Festejando
Iom Kipur
Iom Kipur en los tiempos del Beit Hamikdash
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El servicio de Iom Kipur I

(selección extraída del libro «El Midrash Dice», por el Rabino Moshe Weissman © Ed. Benei Sholem)

La avodá (servicio) comenzaba después de la medianoche cuando se echaba la suerte entre los kohanim para determinar quién iba a realizar el servicio de terumat hadeshen (la elevación de un puñado de cenizas del altar), y quién iba a limpiar el mizbeaj de cenizas. Antes del amanecer el atrio se llenaba de gente.

Tamid/ El Sacrificio Diario de la Mañana: Luego de que amanecía, el kohén gadol comenzaba el Servicio al sumergirse en la mikvá, vestía sus prendas de oro y vertía agua sobre sus pies y manos.
Ofrecía el sacrificio diario de tamid, quemaba el puñado regular de ketoret, y por último, encendía las velas de la menorá, y realizaba el resto de los servicios matutinos.

Minjat Javitim: Le ofrendaba al gran sacerdote la ofrenda diaria de minjá.

Musaf de Iom Kipur: Ofrendaba el sacrificio especial musaf de Iom Kipur que consistía en un buey y siete corderos (mencionados en la parashat Pinjas). A continuación, vertía agua sobre sus pies y manos, se quitaba las prendas de oro, se sumergía en la mikvá, se ponía las cuatro prendas blancas, y de nuevo lavaba sus pies y manos. Luego, estaba listo para la próxima avodá.

Vidui al par kohén gadol/ La primera confesión: Colocaba sus manos sobre su sacrificio personal, el buey, y confesaba sus pecados y los de su familia. Su vidui (confesión) era la siguiente:
«Por favor, Hashem, pequé sin intención, cometí transgresiones intencionalmente e insolentemente ante Usted, tanto yo como mi familia. Por favor, Hashem, expíe los pecados involuntarios, las transgresiones voluntarias y la desobediencia que mi familia y yo cometimos ante Usted, según dice en la Torá de Su servidor Moshé (Vaikrá 16:3), «En este día, El expiará tus pecados y te dejará puro y limpio de todo pecado ante Hashem.»

El kohén gadol en todas sus confesiones durante Iom Kipur, pronunciaba el shem hameforash, las Cuatro Letras del Nombre de D- s, de la forma en que está escrito. Cuando los kohanim y la gente se juntaban en el Atrio escuchaban el Tetragrámaton, el Nombre sagrado y grandioso, emanaba de la boca del kohén gadol, y el pueblo respondía, «Baruj shem kevod maljutó leolam vaed/ Bendito sea por siempre el Nombre de Su reinado glorioso.» Durante Iom Kipur, el kohén gadol pronunciaba el shem hameforash diez veces, sin tener que hacer ningún esfuerzo para lograrlo debido a que éste milagrosamente dejaba la boca por sí mismo porque la shejiná hablaba desde su garganta. Después del vidui, el kohén gadol no procedía a sacrificar al buey sino que primero echaba la suerte entre los dos machos cabríos requeridos para el Servicio central de Iom Kipur.

– Sorteo: Se preparaban dos machos cabríos, de igual peso, altura y aspecto. Se los adquiría antes de Iom Kipur con fondos de la comunidad. Se preparaban dos inscripciones, una decía, «Para Hashem,» y la otra «para Azazel». Se las colocaba en una urna, y el kohén gadol sin mirar tomaba cada una con una mano. Colocaba la inscripción que tomaba con su mano derecha en el macho cabrío de la derecha y la otra en el izquierdo.
Le leían las inscripciones, y proclamaban con respecto al cabrío con la inscripción «Para Hashem»: «¡Este es un sacrificio jatat para Hashem!»
En la cabeza del cabrío «Para Azazel», colocaban un hilo de color escarlata y ataban otro hilo rojo en la entrada del sector kodesh del Beit Hamikdash.

Nuestros Sabios relatan que mientras que Shimón HaTzadik oficiaba como gran sacerdote, se podían percibir señales del Cielo de favores anuales.
La inscripción del cabrío «Para Hashem» quedaba invariablemente en su mano derecha, mientras que después del fallecimiento del tzadik, ésta estaba a veces en la mano derecha y a veces en la izquierda. Además, el hilo color escarlata que se ataba en la entrada del sector kodesh milagrosamente se tornaba blanco cuando el cabrío para Azazel llegaba al desierto – era una señal del Cielo de que sus pecados habían sido perdonados. Sin embargo, después de que Shimón HaTzadik falleció sólo se tornaba blanco ocasionalmente.

Vidui Ushejitá/ Una segunda confesión, y el sacrificio del buey del gran sacerdote: Volvemos al sacrificio personal, el buey, el kohén gadol de nuevo enunciaba su vidui por todos sus pecados y también por los de los kohanim. Sacrificaba a su buey y recogía su sangre en una sartén que entregaba a un kohén diferente.

Avodá bakodesh hakodashim/ El Servicio en el Sanctasanctórum: La parte que continuaba ahora era crucial y la más delicada de la avodá que el pueblo entero esperaba con ansiedad. El kohén gadol debía ingresar en el kodesh hakodashim para ofrecer ketoret (incienso). Llenaba una sartén de oro con carbón ardiente que tomaba del Altar Exterior. Se le entregaba un recipiente que contenía incienso, del cual él tenía que sacarlo con las dos manos. Luego, transfería esos puñados de incienso a una cuchara, tomaba la sartén que contenía carbón en su derecha y la cuchara en su izquierda, y entraba en el Sanctasanctórum.
Colocaba la sartén con carbón entre los postes del arón (en el segundo Beit Hamikdash que no tenía arca, sobre la piedra sobre la cual se encontraba el arón, arca), tomaba el borde de la cuchara que contenía el incienso con la punta de los dedos o con los dientes (para dejar ambas manos libres), y vertía el ketoret de nuevo en sus manos. Esta era una de las tareas más difíciles realizadas en el Beit Hamikdash debido a que ni una sola gota de incienso podía caer en el piso durante el proceso.
Terminaba el Servicio juntando el ketoret en una sartén que contenía carbón, y esperaba que el humo del incienso llenara el kodesh hakodashim. Esta avodá provocaba la gloria de la shejiná, sin embargo, se ocultaba en el humo para que el kohén gadol no pudiera verla.
Salía y caminaba hacia atrás, sin desviar su cabeza de la dirección del arón.
El ingreso del kohén gadol al Sanctasanctórum era acompañada con las tefilot de todo el klal Israel y su aparición era aguardada con estremecimiento. La Torá advierte que si alguna de las partes de la ceremonia no era realizada de acuerdo con los preceptos de la Torá, el kohén gadol incurría en la pena de muerte del Cielo. (Vaikrá 16:13).

De hecho, la shejiná acompañaba a cada kohén gadol que venía a servir en el kodesh hakodashim, pero sólo un gran sacerdote que fuere sumamente especial estaba capacitado para percibirlo. Lo que era cierto con respecto a Shimón HaTzadik era con el caso con Aharón en persona. Solía tener la visión de Hashem cuando entraba al Sanctasanctórum en Iom Kipur.

En los tiempos del segundo Beit Hamikdash, la mayoría de los grandes sacerdotes fallecían dentro del año que seguía a Iom Kipur.

Para estar en condiciones de entrar en el Sanctasanctórum, el gran sacerdote debía purificarse a sí mismo previamente, y lograr separarse de todas las aspiraciones físicas.
La mayoría de los kohanim guedolim que sirvieron en el Beit Hamikdash compraban sus puestos con sobornos. Nunca alcanzaron el nivel espiritual requerido para ingresar en el kodesh hakodashim, y luego no podían sobrevivir el encuentro con la shejiná que ocurría allí.

El kohén gadol dejaba el Kodesh Hakodashim e ingresaba en el sector kodesh para rezar por un buen año para el klal Israel.
Cuando regresaba al kodesh, todos los kohanim debían irse; ningún extraño podía entrometerse en el encuentro de la shejiná y el kohén gadol. Nuestros Sabios nos enseñan que ni siquiera los ángeles estaban presentes, debido a que la atmósfera de santidad que entonces se infiltraba en el Mishkán era del nivel más alto. Se le ordenaba que su tefilá fuera corta, por aquellos que aguardaban en suspenso en el atrio para ver si aparecía con vida del Kodesh Hakodashim.

El kohen gadol ofrecía la siguiente plegaria en Iom Kipur:
«Que sea Tu voluntad, Oh Hashem, que este año sea bendecido con suficiente lluvia, sol, sombra, y rocío. Que sea un año de buena voluntad del Cielo, un año de bendición, de precios bajos, saciedad, buenos negocios; un año en el cual Tu pueblo Israel no necesite uno del otro ni tenga la necesidad de dominio uno sobre el otro. Y no preste atención a la tefilá de los caminantes (que le imploren que no deje llover).»

Una vez, después de dejar el Kodesh Hakodashim, Shimón HaTzadik rezó por un período bastante extenso. Mientras tanto, los kohanim y la gente esperaban con ansiedad su regreso. Al ver que él no salía, los kohanim resolvieron entrar y averiguar qué había ocurrido. Sin embargo, justo cuando estaban a punto de entrar al kodesh, Shimón HaTzadik apareció.
«¿Por qué rezó por tanto tiempo?» le preguntaron.
«¿Ustedes creen que no debí haberle suplicado al Todopoderoso vuestro bien en nombre de todos ustedes y que el Beit Hamikdash no sea destruído?»
«No obstante,» los kohanim le imploraron, «nunca más se quede adentro por tanto tiempo, porque asusta a la gente.»

Rabino Moshe Weissman

1 comentario
  1. Lucy Salinas

    Creo en Adonay y estoy aprendiendo a amar su Torá.. Me ha deleitado con esta enseñanza y al finalizar me ha hecho sonreír.. Gracias, que HaShem le bendiga y aun le añada más sabiduría y proteja su vida por largos años…

    17/09/2018 a las 13:46

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