrí, VaEtjanán)

3.- Todo lo que Dios creó en el mundo se divide en tres partes: [2] a) Creaturas compuestas de materia y forma [3], sometidas siempre al cambio. Como por ejemplo los cuerpos humanos y animales, los vegetales y los minerales.b) Creaturas compuestas de materia y forma, pero que no cambian ni materialmente (de cuerpo en cuerpo) ni formalmente (de forma en forma) como los anteriores, sino que su forma está fija en su materia de modo permanente e inmutable, estos son: las órbitas y los planetas que contienen. En estos su materia es diferente a la del resto de los entes materiales y también su forma lo es.c) Creaturas que poseen forma y no materia, estos son los ángeles, cuya existencia es inmaterial aunque su forma está claramente separada la una de la otra [4]

4.- ¿Cómo se explica entonces lo que los profetas describen al decir que vieron ángeles hechos de fuego, seres alados? Todo esto se entiende como una visión profética y de modo metafórico, es decir: que el ángel no es un cuerpo y por lo tanto no posee peso material, como se declara: “HaShem tu Dios es un fuego que consume…” (Debarim 4:24). Es decir que no es realmente “fuego”, sino que este término es metafórico, como se ha expresado: “Que hace a los vientos sus mensajeros, y a las llamas de fuego sus servidores” (Tehilim 104:4) [5]

5.- Cabe, sin embargo preguntar ¿Cómo se diferencia una forma de otra si no poseen dimensión material? Ya que los ángeles no son ontológicamente iguales, sino que cada uno se encuentra debajo de otro ángel en nivel espiritual y existe en tanto la fuerza del otro, de manera jerárquica, hasta que finalmente todos existen a partir de la fuerza y de la bondad divinas. Sobre esto declaró el sabio Shlomó: “Existen guardianes, uno por encima de otro” (Kohélet 5:7)

6.-Esto que expresamos, “cada uno se encuentra debajo de otro en nivel espiritual”, no se refiere a un nivel material que ocupe lugar, como un hombre que se sienta más arriba de otro, sino como se dice de dos sabios que uno posee mayor sabiduría que otro: uno se encuentra en un nivel mayor; o como expresamos lógicamente sobre la causa al decir que posee un nivel mayor al del efecto.

7.- La diferencia de nombres entre los ángeles está en relación con los diferentes niveles que ocupan, según esto se los denominan: “Jayot HaKódesh” (Animales Santos), cuyo nivel es el superior, “Ofanim” (Círculos), “Erelim” (Luces Divinas), “Jamshalim” (Destellos), Serafim (Serafines), “Malajim” (Ángeles), “Elohim” (Poderosos), “Beney Elohim” (Hijos de Poderosos), “Kerubim” (Querubines) e “Ishim” (Personas). Estos últimos son los ángeles que hablan con los profetas y que son vistos por ellos en una visión profética. Por esta razón se denominan “personas”, pues su nivel está cercano al de los seres humanos.

8.- Todas estas formas viven y reconocen al Creador y lo comprenden con suma comprensión; cada forma y forma según su nivel y no según la grandeza de Dios. E incluso el primer nivel no puede comprender la esencia del Creador tal como es, sino que su comprensión es escasa para aprehenderLo y conocerLo; no obstante comprende y conoce más que lo que comprende y conoce el nivel inferior al suyo. Así cada nivel hasta el décimo, el cual comprende al Creador de manera que un ser humano, compuesto de materia y forma, no podría comprender ni saber. No obstante, nadie comprende al Creador como El se conoce a Si mismo.

9.- Todos los seres, fuera del Creador, desde la primera forma (Jayot HaKódesh) hasta el último mosquito que se pueda encontrar en el fondo de la tierra, todo llegó a existir a partir de Su esencia. Y por cuanto que El se conoce a Si mismo y reconoce Su grandeza, Su magnificencia y esencia, del mismo modo El conoce todo y no existe nada que se escape a Su comprensión.

10.- Dios reconoce Su esencia y la comprende tal como es. El no conoce con una comprensión exterior a El, como los seres humanos conocemos, en nosotros nuestra comprensión y nosotros mismos no somos una unidad; no obstante en el Creador: El, Su comprensión y Su vida son una unidad desde todos los aspectos. Si hubiera vivido con vida y hubiera comprendido con comprensión exterior a Si mismo, tendríamos que aceptar la existencia de varias divinidades, es decir El, Su vida y Su comprensión; sin embargo no es así, sino que el Creador es una perfecta unidad desde todos los aspectos. Resulta, por ende, que el Creador es el sujeto que comprende, es el objeto comprendido y es la comprensión misma: todo una unicidad. Estos conceptos, no obstante, no hay posibilidad de expresarlos con palabras ni de escucharlos ni capacidad humana para comprenderlos claramente. Por lo tanto, cabe decir: “la vida del faraón” [6] (BeReshit 42:15) y “la vida de tu alma” (Shmuel A 25:26), en cambio no es apropiado decir: “la vida de HaShem” sino “HaShem vive”, ya que la vida del Creador y El mismo no son dos entidades, como la vida de los seres materiales que están vivos, o como la vida de los ángeles.Por ende, el Creador no conoce a los seres creados a partir de estos seres mismos, como nosotros los conocemos (de efecto a causa), sino que los conoce a partir de El mismo (de causa a efectos). Así, por cuanto que El se comprende a Si mismo, comprende todo la existencia, ya que toda ella apoya su ser en el Creador

 

11.- Los conceptos que desarrollamos sobre este tema en estos dos capítulos, son como una gota en el mar con respecto a lo que debe ser aclarado del mismo; la aclaración de los fundamentos expuestos en estos dos capítulos, se denomina: “la obra del carro”.

12.-Ordenaron los sabios que no se estudien estos conceptos en público, sino que se enseñen a una sola persona, con la condición que sea sabio y que entienda por si mismo. Solo después se le transmiten indicios y se le informa algo del tema, para que entienda por si mismo y comprenda los conceptos en su profundidad. Estos conceptos son sumamente profundos y no cualquier ser humano es capaz de asimilarlos, sobre lo anterior dijo metafóricamente Shlomó: “Los misterios son tu vestuario” (Mishley 27:26). Y así dijeron los sabios sobre el mensaje de este versículo: aquellos conceptos que están en el misterio del mundo serán Tus vestuario, es decir tuyos únicamente y no los enseñes en público. Así se ha declarado: “Serán solo para tí y no deben haber extraños contigo” (Ibíd. 5:17). Del mismo modo se ha expresado: “Miel y leche bajo tu lengua” (Shir HaShirim 4:11). Los sabios estudiaron este versículo del siguiente modo: “aquello que es miel y leche debe estar bajo tu lengua (y no publicarse)”.

Notas
[1] El amor y el temor a HaShem son dos formas de relacionarse con la Divinidad, a través del amor la persona alcanza una intimidad espiritual con HaShem que se concreta en el cumplimiento de los mandamientos afirmativos, por medio del temor al Ser supremo somos capaces de sobreponernos en momentos de extrema dificultad, en especial cuando nuestros impulsos tienden a hacernos transgredir alguna prohibición. Como Rambam expresará en la siguiente ley, el amor a HaShem se despierta cuando el ser humano llega a ciertas conclusiones intelectuales que manifiestan el actuar divino en la creación; es decir, según esta opinión la relación en cuestión depende de un nivel de intelección de la realidad que nos rodea y el reconocimiento de la dimensión metafísica que la subyace. El temor al Creador puede ser definido de dos formas diferentes, Rab Israel Salanter enseña en su libro “Or Israel” que existen dos tipos de temores, un primer temor denominado “temor al castigo”, es decir una relación de alumno a maestro que incluye un temor específico al reproche, y un segundo temor llamado “temor reverencial”, el cual expresa la apreciación y valorización de HaShem como una entidad del todo diferente a nuestra realidad, una relación de carácter sublime.

[2] El mundo sublunar, es decir el mundo de los cuatro elementos, el mundo supranular, de los astros y el mundo angelical de los seres metafísicos; como en seguida aclara.

[3]La forma en el pensamiento de Rambam es el alma de la materia y su esencia, a través de ella concreta la materia y se distingue de algo que no es de su especie. Por ejemplo: el intelecto es la forma del hombre, ya que en él se concreta su ser especial, “ser racional” (el que habla, según la tradición judía) y lo diferencia del resto de los animales. Cabe señalar que Rambam distingue enfáticamente “forma” [tzurá] de “imagen” [tabnit], siendo que el último concepto expresa la apariencia externa de la materia captada por los sentidos, mientras que “forma” es un concepto espiritual capatado sólo por el intelecto.

[4] Rambam en su libro Moré Nebujim 2:10 explica lo expresado en BeReshit Rabá 68: “El ángel corresponde a un tercio del universo”, según su opinión aquí. El mundo de los ángeles corresponde a un tercio del universo, es decir aquellos seres que poseen forma pero no materia.

[5] A veces son fuego, a veces son vientos, es decir que no son ni esto ni esto, sino que es una metáfora cuyo contenido se adecúa a la imaginación del profeta (Cf. Maasé Rokéaj).

[6] Las frases “la vida del faraón” y “la vida de tu alma” se encuentran en estado constructo, es decir en estado de pertenencia y no de igualdad, por lo tanto no corresponde expresarse así de HaShem, sino declarar que entre HaShem y la vida se encuentran en relación semántica de igualdad, lo que expresa que HaShem es la vida, su fuente. (N. del T.)

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