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Historia
Reseña de la Historia Hebrea
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Yosef en Egipto y Virrey

Yaacob se había establecido en Jebrón. Sus hijos seguían pastando el ganado en el terreno adquirido en Shejem quedando solamente Yosef y Biniamín junto a su padre. Cierta vez, Yaacob envió a Yosef hacia Shejem para averiguar cómo se encontraban sus hijos. Al ver los hermanos que se acercaba Yosef, planearon castigarlo: primero pensaron en matarlo, pero después decidieron que sería mejor venderlo como esclavo. Así lo hicieron: los hermanos vendieron a Yosef a una caravana de comerciantes árabes, que pasaban por allí dirigiéndose a Egipto. Luego fue revendido a una caravana de medianitas para ser nuevamente vendido hasta llegar a Egipto en el año 2216, a los diecisiete años de edad. Ya en este país, fue adquirido por un importante ministro del faraón cuyo nombre era Potifar. Por su parte, los hermanos de Yosef habían tomado su túnica rayada, la rasgaron y la mancharon con sangre de un animal. Ellos argumentaron ante Yaacob haber encontrado la vestimenta en el camino, deduciendo que Yosef fue devorado por alguna fiera. Yaacob, desconsolado, permaneció en duelo por su hijo Yosef durante veintidós años, al término de los cuales se enteró que en realidad, Yosef estaba con vida.

Yehudá tenía tres hijos; uno de ellos, llamado Er, tomó por esposa a una mujer llamada Tamar. Er murió sin dejar descendientes. Onán, hermano de Er, cumplió con el precepto de “Ibún” (El precepto de la Torá llamado Ibún ordena que el hermano de un hombre fallecido, u otro pariente cercano (a falta del hermano) despose a la viuda del difunto, en el caso que no hubieran tenido descendencia), pero también murió. Ante la muerte de dos de sus hijos, Yehudá temió casar a Tamar con el tercero, y la envió a la casa de su padre. Pese a esta actitud de Yehudá, Tamar, por intermedio de un ardid, consiguió el Ibún de éste. Yehudá demostró nobleza y valentía al reconocer su error, a pesar de que esto significaba ponerse en evidencia ante los demás. De esta unión nació Péretz (de quien descendió el Rey David).

Mientras, en Egipto, Yosef caía en gracia ante los ojos de todos y su trabajo prosperaba con éxito: Potifar, un ministro importante del faraón, lo nombró mayordomo de su hacienda. Yosef era muy bello y agraciado, por esto, la esposa de Potifar, lo incitaba continuamente a mantener una relación amorosa con ella; pero Yosef, que se mantenía íntegro, se resistía a caer en esta tentación. Cierta vez ella lo asió, pero igualmente él huyó dejando en sus manos el manto que ella lo había aferrado al asirlo. Esto provocó la ira de la mujer, quien sedienta de venganza lo calumnió diciendo que Yosef quiso propasarse con ella. Potifar, que intuía la verdad, en lugar de hacerlo ejecutar, lo envió a la cárcel de presos reales, cubriendo su imagen ante los demás.

En la cárcel, Yosef continuó sirviendo a funcionarios castigados por faltas y delitos. Una noche, dos estos funcionarios soñaron un sueño cada uno, que Yosef interpretó correctamente: A uno le predijo que a los tres días volvería a ocupar su puesto; y al otro que a los tres días lo ejecutarían. Tal como dijo Yosef, se sucedieron los hechos. Pero el ministro que fue restituido a su anterior puesto olvidó rápidamente el favor recibido de Yosef.

Desde su estadía en la casa de Potifar hasta que fue liberado de la cárcel transcurrieron trece años de sufrimientos, durante los cuales, pese a las adversidades, a estar alejado de su padre y esclavizado, continuó aferrado a la fe en Hashem con integridad.

Transcurridos dos años desde que Yosef reveló los sueños de los funcionarios, en el año 2229, el faraón de Egipto también tuvo dos sueños. él soñó que, encontrándose en la orilla del río Nilo, siete vacas flacas, delgadas, tragaban a siete vacas gordas y, paralelamente, siete espigas vacías y resecas tragaban a siete espigas rellenas. Al despertarse, el faraón había olvidado la interpretación de los sueños, lo que lo preocupó, porque sabía que era de vital importancia conocerla.

“Yosef Virrey de Egipto”

Ante la situación de haber olvidado la interpretación correcta de su sueño, Paró recurrió desesperadamente a todos los sabios, astrólogos y sacerdotes de Egipto, pero ninguno de ellos logró descifrar los sueños correctamente, provocando una ira tal en Paró, que lo llevó a amenazarles con una ejecución a todos ellos. Fue en ese entonces cuando el ministro, que había estado preso junto a Yosef, recordó lo acontecido con éste, quien le reveló la interpretación de su sueño que más tarde se concretó.

Inmediatamente, Paró ordenó traer a Yosef quien pudo interpretar correctamente lo soñado por Paró: Se sucederían en Egipto siete años con una gran producción y con cosechas abundantes; luego sobrevendrían otros siete años de hambruna. Sabiamente Yosef le aconsejó a Paró que almacenaran cereales durante los siete primeros años en los que se producirían en gran cantidad, para los años de hambre

Paró recordó que ésta era la verdadera interpretación de sus sueños y, valorando la inteligencia de Yosef y su sabio consejo, lo nombró virrey de Egipto otorgándole todo el poder para administrar la economía, y decretó que el pueblo lo respetara y lo obedeciera. Paró cambió el nombre de Yosef por el de Tzafenat Panéaj

Yosef se casó con Asenat con quien tuvo dos hijos: Menashé y Efraim. Tal como lo había antedicho, en el transcurso de los años de abundancia, Yosef guardó gran cantidad de cereales. Al comenzar los años de hambre todos los habitantes de Egipto compraban víveres a Yosef y también viajaban desde tierras lejanas a proveerse de alimentos. Paró se enriqueció llenándose de oro y plata. Muchos vendían sus propias tierras a cambio de cereales. Yosef dejó el terreno de los sacerdotes en su poder, mientras que al resto de los individuos se los devolvía a cambio de un impuesto

Entre las personas que viajaron hasta Mitzraim para proveerse de alimentos, se encontraban los hermanos de Yosef, que llegaron allí como consecuencia del hambre que imperaba en su tierra, en busca de víveres. Al llegar a Egipto fueron conducidos por la guardia real ante Yosef. Los hermanos, que ignoraban ante quien estaban, no reconocieron a Yosef ya que éste contaba con treinta años y les hablaba por intermedio de un traductor. Yosef tampoco se dio a conocer, porque deseaba probar si sus hermanos se habían arrepentido de haberlo vendido. Así, pudiendo entender las conversaciones que sus hermanos mantenían en Ibrit (hebreo), escuchó como reconocían que los problemas que padecían se debían a un castigo divino por vender a Yosef. Continuando con la prueba, Yosef acusó a sus hermanos de ser espías y dejó como rehén a Shimón. Al resto de sus hermanos los despidió dejando que hicieran su compra y diciéndoles que como prueba de su inocencia, debían traer a Biniamín que no había venido con ellos. Al año siguiente los hermanos regresaron con Biniamín a pesar de una primera oposición de Yaacob, quien temía perder otro hijo, entonces Yosef liberó a Shimón. Durante la estadía de Biniamín, Yosef trató de crear distintas situaciones en las que probaría el arrepentimiento de sus hermanos. Para ello, Yosef le otorgó atenciones especiales a Biniamín para corroborar que sus hermanos corrigieron su envidia. Luego, cuando estaban dispuestos a partir, Yosef ordenó a sus hombres que colocaran su copa de plata entre las pertenencias de Biniamín, acusándolo más tarde a éste de robo y dándole como castigo la esclavitud. Los hermanos se arriesgaron y, tomando la palabra Yehudá, en representación de todos, le pidieron a Yosef que perdonara a Biniamín. Al comprobar Yosef que sus hermanos querían desesperadamente salvar a Biniamín, a pesar de haber propiciado el rencor hacia él, dio a conocer su verdadera identidad, asegurándoles que no les guardaba rencor por su venta.

Al enterarse Paró de la llegada de los hermanos de Yosef se alegró y le pidió a Yosef que invitara a su padre, sus hermanos y sus respectivas familias a radicarse en Egipto. Yosef envió carruajes en busca de su padre; quien al saber que Yosef vivía emprendió con alegría su traslado.

Este hecho aconteció en el año 2238. El número de familiares varones (hijos y nietos) que acompañaron a Yaacob era sesenta y seis. Incluyendo a Yosef, sus dos hijos y a Yaacob conformaban un total de setenta hombres. Al llegar a Beer Sheba, Yaacob recibió una profecía en la que Hashem le dijo que lo cuidaría en Egipto.

Yosef brindó un honorable recibimiento a Yaacob quien presentó sus saludos ante Paró y se instaló con su familia en Ramesés, en la zona de Goshen. Los Ibrim continuaron pastoreando a sus ovejas. Este hecho causaba desagrado entre los Mitzrím ya que consideraban a estos animales sagrados.

Yaacob ben Itsjak Huerin

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