Relatando
Dia del Holocausto (Yom HaShoa)
Historia
+100%-

Recuerda lo que te hizo Amalek

Iom Hashoá nos trae nuevamente al recuerdo lo que sucedió a nuestro pueblo hace apenas unas décadas, en nuestro propio siglo, cuando se encuentran entre nosotros algunos de los testigos oculares que presenciaron el terror y el espanto de lo peor que puede imaginar la mente humana. Aun el mero hecho de mirar las imágenes de las fotografías del holocausto nos hace estremecer, con lo cual uno apenas puede llegar a concebir los sentimientos de quienes les tocó vivir bajo aquellas terribles circunstancias.

Tanto ya se dijo, tanto ya se escribió. Muchos son los que quieren transmitir su dolor a la próxima generación para que lo ocurrido no pase al olvido colectivo como han sucedido con tantas otras masacres de la historia judía. Al mismo tiempo, uno no quiere y quizás no deba ser reiterativo en cosas que pueden crear una visión triste de la existencia judía. Esta visión puede tener el efecto contrario al deseado y puede llegar a crear desesperanza y desesperación en los corazones de los judíos. Sin embargo, tenemos la obligación de enmarcar a tan terrible acontecimiento dentro de las reglas de nuestra Emuná para que tampoco quede una percepción errónea a partir de la interpretación de lo sucedido.

Creo oportuno formularnos una pregunta: ¿Cuándo comenzó el holocausto? ¿Fue con el comienzo de la guerra? ¿O fue antes, con la asunción de Hitler? ¿O fue, desde que Julius Streicher publicó el diario “Der Stuermer”? Y… ¿Cuándo terminó (si es que terminó)? ¿Cuándo se acabó la guerra? ¿Cuándo se juzgó a los nazis en Nuremberg? ¿O con el juicio de Eichman?
Por un lado, podemos decir que las tristes y amargas secuelas del holocausto se sienten hasta el día de hoy en los sobrevivientes, como también la vida de sus hijos y nietos.
Pero, por otro lado, y este es la ramificación más grave, las consecuencias y los efectos de la lucha representada por los nazis sin duda que no se ha acabado. Si, lamentablemente, hemos perdido 6.000.000 de almas judías durante el holocausto, desde entonces, hemos perdido (o estamos en el proceso de perder) muchas almas más por la ignorancia del judaísmo y por la consecuente influencia del entorno sobre los judíos que quedaron.

Lo que debemos transmitir entonces, es cuál fue la intención verdadera de Hitler, si es que no le queremos ayudar en su intento luego de su muerte.
Para ello, quizás leamos el título de este artículo. Amalek. ¿Quién fue y por qué la Torá nos ordena recordar lo que nos hizo al salir de Egipto? ¿Acaso no hubo otros antisemitas y persecutores en nuestra larga historia? ¿Por qué D”s mismo le declara la guerra a Amalek “de generación en generación”?

Leamos un poco más acerca del contexto en que ocurrió la batalla con Amalek. Amalek no era vecino de la ruta por la cual atravesaba Israel en su salida de Egipto. Amalek vino desde otro lugar para guerrear contra Israel. ¿Por qué? ¿Acaso se sentía afectado o en riesgo? No. A Amalek le molestaba lo que representaba Israel. El coraje que había demostrado los días previos a la salida de Egipto al traer el Korbán Pesaj públicamente y la protección que recibieron por parte de D”s. Amalek estaba molesto que Israel entrara a las pocas semanas en su convenio con D”s al declarar ante el Monte Sinaí su predisposición a aceptar incondicionalmente toda la Torá. Todo esto iba en contra de la tradición de Amalek, para quien este mundo sería regido siempre por la ley del más fuerte y que las especies de subhumanos o más débiles desaparecerían como en su teoría ocurría en el resto del mundo animal por selección natural. ¿Acaso no lo había bendecido el abuelo que “al jarbejá tijié – que se regiría por la espada”?

En este sentido, no estaríamos muy errados en afirmar que Hitler no odiaba únicamente a los judíos sino, aun más, a lo que ellos representan: el judaísmo en si. Su intención no fue matar a 6.000.000 de judíos, sino erradicar y eliminar totalmente la noción del judaísmo del curso de la historia. A tal fin, estuvo organizando en Praga, un museo en el cual se expondrían para las futuras generaciones lo que habían sido los judíos una vez que éstos dejaran de existir. Hitler no podía aceptar las leyes de la conciencia que se expresan en la Torá y del desenlace histórico en el que los judíos manifestamos con certeza que al final prevalecerá la bondad en el mundo por encima de la fuerza. La batalla en contra de los judíos fue una guerra psicológica para hacerles perder sus rasgos humanos en medio de situaciones en las cuales era muy difícil mantener dignidad por el hambre, el miedo, la incertidumbre, etc. Hitler logró matar a muchos judíos, pero no consiguió destruir el espíritu de ellos. Prueba de ello, es que tantos volvieron a reconstruir sus vidas personales y sus comunidades allí adonde la Providencia los condujo.

D”s le declara la guerra a Amalek, porque su intención era romper el vínculo de Israel con D”s y, por consiguiente, demorar el reconocimiento universal de la ley Di-vina en el mundo. “Asher korjá baderej– intentó enfriarte en el rumbo”, quería evitar que prevaleciera la ética de la Torá. Las teorías de Amalek con las enseñanzas de la Torá son mutuamente excluyentes.
¿Cuándo comenzó el holocausto? Muchos años antes de Hitler. ¿Cuándo terminó? Quién sabe si realmente terminó. Cada judío que no se avergüenza al declarar su origen y mantiene la ley de la Torá abiertamente, está ayudando a combatir a Amalek. A su vez, en el rezo del “Alenu” con el cual culminamos las plegarias de la mañana, tarde y noche, rogamos a D”s que se acerque el día en que toda la humanidad se someta a la Autoridad Di-vina.

El R. Mijael Ber Weismamdel sz”l, perdió a toda su familia, incluyendo a todos sus hijos, en Auschwitz. Luego de la guerra, se estableció en EE.UU., fundó una nueva Ieshivá en Mount Kisko y volvió a formar una familia. En el Brit Milá de su quinto hijo, expresó lo siguiente ante los presentes: “Ustedes saben que yo tuve ya cinco hijos previamente y que todos murieron ‘Al Kidush HaShem‘ (santificando el Nombre Di-vino). Mi deseo es, como decimos en la Kedushá diaria: ‘Nekadesh et Shimjá baOlam‘ que santifiquemos nosotros, los que afortunadamente estamos vivos, los sobrevivientes – Tu Sagrado Nombre, en este mundo en que nos toca vivir, ‘keshem shemakdishim otó bishmé marom’ tal como lo santifican aquellos que debieron dar sus vidas ‘al kidush haShem‘. Que nuestras acciones sean dignas de ser consideradas una santificación del nombre de D”s”.

La batalla en contra de Amalek no se acabó. Desde nuestro lado, no se trata de una contienda violenta, sino de una resistencia pacífica en la cual insistimos en sumarnos a nuestros antepasados a quienes ninguna adversidad les impidió mostrarse como judíos. Este es el mayor homenaje a las víctimas del holocausto. Amalek, algún día, esperemos pronto, caerá.

Rab Daniel Oppenheimer

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top