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La Justicia Divina
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Con Libertad y Justicia para Todos [2]

Extraido de Esta Tierra es Mi Tierra

En su explicación sobre la justicia Divina, el Rebe Najmán explica el motivo de la supervivencia de los malvados que oprimen a los justos. Muestra que Dios otorga una exacta medida de justicia y que el sufrimiento de los justos cumple un propósito. Una complicada lección del Rebe trata sobre la justicia y el papel de la Tierra Santa para aumentar el mishpat y ejecutar la justicia.

Los malvados miran con “mal ojo”, ven a sus opositores con celos y con deseo de hacerles daño. Pero uno se ve liberado de tales intentos debido a que Dios busca encontrar mérito en los malvados. Cuando Dios encuentra mérito, debido a una buena acción realizada por la persona malvada, Él puede incluso exonerarla de la justicia [por el momento], para salvar al hombre justo de la opresión del malvado. También, en virtud de la exoneración del hombre malvado, el hombre justo puede verse libre del sufrimiento por sus pecados [si los malvados son juzgados favorablemente por una sola buena acción, entonces ciertamente los justos serán liberados].

Para poder retirar el juicio, debe revelarse una “mano”, como en el versículo, “Y Mi mano empuñará el juicio” (Deuteronomio 32:41), para que el juicio no abrume a los malvados. Cuando la mano de Dios se revela para iniciar la justicia, esa misma mano crea una “sombra” en la cual se oculta al justo del veneno producto del mal ojo del malvado. En este amargo exilio, los ojos de los malvados están pulidos como un espejo y su mirada ponzoñosa ve a la distancia, como está escrito, “Ellos miran y me consideran” (Salmos 22:18). Sin embargo, la sombra de la mano de Dios [es decir, Su justicia] que exonera al malvado protegerá también al justo.

La “sombra” que libera [al justo] de los malvados, debido a que ellos son exonerados, fortalece la fe de los justos. Ellos pueden reconocer que Dios es recto en Su justicia pese al hecho de que los malvados son exonerados. Esto parecería ser una justicia pervertida, pero los justos ven que la absolución de los malvados en el juicio aún sigue siendo la justicia del Santo, bendito sea. Al final, Dios “no justificará al malvado” (Éxodo 23:7). El resultado del fortalecimiento de la fe de los justos es que ahora son capaces de orar, pues el corazón [del hombre justo] es despojado de su previa maldad, la que tenía antes de haber comprendido la justicia de Dios…

Al comienzo las preguntas [sobre el sistema judicial de Dios] le impedían creer completamente en Dios, porque parecía que el Santo, bendito sea, había pervertido la justicia, Dios no lo permita. Pero cuando el hombre justo percibe la justicia de Dios, su corazón se llena de una fe perfecta y puede entonces orar por todas sus necesidades, pues la fe es el fundamento de la plegaria. Todo está en poder de Dios. Y el Santo, bendito sea, no le niega su recompensa a ningún ser, porque Dios es justo (Likutey Moharán I, 55).

El Rebe continúa explicando cómo es que la plegaria perfecta puede purificar a la persona incluso de la peor de las impurezas. Y cuando uno alcanza el nivel de la plegaria perfecta, invoca entonces el mérito de los Patriarcas quienes, a su vez, revelan la santidad de la Tierra Santa. Cuando esta santidad se revela, es posible ver la caída de los enemigos y percibir entonces la justicia Divina.

Así, mishpat sólo puede ser percibido cuando se revela la santidad de la Tierra Santa. Explica el Rebe:

La única manera de ver la caída de los malvados es a través de la revelación de la santidad de la Tierra de Israel, que corresponde al versículo “Siéntate a Mi derecha, hasta que Yo haga de tus enemigos tu escabel” (Salmos 110:1). IaMiN [mano derecha], connota la Tierra de Israel, pues es una referencia a Benjamín [BeN IaMiN] quien nació en la Tierra de Israel.

Al introducir a Benjamín, el Rebe Najmán hace una conexión entre la “mano derecha” y la Tierra de Israel. De acuerdo con el Zohar (I, 158a), Iaacov se apresuró a dejar la casa de Labán para asegurarse de que Benjamín naciera en la Tierra Santa. (Él fue el único hijo de Iaacov que nació en la Tierra). Benjamín fue la última tribu, la décimosegunda, que perfeccionaría el Maljut de santidad, pues las tribus darían nacimiento a la nación que recibiría la Torá y revelaría a Dios en el mundo. De aquí que ellas representan el Maljut de santidad.

Por lo tanto, Benjamín tenía que nacer en el ámbito de Maljut, en la Tierra Santa. Cuando se revela la mano derecha, la Tierra Santa, los malvados experimentan su caída. Pues la mano derecha representa la mano del juicio, tal como hemos indicado. El Rebe Najmán continúa:

Pero durante el exilio, la santidad de la Tierra Santa es ocultada por el Otro Lado, de modo que su santidad no puede ser revelada. Sin embargo, es posible revelar y traer su santidad incluso durante este amargo exilio, de acuerdo con el versículo, “Mas ni aun por todo esto, cuando estén en la tierra de sus enemigos…” (Levítico 26:44). Incluso en el amargo exilio, es posible descubrir el significado del versículo, “Mas ni aun por todo esto…”.

¿Cómo es posible traer la santidad de la Tierra de Israel a través de la iluminación del mérito de los Patriarcas? Según el Zohar (III, 174a), siempre que los Patriarcas estén presentes, también está presente la Presencia Divina, tal cual está aludido en el versículo, “Entonces recordaré Mi pacto con Iaacov… Itzjak… Abraham… y recordaré la Tierra” (Levítico 26:42). Cuando brilla la luz del mérito de los Patriarcas, se revela la santidad de la Tierra de Israel. Entonces, no sólo uno se salva de los malvados, sino que también puede ver cómo los malvados sufren el mismo destino que quisieron para uno.

La frase hebrea para “Mas ni aun por todo esto” es “veaf gam zot“. A lo largo de la Biblia, del Talmud, del Midrash y de los textos Kabalistas, la palabra zot corresponde a Maljut, la Shejiná, la Presencia Divina (Tikuney Zohar #21, p.61a). Por lo tanto, el versículo puede interpretarse como que incluso en el exilio, bajo el control del enemigo, la Presencia de Dios estará allí para nosotros y podrá ser revelada. Al invocar el mérito de los Patriarcas y recordar a Abraham, Itzjak y Iaacov, la iluminación de la santidad de la Tierra Santa es también sacada a luz, pues los Patriarcas mismos descubrieron a Dios (Su Maljut) y le revelaron Su Presencia al mundo.

De acuerdo con la Kabalá, los Patriarcas representan Jesed, Guevurá y Tiferet, respectivamente, la tríada superior de las sefirot de Zeir Anpin (ver Apéndice). mishpat es paralela a Zeir Anpin (ver capítulo 15). Zeir Anpin puede iluminar los niveles inferiores cuando brilla e ilumina a Maljut. Por lo tanto, para que mishpat salga a la luz es necesario que la luz de Zeir Anpin, de los Patriarcas (aquéllos a quienes se les prometió la Tierra), pueda fluir hacia Maljut, la Tierra Santa. Esto puede hacerse cuando se recuerda el mérito de los Patriarcas y se perfecciona la plegaria. Entonces el mishpat (Zeir Anpin) de Dios puede ser revelado apropiadamente a través de la santidad de la Tierra Santa (Maljut). Cuando mishpat se revela, a través de la Tierra Santa, entonces se ejecuta la justicia.

Cuando se revela Maljut (la Autoridad y el Reinado) de Dios, prevalece la justicia pues Maljut puede administrar justicia. Entonces los justos son liberados de los malvados y son testigos del destino de los malvados, cuyas intenciones serán reveladas. En lugar de que los malvados cometan malas acciones contra los demás, ellos sufrirán sus propia maldad. Por ejemplo, Hamán quiso colgar a Mordejai, pero él mismo terminó colgado. Esto sucede pues ha sido revelada la santidad de la Tierra Santa.

En conclusión, la justicia debe ser ejecutada y todos deben ser recompensados o castigados de acuerdo con sus acciones. El hecho de que los malvados parezcan estar exonerados como recompensa de algunas buenas acciones específicas permite que los justos puedan tener un espacio para respirar. De otra manera, los justos también deberían sufrir un castigo inmediato por sus malas acciones. Pero si los malvados son absueltos, también los justos merecen una postergación del juicio. Mientras tanto, si ellos se arrepienten, sus pecados pueden ser perdonados y su juicio mitigado. Pero la verdadera justicia sólo puede prevalecer cuando se revela la santidad de la Tierra.

Jaim Kramer

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