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El Pueblo Judío y las Naciones

Selección extraída de “Luz para las Naciones” por Rabi Yoel Schwartz, Yeshiva Dvar Yerushalayim

 

Nuestros sabios declararon en la “Etica de los Padres”: “Amado es el hombre, puesto que fue creado según la imagen divina, como está escrito: “A imagen de Di-s creó al hombre.”
Esta afirmación se refiere al conjunto de la humanidad; todos los hombres poseen este nivel distintivo y todos son por tanto siervos de Di-s. Tenemos, sin embargo, que existe un pueblo judío único, que se originó, del modo referido en páginas anteriores, y de quienes está escrito: “Y vosotros seréis para mí un reino de sacerdotes y una nación Santa” (Exodo 19:6)

De acuerdo con lo anterior, nuestra visión de la humanidad como un todo incluye dos caminos y dos ideales, cada uno complementario con el otro: de un lado, el judío está llamado a reconocer el amor de Di-s por la humanidad entera y su grado de acercamiento a El; por el otro, el gentil debe reconocer el rol especial de los judíos y su indispensabilidad para su propia realización. Más adelante, en la “Etica de los Padres” se encuentra escrito: “Todo lo que Di-s creó en Su mundo, lo creó por su honor”.

De la misma manera que vemos que existen diferentes niveles en el seno del pueblo judío, es decir, Cohanim (sacerdotes), Levitas e Israelitas, así también hay niveles diferenciales en la humanidad misma globalmente considerada, cada uno aportando su propia contribución al propósito universal. Los judíos son los “sacerdotes”, los “primogénitos” (Exodo 4:22), encargados de difundir la verdad divina como preocupación total en sus vidas, con el fin de permitir a los demás pueblos el actualizar su propio potencial.

En consecuencia, no es conveniente que los judíos asuman ninguna otra identidad o que desempeñen un papel en el mundo que no realce su verdadera naturaleza de acuerdo con esta función. En el momento en que los judíos asumen su verdadero papel, su estima a los ojos del mundo se eleva, y todas las formas de error y confusión disminuyen, tal y como comprobamos que ocurre en nuestros días al ser reconstruido el mundo judío, después de los traumas de la emigración y la guerra, cuando su identidad auténtica está de nuevo siendo orgullosamente levantada en público.

Más aún, sin la ayuda del judío identificado consigo mismo, ningún gentil puede esperar que se le entregue aquello que merece recibir en su proceso de búsqueda de la verdad. Los mandamientos que separan a Israel de las demás naciones, tales como la prohibición de matrimonios mixtos, sirven al propósito de facilitar la universalidad, no de impedirla; ellos proporcionan un ejemplo público de la vida en la Torá y entregan al mundo una dirección precisa e inmediata en donde la verdad puede ser hallada.

En la visión judía de la vida cualquier detalle de la provisión divina para el mundo en la Torá es tomado en consideración. Al gentil no se le requiere ser tan escrupuloso en sus acciones; al menos, claro, que desee cambiar de naturaleza básica y convertirse. Sin embargo, los Siete Mandamientos que le corresponden le proveen con todo lo que necesita para acceder al amor de Di-s dentro del marco de su condición original.

El cumplimiento de estos mandamientos, que en breve clarificaremos y explicaremos, conducen al mundo a la Era Mesiánica de la misma manera que las observancias judías. Esta es la tarea de la humanidad, en sus diferentes modalidades: perfeccionar el mundo y encauzarlo a la ya prometida revelación del conocimiento divino y de la paz universal. En ese entonces no habrá ya más confusión acerca de papeles a desempeñar y recompensas respectivas, sino que cada hombre será feliz con su respectiva condición. Al respecto, Maimónides puntualiza:

“Los sabios y profetas no anhelaban los días del Mesías con la finalidad de ejercer control sobre el mundo, o de sojuzgar a las demás naciones, o de disfrutar de comida y bebida; sino por la oportunidad
que ganarían de estudiar Torá y su sabiduría, al márgen de obligaciones y de ocios, a fin de merecer el Mundo por Venir. Por tanto, en esa Era no existirá el hambre o la guerra, ni la envidia o la competición, sino que la buena voluntad prevalecerá, y todas las cosas buenas serán tan abundantes como el polvo; el mundo se esforzará sólo por conocer a Di-s, “pues la tierra se llenará con el conocimiento de Di-s como las aguas cubren los océanos.” (Isaías 11)

Estas promesas no fueron dirigidas sólo al pueblo judío, sino que se extienden al mundo entero, como nos hace saber el profeta Sofonías (3:9) en el versículo a que aludimos al comienzo del presente trabajo: “Porque entonces volveré a las naciones la pureza de labios, para que invoquen el nombre de Di-s, para que le sirvan de común consentimiento.”

Rabi Yoel Schwartz

2 comentarios
  1. Federico

    Muy bellas profecías. Deseo se cumplan haré todo lo posible de ni parte por ello para que comience esa era donde ya no habrá dolor y lamentos. Bendiciones al pueblo judío.

    13/02/2018 a las 11:29
  2. Evelyn Perez

    iExcelente articulo!

    01/10/2018 a las 17:37

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