Relatando
Historia
Reseña de la Historia Hebrea
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Los Albores y Gestación del Judaísmo

El libro de Bereshit (Génesis) relata los comienzos de la historia de la humanidad desde la creación del mundo en toda su amplitud y contenido, abarcando la creación de todo lo viviente, incluyendo al hombre. Más adelante nos narra sobre la corrupción entre los hombres y el diluvio en la época de Nóaj.

El capítulo décimo de este libro nos relata el comienzo de la repoblación de la tierra a partir de los sobrevivientes del diluvio, o sea, a partir de los descendientes de Nóaj: sus tres hijos Shem, Jam y Yafet. Cada uno de ellos simboliza una mentalidad diferente: Jam, los placeres corporales; Yafet, el deleite con el arte y la estética; y Shem, el perfeccionamiento del espíritu. Los seres humanos tienen sentimientos, emociones, cualidades, características similares, pero algunos se esfuerzan más que otros por conservar en su conformación los valores humanos. Dicha naturaleza humana proviene de la que tenía Adam, el primer hombre, que al ser creado por el Todopoderoso, poseía las óptimas cualidades del espíritu, simbolizando la perfección humana por ser obra directa del Creador. La forma en que un hombre se educa sí mismo, es la que se implanta en sus descendientes. De los individuos que descuidaron su cultura surgieron pueblos que condicionaron su naturaleza físico-mental hasta llegar al primitivismo, salvajismo, etc. (Como pérdida de los valores humanos básicos). Mientras los pueblos gentiles se volcaron hacia la idolatría y el politeísmo alabando el logro pleno del bienestar material, la fuerza, el poder, el placer, etc. tal como se percibe en sus mitologías, formando ejércitos e imperios por un lado entregándose a orgías y lujuria por el otro; el pueblo hebreo desde su origen se debatió con el fin de cultivar su alma en el conocimiento del camino ordenado por el Creador, y sus Abot y Nebiím expresaban a viva voz la existencia de un solo Ser Creador, omnipotente, sempiterno, incorpóreo, etc, para toda la humanidad, cuya voluntad es la rectitud y pureza de los seres humanos. Esta diferencia diametralmente opuesta, la define e1 versículo 20-8 de Tehilim (Salmos): “…Ellos (los paganos) con carruajes y aquellos (idem) con corceles; empero nosotros el nombre de Hashem recordaremos…”.

La Torá enuncia setenta individuos de los cuales derivan los setenta pueblos originales. Sus familias aumentaron transformándose en clanes y más tarde en pueblos con caracteres propios, diferenciándose unos de otros por sus costumbres, su apariencia exterior, su identidad.

En su comienzo, los descendientes de Nóaj habitaron en la parte oriental de la llamada “Media luna fértil” de la antigüedad; vivían alrededor de la zona llamada antiguamente Shinar (Sumeria) que es la parte sur de la Mesopotamia Asiática. Todos hablaban una única lengua.

Un dirigente de la raza de Jam, cuyo nombre era Nimrod, consiguió dominar a todos estos pueblos e introducirlos en la idolatría y el paganismo bajo su reinado. Así fue que dirigió e impulsó la construcción de la gran Torre de Babel que simbolizaba la rebelión del hombre contra el Supremo Hacedor.

En castigo a esta rebelión cada pueblo comenzó a hablar en un lenguaje diferente, creándose repentinamente una gran confusión, discordia y lucha entre ellos. Las obras de la Torre se interrumpieron y los sobrevivientes se dispersaron paulatinamente a los confines de la tierra. Nimrod permaneció en Babel con su pueblo, donde continuó con su perversidad.

Tomando el año de la creación de Adam, el primer hombre, como el año 1º, la confusión de los idiomas en Babel fue en el año 1996 (1765 antes de la era común).


“La Gestación del Judaísmo – Abram “

Como habíamos explicado al finalizar el capítulo anterior, Nimrod continuó con sus perversidades después del castigo al “Dor Hapalagá” (generación de la división), como fue llamada la que construyó la Torre de Babel. Él prosiguió difundiendo el paganismo y la idolatría. Entre los favoritos de su corte se hallaba un hombre descendiente de Shem, su nombre era Téraj. Téraj tenía dos hijos: Najor y Arán. En el año 1948 nació su tercer hijo al que llamó Abram, que significa elevación, en alusión al favoritismo que el rey Nimrod le concedió. Más tarde fue cambiado el nombre Abram por el de Abraham.

En la antigüedad, la astrología tenía una gran difusión acompañando a las religiones paganas, y los reyes acudían a los astrólogos para que les anunciaran lo que veían a través de las estrellas. Ellos interpretaron una señal en el cielo y le dijeron a Nimrod que la descendencia de Abram iba a vencer y someter a su imperio. Por eso, al nacer Abram, Nimrod le exigió a Téraj que entregara a su hijo recién nacido, a cambio de un Pago. Téraj, que se vio obligado a entregar al niño, le dio a Nimrod un bebé nacido el mismo día que Abram, pero que era en verdad, hijo de su sierva; y sin que nadie lo advirtiera, escondió a su verdadero hijo junto con su madre en una cueva, donde los mantuvo durante muchos años, hasta que este hecho pasó al olvido. Por su parte, Nimrod mató a aquel niño creyendo que era el hijo de Téraj y pensando que así salvaba si reino.

Desde pequeño, Abram concibió por sí mismo la existencia de un solo D-os Todopoderoso. Al acabar el tiempo prudencial, en el que Abram debió esconderse, se dirigió a estudiar con Nóaj y Shem, que al ser muy ancianos no tenían influencia sobre las personas identificadas con el paganismo y las distintas variedades de dioses a los que adoraban. Junto a Nóaj y Shem, Abram aprendió la Ciencia Divina que fue pasando de hombre a hombre y conservada por muy pocos desde Adam, el primer hombre, quien la conoció en forma innata, por Inspiración Divina, al ser creado. Abram se perfeccionó en esta adquiriendo magníficas cualidades, destacándose en su relación con sus semejantes y dedicándose en cuerpo y alma al de Hashem. Cuando Abram tenía cuarenta y ocho año, año 1996, sucedió la dispersión de Babel.

Cuando tenía cincuenta años se, dirigió a ver a su progenitor encontrando que él era uno de los propagadores de la idolatria. En ausencia de su padre destruyó varios ídolos; al regresar Téraj le recriminó acerca de lo sucedido y Abram le contestó que fue una reyerta entre los dioses a lo que Téraj le respondió que eso era imposible ya que las estatuas eran inanimadas. Entonces Abram le reprochó a su padre porque engañaba a la gente.

Téraj, confundido y enojado, se dirigió a Nimrod con quien Abram continuó su discusión. Por esto Nimrod reprobó a Téraj el haber dejado con vida a su hijo al nacer. Téraj, asustado y perturbado, se excusó mintiendo y culpando a su hijo Arán (quien pensaba que, de triunfar Abram, lo seguiría). Nimrod condenó a Abram y a Arán a la hoguera. Al ser arrojados a ésta, Arán murió quemado, empero Abram salvó su vida por un milagro de Hashem, ante el estupor de Nimrod y los suyos, causando en ellos miedo y temor. Nimrod honró a Abram enviándole presentes, entre ellos, a un siervo llamado Eliezer, quien se apegó a su nuevo amo con cariño y suma obediencia.

Abram se casó con una hija de Arán llamada Sarái, y Najor tomó por esposa a otra hija cuyo nombre era Milká.

Abram empezó a difundir entre los hombres la fe en D-os único, Todopoderoso; Sarái lo secundaba haciendo lo propio entre las mujeres.

Nimrod pensó nuevamente en matar a Abram, entonces Eliezer previno a su amo, quien huyó de su ciudad, Ur Kasdim, junto con su esposa, su padre Téraj, su hermano Najor y su sobrino Lot, que era hijo de Arán. Al huir, llevaron consigo su familia, sus bienes y sus siervos. Abram tenía en ese entonces cincuenta y dos años.

Todo este contingente se encaminó a la tierra de Kenaan (posteriormente llamada Israel), llegando hasta un lugar en la zona de Aram Naharaim llamado Jarán. Fueron llamados Ibrim (hebreos) pues procedían del otro Eber (orilla) del río Éufrates. Comenzaron a dedicarse al pastoreo.

Yaacob ben Itsjak Huerin

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