Profundizando
Educación Judía
El rol de los padres en la educación
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La dificultad de transmitir

Sergio formaba parte del equipo de volley que representa a uno de los clubes socio-deportivos “judíos”. Le encantaba jugar y se sentía muy integrado al grupo. Sus compañeros, a su vez, apreciaban la destreza y el talento de Sergio, lo cual lo hacía muy popular. Todo anduvo bien hasta que en un torneo tocó justo que tenían que enfrentarse a otro equipo, no-judío, en determinada fecha. Nadie le prestó atención al calendario, pero a pocos días del encuentro, el papá de Sergio le hizo notar que la fecha coincidía con… Iom Kipur y que pensaba que era oportuno que lo acompañara al templo en esa fecha, que era casi la única que se respetaba en la familia. De todos modos, dejaba el tema en manos de Sergio para que lo decidiera solo. Sergio quería darle el gusto a sus padres, pero no podía defraudar a sus compañeros. Por lo tanto, sacó el tema en la próxima fecha de entrenamiento. Entre los presentes, algunos sabían muy poco de qué se trataba, mientras que otros, si bien habían aprendido acerca de las fiestas en sus años del Shule, les parecía poco relevante. En fin, la fecha ya estaba fijada y no se podía la modificar. “Justo ahora te vas a hacer el religioso…” – fue lo más suave que le dijeron. Sergio estaba en un dilema que no podría resolver con facilidad pues carecía de argumentos convincentes para ser respetado por el resto del equipo en circunstancias “tan especiales”.

Cuando, en cierta circunstancia, se hizo un sondeo entre los alumnos del quinto año del Shule X, el resultado sorprendió al profesor. Ante la pregunta si les resultaba importante contraer matrimonio con una persona afín con la cual podrían formar un hogar judío, la respuesta mayoritaria fue negativa. Tres años de jardín, más siete de prrimario, más cinco de secundario… para llegar a esa conclusión! No se sorprenda Ud. tampoco, querido lector, pues la respuesta hubiese sido idéntica si les hubiesen consultado acerca de la importancia del entierro judío o de ir a vivir en Israel. Es triste, pero perfectamente comprobable. La encuesta la puede realizar Ud. mismo. La pregunta obvia sería luego el porqué el tremendo esfuerzo por mantener abiertas las escuelas judías, si el resutado es este. Es en ese punto, en donde entramos en el terrible auto-engaño colectivo en el que participamos los judíos de Argentina durante las últimas décadas y ante el cual seguimos siendo negligentes al mirar hacia otro lado. “Negligentes”, a su vez, sería un atenuante para no denominar a esta situación “complicidad”. Al fin y al cabo, no llegamos a este país hace una año o dos. Desde que arribaron los primeros inmigrantes judíos ya pasó más de un siglo. Con gran esfuerzo, aquellos primeros pioneros establecieron sinagogas y escuelas. A muchos de ellos, la gran mayoría, les costaba poner pan sobre la mesa. Muchos aprendieron el idioma recién después que los hijos. Todos querían que sus hijos y nietos continuaran siendo judíos y supusieron, erróneamente, que la cosa, sin lugar a dudas, sería así. ¿O podía, acaso, no serlo? En Rusia y Polonia, todos los nietos de los judíos habían sido judíos. ¿Por qué no acá? Por lo tanto, habiendo sufrido tanta persecución, hambre y necesidad, pusieron el énfasis y su sacrificio en permitir que sus hijos accedieran a un mejor “pasar” que aquel que tuvieron que soportar ellos mismos.

La lección no se perdió a lo largo de los años. Lo primordial a ojos de los padres, sigue siendo el asegurar un porvenir cómodo para sus hijos. El futuro judaico de los mismos, no se cuestiona – “por si acaso”. No los quiero juzgar, sino simplemente mostrar la mentalidad de aquellos que por siglos fueron discriminados y marginados por la sociedad. Dado que no vivimos el momento, quién sabe, si hubiésemos actuado mejor. Dada la necesidad, muchos comenzaron a trabajar en Shabbat para mantener el sustento. El desafío fue muy difícil. Que nunca seamos probados… No obstante, los resultados nefastos se pueden comprobar hoy. Las escuelas que crearon, en sus diversas formas, tuvieron, a su vez, graves errores. Se enseñaba a leer y a escribir. Historia y cultura. Poesía y canto. Por lo general, el idioma fue el Idish. Era la lengua que hablaban los mayores del viejo mundo y, a su vez, respondía ideológicamente al pensamiento izquierdista de muchos. El mismo nombre de las escuelas (que venera la memoria de ciertos autores literarios judíos recientes), nos demuestra la ideología que asumieron.

Si no eran directamente ateas, no cabe duda que el estudio de la Torá y su observancia eran de poca relevancia. (Cuestión personal de cada uno).
El advenimiento del Estado de Israel, que utiliza el hebreo como idioma oficial, como así también el antisemitismo de Stalin, hicieron notar a algunos que habían ciertas falencias en su pensamiento. Obviamente, no a los “intelectuales” que son los últimos en dar el brazo a torcer. La mayoría de las escuelas giró hacia el hebreo. Sin embargo, el estudio de Torá quedó en su humilde último lugar. Del entusiasmo por la observancia, ni qué hablar. Sí fue tomando un lugar preponderante la práctica de un deporte, los rikudim, etc. para lograr una plena “identidad judía”. En más de una oportunidad, me vinieron a consultar alumnos de distintas escuelas que debían realizar trabajos “comparativos” acerca de la religión. Dado que soy como soy, no pierdo la oportunidad de esclarecer a cualquiera que venga a consultar, si es que conozco la respuesta. Bueno. ¿Qué pueden querer saber estos chicos…? (“Querer” es un decir. Mejor sería llamarlo: “qué le mandaron averiguar”) ¿Sobre lo que es un matrimonio judío, sobre cómo se educa a los niños, el por qué de la importancia de las leyes dietéticas del cashrut o el significado del Shabbat, la honestidad en el comercio, la relevancia del Talmud, los objetivos de la vida, lo destructivo del consumismo ilimitado? A ver. Piense Ud. ¿Qué cosas importantes mandaría Ud. a analizar a un joven que se está formando para lograr que se pueda identificar con sus raíces? No es menester ser pedagogo. Es suficiente tener un poco de sentido común, …y una mente desprejuiciada.

Pero no. Ninguno de estos temas son de valor para consultar al rabino. ¿Pues qué se le pregunta? – dirá Ud. Le cuento. ¿Cuál es la opinión de la “ortodoxia” acerca de la donación de órganos, de la inseminación artificial, del aborto, de la clonación…? Ahora bien. Que no le quepa la menor duda, que en los libros de Halajá se trata cada uno de estos temas y miles más con meticuloso rigor por conocer la respuesta a partir de las fuentes de la Torá. Nada, absolutamente nada que esté relacionado con la vida, escapa a la Torá que es el libro que contiene todas las respuestas a todo lo concerniente a la vida y sus contingencias. Sin embargo, la insistencia en preguntar precisamente esas preguntas y no otras más esenciales, también tiene su razón. Quien quiere ver al judaísmo como algo exótico, para circunstancias especiales y no como parámetro para su vida cotidiana, le dará a sus alumnos precisamente esa impresión. ¿Le extraña? Hace algunos años, dados los escasos resultados judaicos de los alumnos, y con el resto de nostalgia que les queda a algunos padres y directivos por lo que fue y lo que quisieran que “se preservara”, en ciertas escuelas (que de por si son presionadas por los padres para que aumenten el caudal de horas de materias “útiles” como ser el inglés y la computación) se comenzó a dar ciertos rasgos de tradición. Si bien, considerando que ninguno de ellos se puso a pensar seriamente sobre cuál fue la razón del fracaso de lo que se hizo hasta el momento y la mayoría carece de la voluntad de revertir totalmente la tendencia, se supone que la intención es buena. La gente se siente bien cuando ve a su nena encender la vela en el Gan. Lo que no ven, es la repetición del auto-engaño en su nuevo formato. Ni la nostalgia, ni la tradición se transmiten. Menos aun, en un mundo exitista y light como el que vivimos. Sin ideas claras del porqué se debe defender cierta postura ideológica, todas esas cosas lindas se van aguando con el tiempo. El hecho que llegamos hasta acá y que algunos sobrevivieron parcialmente la asimilación (mientras que quien ocupó el asiento del banco escolar de al lado no sobrevivió), no garantiza nada. Nuestros hogares son cada día menos estables y más permeables a las influencias ajenas.

Escribí todo esto pensando en la lectura de la semana donde estudiamos cómo Avraham se preocupó por enseñar la noción de la autoridad de D”s a sus congéneres en un mundo que fue hostil a sus ideas. No le fue fácil, pero lo logró. Nosotros también podemos hacerlo, si nos lo proponemos.

Rab Daniel Oppenheimer

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