Festejando
Januca
Janucá - Un poco de historia
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Historia de Janucá III: La rebelión de Jashmonaim

(selección extraída del libro “Jerusalem de Oro”, © Ed. Jerusalem de México)


El sol recién comenzaba a alumbrar sobre la pequefia ciudad de Modiin, invitando a los hombres a participar del nacimiento de un nuevo dia. Ciertamente, las casas estaban vacias. Un silencio ensordecedor flotaba en el ambiente. Modiin se habla convertido en una ciudad fantasma.
¿Qué fue lo que habla pasado? ¿Dónde estaban todos sus habitantes? ¿Dónde podian estar en horas tan tempranas de la mañana?
La respuesta la encontrarnos en la cima de un pequeño valle. Alli se habian congregado todos los del lugar: hombres, mujeres y niños. Estaban helados, sus ojos clavados en los soldados griegos que estaban frente a ellos. Tenian un enorme cerdo en sus hombros y hablaban al pueblo irónicamente: “¿Ven? Este es un regalo de vuestro rey Antiojus. Les ha enviado este cerdo, habitantes de Modiin, y les ordena que lo ofrezcan como sacrificio al dios Zeus, aqui, en el altar que acabo de construir. ¿Quién de entre ustedes es un buen servidor? ¡Que venga y cumpla con la orden del rey! Su majestad ha prometido para quien lo haga un gran regalo.”
Los griegos observaban expectantes a su alrededor para ver quien seria el primer voluntario. Mas, los habitantes, inmunes, en sus sitios, como si hubieran sido clavados con estacas. Nadie abrió la boca. Los soldados comenzaron a agitarse. Intentaban mantenerse controlados, sin embargo estaban furiosos. Continuaban hablando:
“Es sabido por ustedes que si no obedecen al mandato del rey, amargo será vuestro futuro. Todos los habitantes del lugar serán asesinados. Mas quien ofrezca el sacrificio al dios griego será enaltecido por el rey, incluso recibirá también oro y plata.” El soldado finalizó su discurso y aguardaba impaciente a quien diera el primer paso.
Finalmente un hombre se adelantó en dirección al soldado griego. La gente murmuraba indignada. ¿Quién era? ¿Janan ben Elishafat? ¿Acaso iba a ofrecer el sacrificio al idolo helénico? ¿Podria ser realmente cierto? Por un momento pensaron que era un traidor. Ahora no había dudas. Janan se acercó, tomó el cerdo de manos del griego, y evitando la ira de las miradas de su alrededor se acercó al altar ubicado en el centro del monte.
¡Despreciable! ¡Traidor! ” Con gritos acompañaron el actuar de Janan. Mas de pronto algo sorprendente ocurrió. Una persona mayor de entre la multitud corrió hacia el soldado, y le quitó la espada. Antes de que el traidor se diera cuenta, el anciano le habia dado muerte.

Dijo Matitiahu ben lojanan, de la casa de los Jashmonaim: “¡Hermanos mios! Ustedes saben que semejante acto no puede ser perdonado. El rey seguramente enviará a su ejército para castigarnos. Mas no temamos. Nos prepararemos. Reuniremos gente, creyentes en Di-s, y a su debido momento saldremos a la pelea. Y Hashem vendrá a nuestro encuentro, nos ayudará. Ahora, hermanos, quienes teman por nuestra Torá y por el futuro de nuestra nación que venga conmigo. Peleemos en nombre de nuestro
Di-s. ¡Quien esté con Hashem, que vengan?
Miles de ecos respondieron a las palabras de Matitiahu. Enseguida se reunieron a su alrededor cantidad de hombres valientes. Matitiahu y sus hombres recorrieron toda la tierra de Israel, arrasaron los idolátricos altares, circuncidaron a los incircuncisos, y mataron a todos los traidores que habian traicionado al pueblo y a la Torá.

Asi comenzó la gran lucha entre los helénicos y los judios. Y Matitiahu HaJashmonahi y sus hijos son los que encabezaron la rebelión contra el rey Antiojus el malvado.

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