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Hitbodedut
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EXPANSION DEL ALMA (Hishtapjut HaNefesh) I

 

(Hishtapjut HaNefesh)

Introducción del Rabí Arie Kaplan
Traduccion al espaniol: Guillermo Beilinson

Hitbodedut es la palabra Hebrea que designa a la meditación. Esta palabra ya aparece con este significado en los escritos Judaicos que abarcan más de mil años, donde es usada para designar todas las formas Judías de meditación. Pero en la mente de la mayor parte de la gente, esta palabra se encuentra asociada primariamente con el Rabí Najmán de Breslov (1772-1810). Muchas clases de técnicas de meditación fueron utilizadas por los santos y místicos Judíos a lo largo de las épocas. Cantidad de textos antiguos describen cómo los profetas de Israel usaban la meditación para alcanzar elevados niveles espirituales. Métodos similares fueron utilizados probablemente en épocas Talmúdicas, incluyendo la repetición de un nombre divino para la inducción de un estado meditativo. Otras escuelas hicieron uso de técnicas meditativas tales como las que se encuentran descriptas en el Libro de la Formación (Sefer Ietzirá).

Estos métodos meditativos utilizaban las letras del nombre de Dios, acompañadas de una respiración controlada y de movimientos específicos de la cabeza. Sin embargo y tal como advirtieron los mismos maestros de estas escuelas, estos eran métodos extremadamente poderosos y peligrosos. La publicación del Zohar abrió el sendero a otros métodos meditativos que incluían las Unificaciones (Ijudim).
Esto implicaba contemplar los nombres divinos y manipular sus letras. Estas eran meditaciones que, además de inducir un estado místico, ayudaban a integrar la personalidad del practicante. El método de los Ijudim era utilizado particularmente por la escuela de Kabalá de Safed y forma la base del misticismo del Ari (Rabí Itzjak Luria, 1534-1572). Sin embargo, estas meditaciones tampoco estaban destinadas a la persona común; sin una preparación apropiada, podrían dañar severamente la mente del practicante.

Existe también un antiguo método de meditación que incluye las plegarias formales diarias (tal como se encuentran en los libros de oración.) Uno de los logros más importantes del Baal Shem Tov fue el uso de estas plegarias como un método seguro de meditación, el que podía ser practicado hasta por la más simple de las personas. El camino de la plegaria, tal cual fue enseñado por el Baal Shem Tov, no incluía otra cosa que el servicio regular de plegarias de cada Judío, recitado tres veces al día. El punto focal del servicio de plegarias es la Amidá o Shmone Esere, una colección de dieciocho (o de hecho diecinueve) bendiciones, la cual es repetida tres veces cada día. Está plegaria fue compuesta por la Gran Asamblea precisamente antes del cierre del período profético. Existe una considerable discusión respecto a porqué una determinada plegaria fue prescrita para ser repetida una y otra vez cada día. Sin embargo, hay considerable evidencia que indica que toda la Amidá tenía como intención el ser utilizada como un mecanismo de meditación. Luego que una persona ha repetido la Amidá durante varios años, todos los días, tres veces al día, llega a conocer tan bien las palabras que ellas se transforman en parte integral de su ser. De modo que no le toma entonces ningún esfuerzo mental recitarlas. Se vuelve algo muy parecido a repetir una sola palabra o frase una y otra vez. Si la persona limpia su mente de todo otro pensamiento y se concentra en las palabras de la Amidá, esta plegaria podrá inducirla a un estado meditativo extremadamente elevado. Esto depende de la práctica.

Lo mismo es verdad respecto de las otras secciones del servicio que se recitan diariamente. El Talmud relata que los Primeros Santos (Jasidim Rishonim) pasaban una hora recitando la Amidá. Dado que la Amidá contiene unas 500 palabras, se deduce que ellos deben haber estado recitando una palabra cada 7 segundos aproximadamente. Está probado por la experiencia que recitar con un ritmo así, incluso la primera sección de la Amidá, inducirá un elevado estado meditativo. El Talmud enseña una importante lección, “Aquel que ora debe dirigir sus ojos hacia abajo y su corazón hacia arriba.” Uno de los más importante comentaristas, el Rabí Iona Gerondi (1196-1263) explica, “Esto significa que la persona debe imaginar en su corazón que se encuentra de pie en el cielo. Debe sacar todos los placeres mundanos y los disfrutes corporales fuera de su corazón. Los primeros sabios enseñaron que si uno desea llegar a tener una verdadera concentración (kavaná), debe separar su cuerpo de su alma.”

Unas décadas más tarde, esto fue expresado de manera mucho más explícita por el gran codificador, el Rabí Iaacov ben Asher (1270-1343) en su Tur. Hablando sobre “los santos y los hombres de acción,” escribe, “ellos meditaban (hitboded) y se concentraban en sus plegarias hasta que alcanzaban un nivel en el que podían liberarse de lo físico. El espíritu trascendental se fortalecía en ellos hasta que alcanzaba un nivel cercano al de la profecía.” Este pasaje se encuentra citado tal cual por el Rabí Iosef Caro (1488-1575), en su Shuljan Aruj el código básico de leyes Judías. La idea de utilizar el servicio de la plegaria como un sistema meditativo no se originó por lo tanto en el Baal Shem Tov. Pero fue el Baal Shem Tov quien enseñó el camino de la plegaria como un método que podría ser utilizado por todos, desde el kabalista más grande hasta el más simple de los individuos. Más que concentrarse en conceptos kabalistas, la persona debía focalizar su mente en las palabras de la plegaria, haciendo que ellas llenaran toda su conciencia. Podría entonces elevarse de un nivel al siguiente, hasta llegar a un profundo estado meditativo. Aunque este método era extremadamente efectivo, aún era difícil para la mayoría de la gente.

Dado que la plegaria formal debía ser dicha todos los días, requería de un alto grado de concentración para evitar que la mente de la persona se distrajera y poder así mantener los pensamientos focalizados en las palabras. Como expresó el Rabí Najmán, dado que la plegaria formal es un camino muy transitado, existen muchas fuerzas destructivas que esperan en él, listas para atrapar al descuidado. El Rabí Najmán, bisnieto del Baal Shem Tov, amplió el camino de la plegaria para hacerla más universal y efectiva. Él enseñó la importancia de recitar los Salmos y otras plegarias no obligatorias,
como preparación para una meditación profunda. El individuo debía eliminar todo pensamiento de su mente, de modo que pudiera estar absolutamente solo con Dios. El próximo paso debería ser eliminar el ego, de modo que toda su conciencia estuviera focalizada en Dios.

La mayoría de los métodos de meditación que se han utilizado han sido meditaciones estructuradas y dirigidas externamente. Estas dependen de palabras o imágenes determinadas, que constituyen un foco meditativo fuera de la mente. Aunque han sido efectivas para mucha gente, el hecho de que son dirigidas externamente significa que no están destinadas a las necesidades específicas de cada persona.

Existe otro método básico de meditación, el cual es dirigido internamente. Clásicamente, esto consiste en meditar sobre los pensamientos, sentimientos o imágenes mentales que se presentan en la mente de manera espontánea. Usualmente, esto se logra focalizando la conciencia sobre una idea general, alrededor de la cual estos pensamientos podrán ser evocados. Dado que no hay un método formal o un procedimiento predeterminado para evocar tales pensamientos, esta es comúnmente una meditación desestructurada. La meditación internamente dirigida sólo puede ser practicada en el pensamiento, pero en algunos sistemas estos pensamientos también pueden ser verbalizados. Uno de los mejores métodos para verbalizar tales pensamientos a la vez que se los mantiene concentrados sobre un foco único, es expresarlos como una plegaria espontánea. Este método formaría la base del sistema de meditación del Rabí Najmán. La tradición de la plegaria espontánea tiene una larga historia en el Judaísmo y fue muy utilizada en los tiempos Bíblicos y Talmúdicos.

Más allá de los servicios de oración formales, los Judíos siempre oraron a Dios por sus necesidades, en su propia lengua y con sus propias palabras. Una de las plegarias constantes pedía que Dios acercara al suplicante hacia Él y lo ayudase a lograr una cercanía con lo Divino. La línea de separación entre tales plegarias y la meditación es a menudo borrosa. Es posible obviamente orar con palabras propias sin entrar en un estado meditativo. Mucha gente ofrece plegarias espontáneas en un estado de conciencia normal y mundano. Sin embargo, si uno las recita lentamente y con cuidado,
eliminando todo pensamiento que no esté asociado a lo Divino, tal plegaria puede llevar hacia un estado de profunda meditación. El Rabí Najmán comprendió que tales “conversaciones con Dios” no siempre eran fáciles. Por un lado, tal conversación requiere de un alto grado de compromiso espiritual. Por otro, la persona confrontada inicialmente con lo Divino, puede fácilmente carecer de palabras. El Rabí Najmán habla de esta “vergüenza” y discute varios medios mediante los cuales puede ser superada.
El Rabí Najmán conocía la meditación estructurada, pero la veía primariamente como un camino de preparación para el método internamente dirigido. De modo que enseñó que de no ser posible encontrar nada que decir a Dios, se debe tomar una palabra y repetirla una y otra vez todos los días, durante el período meditativo. Esta misma palabra podía ser repetida por semanas y meses, hasta que se encontraran las palabras adecuadas con las cuales hablar a Dios.

Para aquellos familiarizados con la meditación Oriental del mantra, este método puede parecerles familiar. Una de las frases propuestas por el Rabí Najmán para ser repetida en preparación a la meditación era “Señor del universo, “Ribonó Shel Olam” en hebreo. Un “mantra” como éste, utilizado durante un largo período de tiempo, puede ser la puerta hacia una forma más profunda de meditación.

1 comentario
  1. Vero Juailler

    Perdón mi ignorancia. Como se puede ser que en el judaísmo se hayan dejado influenciar con prácticas paganas como la meditación? No fue acaso que adquirieron esas prácticas durante los períodos en que estuvieron sometidos bajo el dominio de otros países?
    La historia nos dice:
    “El origen de la meditación nace entre Taoist China y la India Budista
    La práctica de la meditación también se extendió a otras culturas en el Oeste, vía el Camino De Seda, para influenciar religiones tales como Judaísmo.
    En las Edades Medias, la práctica de la meditación creció y se convirtió en muchas tradiciones religiosas como formulario del rezo, tal como meditación Judía.”
    Si la Torah nos dice claramente que no nos mezclemos con costumbres e ideologías paganas, porque se lo ha hecho? Un gran abrazo y por favor espero me respondan al mail porque si estoy equivocada, me gustaría que me corrijan para saber cada día mas del Eterno.

    24/12/2017 a las 00:05

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