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La Tora e Israel
Sobre el propósito de la creación.
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Conferir el bien

II

Decimos que Dios creo el mundo para conferirle el bien. Pero, ¿cuál es este bien que Dios tiene por ofrecer a Su mundo?
Primero que nada, debemos darnos cuenta que cualquier bien que Dios dá, debe ser el máximo bien que la creación puede llegar a aceptar.

Pero ¿cuál es el mayor bien posible que Dios puede conferir a sus creaturas?
Si pensamos al respecto, la respuesta es en realidad muy sencilla. El máximo bien posible es Dios Mismo, ya que no hay ningún otro bien Supremo fuera de El. Así, dijo el Salmista (Salmo 16:2), “No hay para mí bien fuera de Tí”. En el Talmud, Rabi Aja interpreta el significado de esto diciendo que, no hay en el mundo bien verdadero, excepto el de Dios. El bien supremo que El planeaba dar al mundo era la posibilidad de participar de Dios y por lo tanto, El crearía un mundo donde las creaturas pudieran tener algo de Su esencia. El Salmista canta sobre esto (Salmo 34:9) “Probad y ved que es bueno El Señor; dichoso el hombre que confia en El”.

Dios creo el mundo de tal manera que el hombre pudiera acercarse a El y tener algo de Su esencia. Por supuesto que no hablamos de la proximidad física, sino de la proximidad espiritual que implica el conocimiento y la comprensión de Dios, así como la imitación de El, en la medida de lo posible. Posteriormente discutiremos sobre como se relacionan estos dos conceptos, aunque realmente ambos se refieren a la proximidad espiritual.

Aquí nuevamente escuchamos las palabras del Salmista (Salmo 73:28), “Pero en cuanto a mí, el acercarme a Dios es el bien. He puesto en El Señor mi esperanza, para contar de Sus obras”. El Salmista nos enseña que su bien supremo es la cercanía a Dios, siendo que- esta cercanía implica “contar de Sus obras” -es decir, un conocimiento profundo y una percepción de lo Divino.”

Igualmente, nuestros sabios nos enseñan que Dios creó el mundo para que los hombres lo pudieran conocer.” Esta no es una razón aparte, sino la forma en que El nos confiere Su bien.” Por ello, Dios nos dijo a través de su profeta (Isaías 48:17), “Yo soy tu Señor, quien te enseña para tu provecho”. El Salmista expresa la misma idea cuando dice (Salmo 119:68) “Bueno eres tú, y bienhechor; enséñame Tus estatutos”.

Conocer a Dios y comprenderlo en cualquier forma, es tener un profundo temor reverente de Su grandeza. Toda sabiduría verdadera es la de Dios, pero tal sabiduría y conocimiento implica el temor y la reverencia de Dios; como encontramos (Salmo 111:10), “El principio de la sabiduría es el temor de El Señor.

Por lo tanto, podemos decir que la meta suprema de la creación es el acercamiento a Dios, y por ello conocerlo y temerle. Nuevamente escuchamos las palabras de Salomón (Eclesiastes 3:14) “He entendido que todo lo que Dios hace será perpetuo… Dios lo ha hecho, para que delante de El tema el hombre”. El Talmud comenta sobre esto diciendo que el mundo y el hombre fueron creados con el propósito de temer a Dios,” como encontramos (idem 12:13) “La conclusión de la discusión, cuando todo ha sido oído: Teme a Dios, y guarda Sus mandamientos; porque esto es todo del hombre”. Rabi Eleazar comenta al respecto, “Salomón aquí nos está enseñando que todo el mundo fue creado para temer a dios”.

Cuando nuestros sabios dicen que el mundo fue creado para temer a Dios, no están contradiciendo la enseñanza anterior de que éste fue creado como un vehículo para conferir Su bien; sino lo que están haciendo es expresar que lo que se considera como el bien último es, la obtención de un conocimiento de Dios que se expresa más perfectamente por la reverencia y el “temor a Dios”.

El lugar donde seremos dignos de esta visión y percepción es en lo que llamamos Olam HaBá -el Mundo Futuro o el Mundo Venidero-. Es un mundo de vida absoluta y de bondad, del cual habla el Salmista cuando dice (Salmo 27:13) “Hubiera yo desmayado, si no creyese que veré la bondad de El Señor en la tierra de los vivientes”. Esta “tierra de los vivientes” es el Mundo Venidero .

Este Mundo Futuro es la meta de toda la creación, y nuestros sabios nos enseñan que, “Este mundo es como una antesala antes del Mundo por Venir. Prepárate en la antesala antes de entrar al palacio”. Siendo que este Mundo futuro es el objetivo de la creación, es también el lugar del bien supremo. En el lenguaje del Talmud, se le llama, “el Mundo donde todo es bueno” ya que el bien que allí se encuentra, sobrepasa cualquier cosa que este mundo pudiera ofrecer. Esto es a lo que nuestros sabios se refieren cuando dicen, “Un momento de deleite en el Mundo Venidero es mejor que todo el bien de este mundo”.

Nos podemos dar una idea de como será este Mundo Futuro por un proverbio de Rav, citado en el Talmud: “En el Mundo Futuro no se sabrá de comer, tomar, educar niños o de negocios. Tampoco habrán celos, odio o rivalidad. Los justos estarán sentados con sus coronas sobre la cabeza, deleitándose con el resplandor de la Presencia Divina”.

Nuestros sabios nos enseñan que este “resplandor de la Presencia Divina” es una percepción de lo Divino.” En el Mundo Futuro, percibiremos y comprenderemos a Dios en el más alto nivel posible. Esta percepción sobre Dios en el Mundo Venidero, está muy lejana a nuestra facultad actual de comprensión, ya que el más pequeño de nosotros eclipsará a los más grandes sabios de este mundo. Pero, por supuesto, será imposible percibir a Dios en Su totalidad. Esto es imposible para cualquier ser que no sea Dios mismo. A pesar de ser algo incomparable con cualquier cosa de esta vida, nuestra percepción, relativamente hablando, será aún menos que una gota en un océano infinito; no obstante que excederá por mucho cualquier cosa imaginable en este mundo.

Para poder acercarnos a El, Dios creó una dimensión de cercanía a Su ser. Moviéndonos a través de esta dimensión, somos capaces de acercarnos más y más a Dios aunque, de hecho, nunca podamos alcanzarlo. Esta dimensión es lo que conocemos como mundos espirituales; siendo que nuestros sabios llaman al mundo espiritual mas elevado, el de Atzilut -el Mundo de la Cercanía. Todos los mundos espirituales fueron creados como vehículos por medio de los cuales podemos acercarnos a Dios. En cierto sentido, actúan como un filtro que, nos permite acercarnos a Dios sin ser destruídos por Su Luz Infinita.

En varios lugares nuestros sabios hablan de estos mundos como de los Tesoros Celestiales. Por ello, Israel canta sobre Dios (El Cantar de los Cantares 1:4) “El rey me meterá en sus habitaciones”. Nuestros sabios comentan que Dios pondrá a los justos en Sus habitaciones celestiales y les permitirá probar los tesoros en lo alto.

Este es también el significado de la luz que fue creada en el primer día de la creación. Nuestros sabios nos enseñan que no era simplemente luz física, sino una luz maravillosa con la que uno podía ver “de un extremo del universo al otro”. Esta era la luz de la percepción, brillando en todos los mundos espirituales, con la que uno podía experimentar esta visión de Dios. Entonces, continúan nuestros sabios, “Dios apartó esta luz para los justos en el Mundo por Venir”. Esta es la luz de la percepción con la que podremos participar de lo Divino -el “resplandor de la Presencia Divina”. Elihu hablaba de esto cuando le dijo a Job (Job 30:30) que Dios “apartara su alma de la destrucción, para iluminarlo con la luz de los vivientes”. El sabio Salomón nos dice que esta luz es la fuente de la vida eterna, cuando dice (Proverbios 16:15) “…En la alegría del rostro del Rey está la vida …”.

La meta suprema de Dios en la creación fue el Mundo por Venir, donde el hombre podría percibir una visión de Dios. Posiblemente a través de muchos filtros, pero a final de cuentas, una visión de Dios. El Salmista canta sobre esta visión (Salmo 17:15) “En justicia, yo veré tu rostro; cuando despierte, estaré satisfecho con Tu semejanza”. El Salmista está hablando del tiempo cuando él se despierte a las delicias del Mundo Futuro. Nuestros sabios comentan sobre este versículo. “Dios satisfacerá a los justos con una visión de la Presencia Divina”

La dicha del Mundo Futuro será interminable, ya que en Su interminable bondad, Dios nos dará un mundo sin fin. El Salmista está hablando de esto cuando dice (Salmo 16:1 1) “En tu presencia hay plenitud de gozo; delicias en Tu diestra para siempre.”

Obviamente, todo acerca de este Mundo Futuro está completamente por encima de nuestra capacidad de descripción, ya que ninguna mente humana puede siquiera imaginario en esta vida. Aún las visiones de los más grandes profetas palidecen en comparación; y no puede ser captado, sino sólo como un regalo Divino, y cuando El nos lo dé, lo comprenderemos. Por lo tanto, dice el profeta cuando habla del Mundo por Venir (Isaías 64:3) “Nunca oídos percibieron, ni ojo lo ha visto fuera de Dios: lo que El hará por el que en El es era”.

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