Festejando
Ayuno 9 de Av
Despues de Tisha BeAv : Tu BeAv (15 de Av)
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Tu Beav ¡¿más grande que Pesaj y Shavuot!?

(selección comentarios de R. M. M. Schneerson, (c) Edit. Kehot Lubavitch)

…continuación de ¿Qué sucedió en Tu Beav?

¿De qué manera es el 15 de Av más grande que Pesaj, el día de nuestro éxodo de Egipto, o Shavuot, el día en que recibimos la Torá? ¡Rabí Shimón hasta lo ubica antes de su otra «mayor festividad», Iom Kipur!

Tiempo Lunar

Para comprender el significado del 15 de Av, debemos examinar primero el funcionamiento del calendario judío.El aspecto más básico de nuestro calendario es que primariamente es de carácter lunar: un calendario cuyos meses se fijan conforme las fases de la luna [5].

El Zohar [6] explica que el pueblo de Israel marca el tiempo según la luna porque nosotros somos la luna del mundo: tal como la luna, ascendemos y declinamos en el curso de las noches de la historia, conociendo épocas de crecimiento y disminución, alternando nuestros momentos de plenitud con momentos de tinieblas y oscuridad. Y, como la luna, cada una de nuestras regresiones y derrotas no es sino un preludio para un nuevo renacer, otra renovación.

La noche en que la luna es visible por vez primera al observador terrestre después de su ocultamiento marca el comienzo de un nuevo mes. Durante las siguientes dos semanas, el mes judío crece con la luna, alcanzando su clímax en la decimoquinta noche, la noche de luna llena. Luego siguen dos semanas de constante disminución de la luz lunar, hasta la noche en que la luna oscurece completamente y el mes mengua llegando a su conclusión. El renacimiento de la luna, 29 o 30 noches después de su nacimiento anterior, da la bienvenida al próximo mes: un nuevo ascenso a la plenitud, seguido por otro descenso al olvido, seguido por aún otro renacer.

En consonancia, el día 15 del mes judío marca el punto eminente de la contribución de ese mes particular a la vida judía. Por ejemplo: Nisán es el mes de la redención, y fue en el primer día de Nisán cuando comenzó el proceso de nuestra liberación de Egipto; pero los resultados de este proceso se manifestaron plenamente sólo el 15 de Nisán, con nuestro éxodo concreto de Egipto. De modo que es el 15 de Nisán cuando celebramos la festividad de Pesaj y experienciamos el regalo Divino de la libertad a través de las observancias del Séder.

Otro ejemplo es el mes de Tishrei. El 1 de Tishrei (Rosh HaShaná) coronamos a Di-s como rey del universo, rededicando la totalidad de la Creación al propósito para el que fuera creada y evocando en Di-s el deseo de continuar creándola y manteniéndola [7]. Pero la celebración de la coronación Divina es eclipsada por los días de solemnidad y temor que ocupan la primera parte de Tishrei, y cobra manifestación abierta en la gozosa festividad de Sucot, que comienza el día 15 del mes. (Este es el significado más profundo del versículo: «Haced sonar el shofar con la renovación de la luna, oculta hasta el día de nuestra festividad» [8]. El shofar, cuyo resonar atrompetado se hace eco de nuestra «coronación» del Omnipotente, se hace sonar el día 1 de Tishrei, el de la renovación de la luna; pero, tal como la luna misma, la experiencia perdura «oculta» y en gran medida inexpresada hasta «el día de nuestra festividad», Sucot, el 15 de Tishrei).

Lo mismo es cierto de cada uno de los doce meses del año judío. Cada mes posee un aporte y una cualidad singularmente propios, que experimenta un ciclo de disminución y crecimiento, ocultamiento y expresión, alcanzando su clímax el 15 del mes.

El Rebote

En ello radica la especialidad del 15 de Av.

Cuanto mayor el ímpetu de la zambullida de un objeto montaña abajo, tanto mayor el ímpetu que lo lleva cuesta arriba en la próxima montaña; cuanto más se jala hacia atrás una flecha sobre el arco, tanto más grande será la fuerza que la impulsará hacia adelante cuando se la deje volar. Esta ley básica de la naturaleza física rige también el flujo del tiempo lunar y las cualidades espirituales que despliega: cuanto más bajo el descenso, tanto más excelso el ascenso que le seguirá. En consecuencia, el mes de Av debe poseer, de hecho, el 15 más grande de todos ellos. ¿Pues qué eclipse más oscuro hay que el que precede a la luna llena de Av?

La segunda mitad de Tamuz y los primeros días de Av marcan una brecha en el corazón mismo del universo y la iniciación de un invierno espiritual del que aún debemos emerger.

El 17 de Tamuz del año 3829 desde la Creación (69 de la era común), la órbita lunar de la vida judía se balanceó al más empinado declive de su historia de 4000 años. En ese día, los muros de Jerusalén fueron quebrados por los ejércitos romanos; durante las siguientes tres semanas, desde el 17 de Tamuz al 9 de Av (observadas hasta el día de hoy como «Las Tres Semanas» de duelo), el enemigo avanzó firmemente por Jerusalén, invadió el Gran Templo y, el 9 de Av, le prendió fuego [9].

La destrucción del Templo no fue sino la contraparte física de una pérdida espiritual más profunda. El Gran Templo de Jerusalén era el asiento de la presencia manifiesta de Di-s en nuestro mundo, la fuente de todo lo que es espiritual y Divino en nuestras vidas y el foco de nuestros esfuerzos por implementar el propósito Divino de la Creación, «hacer un lugar de morada para Di-s en el mundo físico»[10]. Su destrucción marcó el retiro de la directa y abierta relación entre Di-s y Su creación y el inicio de un estado de galut, un ocultamiento del Semblante Divino, un arropado de la genuina realidad subyacente en la Creación detrás de la máscara del mundo corpóreo y fragmentado que experimentamos hoy. Con todo, cuanto mayor el descenso, mayor el ascenso que se lanza de éste.

La terrible oscuridad de los últimos días de Tamuz y los primeros días de Av porta las semillas de una igualmente gloriosa «luna llena» el 15 de Av, una luna llena que representa el mundo armonioso y perfecto de Mashíaj que es producto y resultado de nuestro largo y amargo galut (exilio).

Los Sucesos

En ello radica el significado de los diversos sucesos alegres que el Talmud señala como ocurridos el 15 de Av: cada uno de ellos marca un paso en el ascenso que sale del descenso del 9 de Av.

La destrucción del Templo el 9 de Av fue precedida por otro suceso trágico en el mismísimo día muchos siglos antes. Fue en la víspera del 9 de Av que los doce espías enviados por Moshé regresaron de su inspección de la Tierra Santa y desaconsejaron al pueblo de Israel de radicarse en, y santificar, la tierra, haciendo que Di-s decretara que la generación del Exodo no entrara a la Tierra de Israel.

De hecho, ambos sucesos están hondamente relacionados: nuestros Sabios nos cuentan que si la generación de Moshé hubiera merecido entrar a la Tierra de Israel y construir el Gran Templo en Jerusalén, éste hubiera sido un edificio eterno, inviolable e indestructible. La meta de «un lugar de morada para Di-s en el mundo físico» hubiera sido total y perfectamente concretada, evitando la necesidad de cualquier descenso o regresión subsiguiente [11].

Así, los sucesos de ese 9 de Av fueron fuente y precursores de la destrucción y galut que eventualmente forjó el día. De modo que cuando la condenada generación del Exodo dejó de morir el 15 de Av [12], esto marcó también los comienzos del «ascenso» de Av. Una nueva generación se alzó pronta para entrar a la tierra y sentar los cimientos para la renovación y reconstrucción.

Y cuando las barreras entre las tribus fueron quitadas, permitiendo que sus miembros se unieran en matrimonio unos con otros, otro elemento del «descenso» se estaba rectificando. Nuestros Sabios nos cuentan que la causa primaria para la destrucción del Templo fue la desunión dentro de la comunidad de Israel. Por lo tanto, la clave para el ascenso de la redención está en fomentar la unidad y armonía entre nosotros. Ese es también el significado de otros dos de los sucesos especiales asociados al 15 de Av: la readmisión de la errante tribu de Biniamín en la comunidad, y la remoción de las barricadas que habían segado al pueblo de Israel en dos naciones y habían impedido que el Gran Templo sirviera de fuerza aglutinante entre hermanos separados por la desavenencia política.

La caída de Beitar el 9 de Av, que significó el fin del último esfuerzo significativo por liberar la Tierra de Israel de la hegemonía romana, fue la culminación de la tragedia de la destrucción del Gran Templo y el exilio de Israel en esa misma fecha una generación antes. El primer respiro de este golpe demoledor al pueblo judío -dar sepultura a los muertos de Beitar el 15 de Av quince años más tarde- es otro ejemplo de cómo el 15 de Av logra la redención y rectificación del 9 de Av.

Hierros Destrozados

La manera en que la conclusión del corte de madera para el servicio del Templo se celebró el 15 de Av es otra manifestación más del significado del día. Pues el quebrar de las hachas expresa el propósito máximo del Gran Templo, por cuya destrucción guardamos duelo el 9 de Av y cuya reconstrucción anunciará el armonioso mundo del Mashíaj.

¿Por qué romper las hachas? ¿Por qué no almacenarlas para la tala del próximo año? Porque el hacha representa la antítesis misma de lo que el altar, y el Templo como un entero, abogaban.

Con respecto a la elaboración del altar, Di-s había instruido: «Cuando construyas un altar de piedra para Mí, no lo construyas de piedra tallada; pues si tu espada se ha levantado sobre él, lo has profanado» [13]; «no levantes hierro sobre él; El altar de Di-s se ha de construir con piedras enteras» [14]. Si cualquier implemento de metal siquiera tocaba una piedra, esa piedra se había vuelto inadecuada para usarse en la erección del altar.

Nuestros Sabios explican: «El hierro fue creado para acortar la vida del hombre, y el altar fue creado para extender la vida del hombre; por lo que no corresponde que aquello que acorta se alce sobre aquello que extiende» [15]. El hierro, el instrumento para la guerra y la destrucción, no tiene cabida en la elaboración del instrumento cuya función es traer armonía y paz eterna a la vida humana.

Aguardando la Luz

Por supuesto, estos sucesos fueron apenas los primeros fulgores de la luna llena del Mashíaj, una luna llena que aún debe emerger de la oscuridad que la envuelve. De modo que hoy, el 15 de Av es un suceso relativamente menor en nuestra experiencia del ciclo anual. Marcamos el día con ciertas observancias y costumbres, pero sin la grandeza de Pesaj, el regocijo de Sucot o la algarabía de Purím. Pues a diferencia de esas festividades, cuya «luna llena» ya hemos experimentado, la luminiscencia del 15 de Av aún queda por aparecer; todavía estamos en el galut, en la oscura extensión de este ciclo, escalando del descenso al que hemos sido arrojados por los sucesos de 17 de Tamuz al 9 de Av.

Pero la fecha ya ha sido fijada en nuestro calendario como el más grande «15» de todos ellos. Y con la inminente venida del Mashíaj, el genuino aporte del Día de Rotura del Hacha saldrá a gloriosa luz, y el 15 de Av se celebrará como nuestra mayor festividad.

— Basado en Likutéi Sijot, Vol. XXIV, págs. 47-56, y en otros lugares

Notas:
5. Exodo 12:2; Mejilta sobre el versículo.
6. Parte I, 236b.
7. Véase «Desear un Mundo», en «El Rebe Enseña», Vol. 1, pág. 404.
8. Salmos 81:4, según Talmud, Rosh HaShaná 8a.
9. El 9 de Av es también la fecha de la destrucción del Primer Templo en el año 3338 (423 antes de la era común) y numerosas otras calamidades en la historia judía (véase más adelante en el texto).
10. Midrash Tanjumá, Nasó 16; Tania, Cap. 36.
11. Véase Talmud, Sotá 9a; Megalé Amukot, Ofán 185; Or HaJaím sobre Deuteronomio 1:37 y 3:25; Or HaTorá, Vaetjanán, págs. 65, 93 y 2201.
12. Según el Talmud de Jerusalén (Taanit 4), las muertes realmente cesaron el 9 de Av, pero el pueblo de Israel no se dio cuenta sino hasta el 15, razón por la cual el día 15 se convirtió en uno de celebración. Esto es consistente con el significado del día 15 como el clímax del mes: la luna, por supuesto, siempre está llena; la «luna llena» es el punto en su ciclo en el que es totalmente visible a nosotros y nosotros disfrutamos al máximo de su luz. En el mismo espíritu, los descensos y ascensos de la historia judía son descensos y ascensos sólo en nuestra percepción y experiencia de nuestra cercanía a Di-s. En esencia, sin embargo, no hay descenso, pues incluso el 9 de Av, en el momento mismo de la destrucción, nuestra relación con Di-s no se vio disminuida en lo más mínimo (véase «Distanciamiento Intimo», en «El Rebe Enseña» #186; «El Decimosexto Incremento», en «El Rebe Enseña», Vol. 2, pág. 361).
13. Exodo 20:22.
14. Deuteronomio 27:5-6.
15. Talmud, Midot 3:4.

R. M. M. Schneerson

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