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D´s, la Creación y el Alma.
Sobre D´s, el Alma y la Unidad
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La Unidad

Selección extraída del libro “Hacia una Vida Plena de Sentido”. Adaptado por Simon Jacobson de las Enseñanzas del Rebe de Lubavitch, © Kehot Lubavitch Argentina.

La Unidad
La Armonía entre Hombre y Di-s

Di-s es uno.
-Deuteronomio 4:6

Todo lo que hacemos debe estar dirigido hacia el descubrimiento de la unidad interior subyacente.
-El Rebe

¿Por qué necesitamos Unidad en nuestras Vidas?

La naturaleza humana nos impulsa hacia la unidad. Miremos a un niño al que le dan un juego de bloques de distintos colores o formas: naturalmente tratará de agrupar cada bloque junto con los otros que se le parecen. Todos estamos constantemente buscando la relación entre los distintos objetos y fuerzas que nos rodean, tratando de darle sentido a sus relaciones. Cuando no podemos hacerlo, cuando no podemos lograr la simetría o el orden, nos sentimos confusos e intranquilos.

¿Qué queremos significar al decir que estamos buscando el “sentido” en nuestras vidas? Lo que realmente anhelamos es crear el orden a partir del desorden, obtener conocimiento de las fuerzas ignotas que determinan todo movimiento y conducta. ¿Pero por qué nos atrae tanto la unidad y nos perturba tanto el caos?

Porque todas las diferentes criaturas y fuerzas del universo fueron creadas por un Di-s. En consecuencia el elemento subyacente de nuestro mundo es una unidad comprensiva singular, una ecuanimidad abrasadora y sin huecos. De modo que aun cuando vemos desunión en la superficie, podemos sentir una unidad interior, y nuestras almas tienden a ella. Una hoja, un tallo, y un trozo de corteza pueden parecer muy diferentes, pero no hay dudas de que todos forman parte del mismo árbol. De hecho, su existencia misma es posible sólo en tanto están unificados con el árbol.

La vida misma es en realidad una busca de unidad. Un científico trata de descubrir las leyes unificadas que gobiernan las fuerzas aparentemente diversas de la naturaleza. Un psicólogo trata de rastrear la miríada de elementos de la conducta humana externa hasta unas pocas necesidades subyacentes internas a la psiquis humana. Un ingeniero combina miles de piezas individuales para formar una máquina única. Pero todas estas formas de busca de la unidad son en realidad medios para un fin más alto: la busca de Di-s y la máxima unidad.

Nuestra propia busca personal de unidad está dirigida hacia este mismo fin más alto. Hemos sido cargados con la responsabilidad de tomar todos los elementos de nuestro mundo material (nuestras familias, nuestro trabajo, nuestras preocupaciones cotidianas) y dirigirlos hacia Di-s, el único verdadero elemento unificador tanto dentro como fuera de nosotros mismos. Para descubrir la unidad y el sentido en nuestras propias vidas, debemos primero entender la unidad de Di-s; y buscando a Di-s, y al alma dentro de nuestros cuerpos físicos, empezamos a darle sentido a los millones de hebras que conforman el hermoso tapiz de la vida. Este reconocimiento realza inconmensurablemente nuestras vidas, pues le da un sentido profundo a cada acción y pensamiento.

Es por eso que anhelamos la unidad, y por qué debemos buscarla. Estamos destinados a unificar nuestro cuerpo y alma, nuestros pensamientos y nuestras acciones, nuestra fe y nuestra razón. Llevar una vida unificada significa llevar una vida de armonía, una vida en la que hemos introducido a Di-s en todos y cada uno de sus momentos.

¿Qué es la Unidad?

Suele confundirse la unidad con la igualdad. Podemos suponer que si todos pensaran y actuaran igual, tendríamos una armonía perfecta. Pero la unidad es un proceso, mientras que la igualdad es sólo un estado de ser. Las mismas notas musicales tocadas unas y otra vez serían monótonas o irritantes, pero muchas notas diferentes, cada una tocada de modo diferente, crean una hermosa composición.

Podría decirse que la unidad es literalmente tan simple como contar “uno, dos, tres”. “Uno” es la presencia de una unidad individual, independiente pero solitaria. “Dos” es una dualidad ” dos entidades distintas. Y “tres” introduce una tercera dimensión que puede combinar o contener las dos entidades, produciendo una unidad mayor. De modo que la unidad puede tomar dos elementos aparentemente dispares y, a la vez que reconoce las cualidades únicas de cada uno, crea un todo que es mucho más grande que la suma de sus partes. La unidad es la armonía dentro de la diversidad.

Hay incontables ejemplos de unidad alrededor de nosotros. Nuestro cuerpo, por ejemplo, es un todo unificado hecho de millones de elementos diversos: genes, células, miembros, órganos y sistemas, todos los cuales son alimentados por diferentes alimentos, líquidos, vitaminas, minerales y fuerzas invisible que apenas si hemos empezado a aprender.

El desafío de la unidad es reconocer la potencia de estos diferentes elementos y reunirlas sin anular la individualidad de ningún elemento. Consideremos el amor entre dos personas: cada una debe estar dispuesta a fundirse a la vez que respeta las necesidades y cualidades individuales del otro.

Lo mismo puede decirse de nuestra relación con Di-s.

Nosotros los humanos debemos alcanzar una unidad con lo divino sin que nosotros, o Di-s, renunciemos a nada de lo que nos es esencial. ¿Pero cómo podemos integrar nuestra realidad independiente y terrena con la realidad absoluta y abarcadora de Di-s, sin obliterar una o la otra? ¿No es la unidad divina antitético con la extraordinaria diversidad de nuestro universo físico?

Esta aparente paradoja es exactamente lo que pretendía Di-s. Fue Él quien le dio a nuestra realidad terrena una existencia aparentemente independiente, que parece ocultar la realidad absoluta de Di-s, con el claro objetivo de que en última instancia usáramos nuestro libre albedrío para realizar nuestro deseo innato de unirnos con lo Divino. A medida que nuestros ojos y oídos y mentes llegan a saber más sobre nuestra realidad física, empezamos a ver, como científicos o ingenieros, que hay en realidad una indestructible y divina unidad que subyace y le da sentido a todo lo que hacemos.

La idea de la unidad divina va mucho más allá del concepto de que hay sólo un Di-s; también excluye cualquier existencia fuera de Él (” No hay nada más “: Deuteronomio 4:39). Todo lo que podemos saber o ver o sentir emana de esta unidad única.

¿Cómo revela Di-s Su Unidad?

En razón de que Di-s quiere que nos unamos a Él, y no nos limitemos a subyugamos a Él, nos dio la capacidad de alcanzar la auténtica unidad con nuestra fuente divina. Y nos permitió contemplar esta asombrosa dinámica. Sí. habitamos una realidad finita que, por definición y naturaleza, excluye el contacto con cualquier cosa realmente infinita o trascendente. Pero al crearnos, Di-s también nos imbuyó con canales de conciencia que nos permiten atravesar las capas exteriores fragmentadas de nuestro mundo físico, la “caja”, y atisbar la pura esencia de la “luz” unificante de Di-s que hay adentro. ¿Cómo eligió revelar Di-s esta luz?

Pensemos en un maestro y su alumno. El maestro sabe que el alumno tiene un intelecto menos desarrollado, y que si le presenta un concepto en el nivel de su propia comprensión, sólo logrará confundirlo. Para introducir una idea nueva al alumno, la condensa y usa metáforas o parábolas de modo de ponerla al alcance del alumno.

A veces, cuando el maestro está en un nivel mucho más alto que el alumno, puede ser necesario dejar completamente a un lado el concepto original. Puede no ser suficiente para el maestro condensar el concepto; en lugar de ello, debe encontrar un nuevo marco de referencia, y buscar ejemplos y metáforas que el alumno puede comprender -, aun cuando estén muy alejados del concepto original. El maestro debe dar un salto radical desde un mundo de comprensión a otro, y después permitir que corra un rayo de luz, conteniendo la información condensada y estableciendo un contacto.

Usar metáforas no significa separar al maestro del alumno, sino acercarlos en una unidad que no compromete ni a uno ni a otro. Para el maestro, la complejidad del concepto mismo sigue intacta en su mente aun cuando la haya expresado en una metáfora más simple; la percibe “de adentro hacia afuera”. El alumno, por su parte, accede a un concepto nuevo en un lenguaje que es capaz de comprender; empieza a relacionarse con el concepto “de afuera hacia adentro”. El viaje “hacia adentro”, de la metáfora al concepto, ha comenzado. El concepto crece y se integra en la mente del alumno hasta que en última instancia comprende el concepto original tal como existe en la mente del maestro.

Podemos usar esta relación entre alumno y maestro como una metáfora para comprender nuestra propia relación con Di-s. Di-s podría haber preferido ocultarlo todo, y no extender nunca hasta nosotros una corriente de metáforas a través de las cuales pudiéramos aprender Sus caminos. Podría habernos permitido coexistir como seres independientes, separados de Su omnipresencia. ¿Pero dónde nos habría dejado eso? Sí, existiríamos, pero no tendríamos posibilidad de atisbar en la significación de nuestra existencia. Aun peor, no tendríamos deseo de buscar el sentido de nuestra existencia; quedaríamos encerrados en nuestra propia perspectiva limitada, sin necesidad de unirnos con algo más alto que nosotros.

En lugar de eso, al crear nuestro mundo de tal modo que las capas externas se entreabren para revelar capas sucesivamente más abstractas y espirituales, Di-s nos dio una oportunidad de comprender a nuestro Creador. Igual que el alumno, obtenemos conocimiento de nuestro universo paso a paso, metáfora a metáfora. Nuestra percepción de la “luz” sigue acentuándose a medida que nuestras “cajas” siguen ampliándose, a medida que nos acercamos cada vez más a la perspectiva del Creador, nuestro guía y maestro divino: Di-s.

Así como la relación entre un maestro y un alumno exige un delicado equilibrio de intimidad y respeto, de amor y temor, debemos luchar por lograr un equilibrio similar en nuestra relación con Di-s. Esto crea una tensión saludable, obligándonos a separar lo finito de lo infinito, a diferenciar entre nuestra limitada realidad mundana y la realidad absoluta de Di-s. El acto mismo de reconocer esta separación nos permite empezar a integrar las dos realidades. No sólo sentimos que Di-s está con nosotros en todo momento, sino que también reconocemos que Di-s creó y trasciende cada momento. Por último, llegamos a la comprensión última de que “no hay nada más” aparte de Di-s.

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1 comentario
  1. Monica Martinez

    Estimados .Feliz de encontrarlos uds., de ahora y para siempre, no saben cuanto he buscado sus enseñanzas, llenan el alma , soy d Chile aca no hay una pag.como la d uds.es lamentable,quisiera comunicarme con uds.x interno. atte. Mónica.

    13/06/2017 a las 12:15

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