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Historia
Reseña de la Historia Hebrea
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Bené Israel en Egipto y la Esclavitud

Yaacob juramentó a Yosef que al producirse su deceso lo entierren en la Mearat Hamaipelá; puesto que Yaacob temía que Paró deseara enterrarlo en Egipto para venerarlo, porque la primera vez en que Yaacob visitó a Paró bendijo al río Nilo, que en ese momento tenía muy escaso caudal de agua, y dicho caudal comenzó a crecer.

Al considerar Yaacob primogénito a Yosef y corresponderle a este último doble parte de la herencia, Yaacob le dijo a Yosef que sus hijos Menashé y Efraim, serían considerados igual que los hermanos de Yosef, es decir, que cada uno sería estimado como un Shébet en la repartición de Eretz Israel. Luego, Yaacob llamó a sus hijos y bendijo a cada uno de ellos; falleciendo en el año 2225.

Yosef preparó un gran cortejo fúnebre con los honores correspondientes, y fueron acompañados por la guardia egipcia, para que el cuerpo de Yaacob fuera sepultado en Mearat Hamajpelá, cumpliendo así con la promesa formulada.

En la ciudad de Jebrón se hallaba Esav y sus hijos, junto a un grupo armado de hombres, quienes trataron de impedir el entierro de Yaacob, argumentando que esa tierra le pertenecía a Esay. Yosef replicó que Esav había vendido su parte de tierra en Éretz Israel a su padre, Yaacob, a cambio de la herencia de Itzjak. Esav negó este trato y, como el documento firmado por Esay había quedado en Mitzraím, los hijos de Yaacob no supieron cómo proceder. Fue entonces que Jushím, un hijo de Dan que era sordomudo, al ver tendido sin sepultura el cuerpo de su abuelo, reaccionó contra Esav y lo mató. Los hijos de Esav atacaron, pero al intervenir la guardia egipcia fueron vencidos. Sólo les permitieron retirar el cuerpo de Esav para que fuera enterrado en su tierra, en Seir.

Finalmente, los hijos de Yaacob enterraron a su padre en Mearat Hamajpelá.

Los hijos de Esav y sus aliados intentaron atacar nuevamente, siendo esta vez vencidos por fuerzas conjuntas de Egipto y Bené Israel.

Con la muerte de Yaacob culminó la época de los patriarcas, quienes abrieron la senda en medio del paganismo. En lo sucesivo, seran sus descendientes, quienes cuidarán de seguir por esa senda sin desviarse de ella para conseguir el objetivo perseguido: la elevación y perfeccionamiento del espíritu humano. Yaacob fue llamado Israel; por eso el pueblo que de él desciende fue denominado “Bené Israel” (hijos de Israel).

Antes del deceso de Yosef, éste les hizo jurar a sus hermanos que, cuando aconteciera la salida de Mitzraim, tal como le fue dicho en la profecía a Abraham, llevarían consigo sus restos. Yosef falleció en el año 2309, Yosef debió soportar duras pruebas durante su vida: desde la esclavitud hasta la opulencia y el poder, manteniendo en situaciones tan extremas la misma fe y la misma integridad, por eso se lo denominó Yosef Hatzadik (Yosef el justo).

Más tarde fueron falleciendo sus hermanos; el último en morir fue Leví, quien lo hizo en el año 2331 (o 2332).

Los descendientes de Esav (adomim) intentaron atacar nuevamente. Esta vez, como en las anteriores fueron contenidos por las fuerzas aliadas de Mitzrim y Bené Israel; pero, estos últimos mostraron mayor capacidad y destreza militar lo que produjo un gran temor a los Mitzrim de ser dominados, más adelante, por Bené Israel.

Después del fallecimiento de Yosef se sucedieron faraones que ignoraron los aportes de Yosef a Mitzraim y su economía. Al ver que Bené Israel aumentaban, buscaron la manera de llevar a este pueblo a la esclavitud, encontrando así una forma legal de eliminar su poder. Pero, contrariamente a lo esperado, cuanto más opresión sufrían Bené Israel, más se multiplicaban.

“La Esclavitud en Egipto”

Al principio, los egipcios argumentaron que Bené Israel debían ayudarlos a construir defensas y fortalezas ante un eventual ataque de los Adomim, ya que esta contienda había comenzado en el entierro de Yaacob. Los Ibrim voluntariamente accedieron a este llamado, pues sentían una obligación moral de ayudar a sus aliados, a pesar que realmente Yosef había hecho mucho más por ellos, y que sin su consejo no habrían podido subsistir. Lentamente fueron sumiendo a los Ibrim, fijando sobre ellos el trabajo obligatorio hasta llegar a la completa y dura esclavitud.

Desde la época de Yosef los sacerdotes egipcios gozaban de privilegios, estando eximidos de los trabajos. Dentro de Bené Israel, el Shebet Leví argumentó dedicarse a cuestiones religiosas, y también fue eximido de la esclavitud. (Ver capítulo VIII).

El trabajo se hacía cada vez más riguroso: haciéndolos trabajar el máximo posible de horas diarias en tareas arduas, con el fin de debilitar al pueblo de Israel y exterminarlo. Cada grupo de trabajadores estaba bajo el mando de un capataz Ibrí, y varios capataces bajo un inspector egipcio. A pesar de la opresión, los Ibrim se multiplicaron. extraordinariamente con la ayuda de Hashem. Las mujeres sobrellevaban con fe y entereza el alumbramiento y cuidado de sus hijos, soportando con abnegación al lado de sus maridos.

Los astrólogos predijeron al Faraón que en el año 2368 nacería quien salvaría al pueblo de Israel. Ante tal situación, Paró ordenó a las parteras hebreas matar a todos los varones que nacieran. Las parteras, eludiendo el cumplimiento de este decreto, se excusaron ante Paró, diciendo: que las mujeres de Bené Israel daban a luz por sí solas, sin necesidad de ayuda alguna. Por eso, seguidamente, Paró ordenó que todo hijo varón que naciera en Mitzraim, debía ser arrojado a las aguas del río Nilo. Las mujeres Ibriot trataron de ocultar a sus hijos; pero, irremediablemente se veían obligadas a cumplir con el mandato del Faraón y arrojar a sus niños al río. A fin de protegerlos, los colocaban en canastitos que flotaban sobre las aguas.

Según el Midrash, aunque los egipcios veían que los niños eran arrastrados por la corriente, con la ayuda del Todopoderoso, los canastitos se dirigían luego hacia los juncales de la desembocadura del río Nilo; allí los recogían nuevamente sus familiares, los que seguramente utilizaban alguna forma de identificar a los niños.

En el Shebet.Leví había una familia compuesta por el padre: Amrám, la madre: Yojébet, y dos hijos: Aarón y Miriam. En la época en que se puso en vigencia este decreto tuvieron un tercer hijo, que al ser varón debió ser arrojado a las aguas, al igual que el resto de los niños. Su hermana Miriam observó desde la orilla el destino de su canastito para saber qué ocurriría con él.

En ese momento, la hija del Faraón llamada Bitiá, bajaba al Nilo junto con sus doncellas. Al ver el canastito lo acercó hacia ella encontrando a un niño Ibrí que lloraba. Bitiá, a pesar del decreto de su padre, extrajo a ese niño de as aguas, lo llamó Moshé cuyo significado es “extraído”, y lo llevó consigo al palacio. Miriam, al ver lo acontecido con su hermano, se acercó a la princesa y le ofreció traer una nodriza hebrea para amamantarlo, trayendo a su madre.

Así fue que Moshé creció en el palacio de Paró; pero, identificado con su pueblo y sus penurias, salía a ayudar a sus hermanos. Moshé poseía grandes dotes de inteligencia. Convenció al Faraón de otorgar a los Ibrim un día de descanso (El Shabat), ya que así rendirían mucho mejor en su trabajo los restantes días de la semana. (El conocimiento Supremo y la esencia de las Mitzvot (preceptos) fueron transmitidos oralmente desde la época de Adam por intermedio de Tzadikim (Justos) como: Shet, Janoj, Metushélaj, Nóaj, Shem, Éber, Abraham, Itzjak, Yaacob, los Shebatim, los ancianos, etc., pero los preceptos no eran obligatorios hasta la entrega de la Torá. Así fue también que el Shébet Leví se dedicó a este estudio (como lo mencionamos anteriormente

Yaacob ben Itsjak Huerin

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