Festejando
Iom Kipur
Iom Kipur en los tiempos del Beit Hamikdash
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El servicio de Iom Kipur III

(selección extraída del libro «El Midrash Dice», por el Rabino Moshe Weissman © Ed. Benei Sholem

– Cuando el macho cabrío era enviado al desierto, el kohén gadol continuaba con sus procedimientos. Preparaba para quemar en el altar los órganos internos (emurim) del buey y el cabrío cuya sangre había previamente esparcido.

Keriat HaTorá/ Lectura de la Torá: Tan pronto como el kohén gadol se enteraba que el macho cabrío había llegado al desierto, se dirigía al sector ezrat nashim donde el pueblo estaba reunido y leía la Torá, las secciones de parashat Ajarei Mot que se referían al Servicio de Iom Kipur y en parashat Emor el párrafo que comienza con «Aj Beasor» y de memoria recitaba un párrafo de parashat Pinjas que describía el Servicio (Bamidbar 29:7 – 11)
En adición a las bendiciones correspondientes a la lectura de la Torá se recitaba siete bendiciones más.

Korbán Musaf/ El resto del Sacrificio Musaf: Luego, vertía agua sobre sus manos y pies, se sacaba sus prendas blancas de hilo, se sumergía en la mikvá, se ponía de vuelta sus prendas de oro, se lavaba de nuevo sus manos y pies, y ofrendaba un macho cabrío en calidad de sacrificio jatat para completar el sacrificio Musaf del día.

Akravat Haelim/ Ofrenda de carneros: Luego, ofrecía su propio carnero y los de las personas que hacían sacrificios especiales de Iom Kipur.

Haktarat Haemurim/ Acto de quemar los órganos internos: Quemaba los órganos internos del toro y del macho cabrío «para Hashem».

Tamid shel ben arbaim/ El olá diario de la tarde: Traía un cordero como sacrificio diario olá.

Hotzaat Kaf Umajtá/ Extracción de la cuchara y la sartén del Kodesh Hakodashim: El kohén gadol se lavaba las manos, se quitaba las prendas de oro, se sumergía en la mikvá, se ponía sus ropas blancas, y lavaba sus manos y pies. Luego, ingresaba en el Kodesh Hakodashim una vez más para extraer la cuchara y la sartén que había previamente depositado allí.

Aktarat Ketoret/ Acto de quemar el incienso diario: Se lavaba las manos y pies, se quitaba las prendas blancas, se sumergía en la mikvá, luego se ponía de vuelta las prendas de oro, y se lavaba las manos y pies. A continuación quemaba el puñado de ketoret que se ofrecía a diario en el Altar de Oro en el kodesh y encendía la menorá.

Minjat Javitín/ La ofrenda minjá diaria del kohén gadol: Inmediatamente después, el kohén gadol quemaba en el altar la segunda mitad de su ofrenda minjá diaria. La larga y ardua avodá del kohén gadol había llegado a su fin. Se lavaba las manos y los pies, se sacaba las prendas de oro, se vestía con sus propias ropas y dejaba el Beit Hamikdash. Toda la gente lo acompañaba hasta su casa. Había un regocijo colectivo porque él había finalizado la avodá con éxito.

El Sefer Shevet Iehudá cita una descripción que hizo un cónsul romano que se quedó en Ierushalaim durante Iom Kipur en los días del segundo Beit Hamikdash. Describió la escena que presenció de la siguiente manera:

«Siete días antes de esos días especiales, de respeto y temor conocidos como Iom Kipur, el kohén gadol comenzó los preparativos para el Servicio. Cuando dejó su casa para dirigirse a su habitación especial en el Beit Hamikdash, se hizo un anuncio al pueblo entero. Tan pronto como éste escuchó que el kohén gadol estaba en su camino hacia el Beit Hamikdash, fueron de inmediato a acompañarlo.
«Hicieron una procesión, y marcharon de la siguiente manera:
En el frente, marchaban todos aquellos que eran descendientes de la familia de los reyes que reinaron sobre las Diez Tribus. A éstos les seguían los descendientes de la dinastía real de David (cuanto más altos los dignatarios, más cerca marchaban del kohén gadol). Eran precedidos por un heraldo que anunciaba, «¡Otórguenle honor a la casa de David!»
A continuación siguían los leviim que eran anunciados con el llamado, «Honor a la casa de los Leví!»
Conté 36.000 leviim, todos vestidos en prendas de seda color celeste, seguidos por 24.000 kohanim vestidos con ropas blancas de seda. Marchaban en divisiones, agrupadas según sus tareas en el Beit Hamikdash, el hombre del coro, luego los músicos, atrás de ellos los trompetistas, los guardianes de los portones del Beit Hamikdash, aquellos cuya función consistía en preparar el ketoret, aquellos que fabricaban el parojet, los tesoreros, y por último, los gremios que realizaban cualquier trabajo sagrado en relación al Beit Hamikdash. Luego, seguían los setenta miembros del Sanhedrín que caminaban delante del kohén gadol. Inmediatamente delante del kohén gadol marchaban cien kohanim que portaban estandartes de plata para limpiarle el camino. Atrás del kohén gadol marchaban de dos en dos los kohanim más ancianos y respetados.
«En las esquinas, la procesión se encontró con los roshei ieshiva, quienes al ver al kohén gadol, exclamaban, «¡Estimado kohén gadol, que su entrada sea en paz! Suplíquele al Creador que El nos mantenga vivos para que podamos estudiar Su Torá sagrada!»
Cuando la procesión llegó al Har Habait (Monte del Templo), los oradores rezaron para que continuara la existencia de la dinastía Davídica, los kohanim, y el Beit Hamikdash. El grito de la multitud en respuesta a las bendiciones fue tan fuerte que podía romper los tímpanos. El kohén gadol, lloró con temor y trepidación por la responsabilidad que tenía, y luego se apartó de la gente. Los kohanim lo acompañaron a la habitación especial donde debía prepararse hasta Iom Kipur.
La escena descripta arriba ocurrió cuando el kohén gadol ingresó en el Beit Hamikdash, sin embargo, cuando después de Iom Kipur se fue en paz, se lo honró el doble.
Los habitantes de toda la ciudad de Ierushalaim caminaban enfrente de él para acompañarlo a su casa. Toda la gente estaba vestida con prendas blancas, y la mayoría de ellos sostenía antorchas de cera encendidas. Las ventanas de la ciudad estaban decoradas, y al lado de ellas había velas encendidas. Los kohanim contaron que muchas veces el kohén gadol no podía llegar a su casa antes de la medianoche debido a las multitudes que llenaban las calles. A pesar de que la gente estaba en ayunas, nadie quería regresar a su casa antes de intentar alcanzar al kohén gadol y besar sus manos. Al día siguiente, era costumbre que el kohén gadol hiciera un gran banquete para sus familiares y amigos para celebrar que salió del kodesh hakodashim en paz. Cada gran sacerdote tiene un plato recordatorio de oro hecho para él en el cual se grabaron las palabras, «Yo, el kohén gadol tal, hijo del kohén gadol tal, realicé el Servicio en la gran Casa Sagrada de El, Quien habita en ella, en el año tal desde la Creación. Ojalá que El, Quien me privilegió al otorgarme la posibilidad de realizar Su Servicio, permita que mis hijos me sucedan.»»

En la actualidad, como ya no tenemos un kohén gadol que logre expiar nuestros pecados, nosotros recitamos la avodá de Iom Kipur en la plegaria Musaf de Iom Kipur. En memoria de nuestros antepasados que se postraban en el Beit Hamikdash, nosotros también nos postramos cuando llegamos a las partes de la plegaria que describen dicho evento.

El comentarista Arugat Habosem escribe, «Cuando nos postramos durante el Musaf de Iom Kipur, debemos sentir la pérdida tremenda de la avodá del Beit Hamikdash. Es un jilul Hashem terrible, causado por nuestros pecados, el hecho de que la shejiná haya sido exiliada. Por consiguiente, las tres postraciones durante la recitación del Servicio del Templo deben ser acompañadas por llantos y lamentaciones. (Sin embargo, durante la postración de Alenu un judío debe llenarse de gratitud hacia el Creador, Quien nos eligió como Su porción entre todas las otras naciones y nos elevó sobre todas las familias de la tierra para ser Su gente especial.)

El majzor concluye el Servicio de Musaf de Iom Kipur con un piut/ poema que describe el áura de grandeza y kedushá que rodea al kohén gadol cuando sale del Sanctasanctórum. (Los versos originales en hebreo se basaron en el Alef Bet (alfabeto hebreo); lo siguiente es una rendición que sacrifica la rima con el fin de ser lo más claro posible.)

«¡En verdad, cuán magnífica era la visión del kohén gadol cuando salía en paz del kodesh hakodashim, sin haber incurrido en desgracia alguna!
La apariencia del kohén gadol era como el brillo que resplandecía del firmamento hacia los seres celestiales que se encontraban Arriba,
La apariencia del kohen gadol era como la luz que emanaba de los ángeles denominados «jaiot»,
La apariencia del kohén gadol era como los hilos- tejelet al igual que el color del cielo azul que se agitaban en los cuatro tzitzit- flecos,
La apariencia del kohén gadol era como la imagen del arco iris en las nubes,
La apariencia del kohén gadol era como la gloria con la cual el Creador vistió a los primeros seres, Adam y Javá,
La apariencia del kohén gadol era como el florecimiento de una flor en un jardín encantado,
La apariencia del kohén gadol era como una corona de flores que rodea la cabeza de un rey,
La apariencia del kohén gadol era como la gracia conferida al semblante de un jatán (novio),
La apariencia del kohén gadol era como el resplandor que emana de la corona pura,
La apariencia del kohén gadol era como Moshé Rabeinu cuando le imploraba al Todopoderoso que lo escondiera en el Har Sinai por cuarenta días,
La apariencia del Kohén Gadol era como la estrella de Noga en el hemisferio oriental.
«Todo ésto ocurrió cuando el hejal se paraba sobre sus cimientos, el kodesh hakodashim se establecía, y el kohén gadol realizaba Su Servicio; sus generaciones lo vieron y se regocijaron.
¡Qué feliz el ojo que contempló todo ésto; al escucharlo ahora, nuestras almas están de luto por su pérdida.!»

 

Rabino Moshe Weissman

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