Investigando
El Enfoque de la Ciencia frente a la Torá I.
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Carta Nº 53 – Hipotesis sobre bases endebles (Continuación)

Carta 53 – Más Sobre el Mismo Tema

* El criterio científico, después de Heisenberg * “conclusiones” sin base experimental * Catalizadores, elementos radioactivos, densidad atmosférica y rayos cósmicos * ¿De dónde surgió el protoplasma primordial? * Creatio ex nihilo y Evolución en la óptica científica

B”H, 4 de Siván de 5716 [1956].
¡Shalom ubrajá!

… aprovecho la oportunidad para adjuntar mi parecer respecto de los planteos expuestos en su última carta.

En lo que hace a la contradicción, como si lo fuera, entre la opinión de los investigadores respecto del tiempo necesario “para la aparición de la escritura y el desarrollo de las lenguas y las culturas en general” y la interpretación llana y literal de la Torá, los dichos de nuestros Sabios y lo que es tradicional en nuestro pueblo en el curso de las generaciones respecto del cómputo de años a partir de la Creación del mundo -que estamos en el año 5716 desde la Creación, tal como el texto que se emplea en los documentos, etc. -, “cuestión ésta que constituye el planteo principal en el curso de las investigaciones del presente” – a mi juicio no es posible que ello plantee contradicción alguna por cuanto es imposible objetar algo a partir de una mera conjetura.

Con ello pretendo decir lo siguiente:

1) En términos generales, en referencia con todas las conclusiones cientificas, es bien conocido el principio y fundamento (denominado, creo, con el nombre de Heisenberg) de que todas las “leyes” existentes, en todas las ramas de la ciencia, no son más que hipótesis de mayor probabilidad, más próximas a concretarse. Vale decir: la persona no puede conocer nada del futuro con absoluta certeza, sino sólo por hipótesis. Y una de las hipótesis es que cuanto más se incremente el número de fenómenos, así aumentará proporcionalmente la fracción de los que coincidan con las hipótesis que se dan por llamar “ley”, en relación con la fracción que no coincide con la “ley”. Esto mismo, a su vez, no es más que ‘probable”, como se dijera, pero no “seguro”. Por ejemplo, de verse una piedra volando de abajo hacia arriba y no a la inversa, no estaremos ante un fenómeno que contradice a la ciencia y sus conclusiones, sino ante uno que contradice al hábito.

Lo mismo es válido para todas las “leyes naturales”, sin excepción. Y con más razón en lo que hace a las leyes de la evolución, sobre las que entre los mismos cientificos encontramos diferentes teorías que contradicen e impugnan unas a otras.

2) En adición a lo mencionado: aun de existir en el presente una ley (verdadera y no hipotética) y un orden de evolución fijos, no se los podría tornar como norma para la ley y el orden de evolución imperantes en una época precedente a la nuestra en varios miles de años.

Cuando se intenta analizar la evolución pretérita, se hace necesario recurrir a hipótesis muy diversas y numerosas, y carentes de todo fundamento en la experiencia. Los mismos investigadores reconocen unánimemente que las condiciones naturales y de vida eran entonces totalmente diferentes de las actuales, como ser la temperatura ambiente, la presión atmosférica, la presencia de elementos radioactivos en una medida muy superior a la de ahora, la relación entre el reino animal y el vegetal, etc., etc.
Es asombroso que los investigadores empleen la información conocida para la evolución en el presente como fundamento de sus conjeturas respecto de un pasado en extremo distante, como si nada hubiera cambiado, formulando hipótesis e infiriendo conclusiones (aunque ninguno de ellos intentó jamás verificar sus conjeturas en el crisol experimental de las condiciones imperantes entonces), que se aceptan sin titubeos y se proclaman como leyes.

¿Cómo es esto posible?

Si hasta hace poco subsistía todavía al respecto cierta sombra de veracidad, en nuestra época, época de crisis también para la ciencia, incluso esta sombra se ha disipado y desvanecido. A modo de ilustración: se pudo verificar que siquiera la presencia. de una medida extremadamente pequeña de catalizador, o de elemento radioactivo, altera los fenómenos y su velocidad, a veces de la manera más sorprendente. Este descubrimiento descarta la posibilidad de una evidencia científica para arribar a conclusiones científicas respecto del proceso – de evolución de las plantas y los animales, etc., en un entorno y bajo condiciones existentes entonces con elementos radioactivos en una medida mucho mayor a la de hoy.

Esta es sólo una parte de las condiciones que indudablemente cambiaron, pues además tuvieron lugar también muchos otros cambios fundamentales, como ser la composición de la atmósfera y su densidad, cosa que influye en forma cardinal sobre el modo de penetración y el efecto que tienen sobre la tierra la radiación solar y los rayos cósmicos de todo tipo.

3) Además de todo lo enunciado – todas las teorías de la evolución (y en consecuencia todas las preguntas anteriores) descansan sobre la hipótesis de que inicialmente había una masa protoplásmica primordial, que en algún momento y período determinado, Por motivos totalmente desconocidos, comenzó a evolucionar por medio de la unión progresiva de sus componentes, hasta que luego de una época dada alcanzó el grado de vegetal, luego el de animal, etc. Pero cuando se pregunta “¿cuál es el origen del protoplasma primordial?”, la respuesta es que “no es función del investigador cientifico responder a esa pregunta”. Y si la pregunta fuera formulada a un investigador creyente, responderá que fue creado a partir de la nada (ex nihilo) por el Creador. Lo mismo es válido para la pregunta fundamental: ¿qué provocó que aquellas causases se pusieran en funcionamiento precisamente en esa época y no antes ni después?

Obviamente no se comprende, para nada, qué ventaja ofrece y cuál es el carácter cientifico de una hipótesis y conjetura que sostenga que el Creador creó miles de millones de átomos imponiéndoles leyes determinadas, y que los átomos evolucionaron gradualmente en base a estas leyes, por sobre nuestro enunciado -conforme la interpretación literal del Libro de Génesis- que en el primer día Di-s creó los cielos y la tierra, en el segundo etc., hasta que en el sexto día creó al hombre ya dotado de inteligencia, parlante y en un grado de desarrollo superior. Por el contrario, desde la óptica cientifica contemporánea, la creación de algo a partir de una nada absoluta, siquiera la de un organismo simple unicelular, es un imposible mayor que la creación de un ser de desarrollo superior a partir de un ser simple en el curso de un tiempo extremadamente breve.

La “contradicción”, para llamarlo de alguna manera, más grande entre la ciencia y la fe, es el concepto de creatio ex nihílo. Porque ciencia significa la explicación a partir de algo visto al menos una vez, y creatio ex níhílo es algo que no puede “demostrarse” de esta manera. Por el contrario, conforme las “conclusiones” de la investigación de los últimos tiempos, la aniquilación del “algo” para volverlo “nada”, y viceversa, la creación de algo a partir de la nada, es imposible que tenga lugar en la naturaleza. Le resultará más fácil creer en la creación de un ser humano desarrollado, y lo mismo respecto del mundo animal, etc., -tal como dijeran nuestros Sabios: “Toda la obra del Génesis fue creada en forma plena” (Talmud)- a quien cree en creatio ex níhilo a pesar de la mencionada “conclusión”. No tiene sentido limitar la capacidad del Creador exclusivamente a la creación de algo a partir de la nada, y quien puede hacerlo, con más razón puede crear a un ser humano de la tierra.

En consecuencia, todas las hipótesis referidas al tiempo necesario para la evolución caen por sí mismas, por cuanto no hay ninguna consideración cientifica, ni prueba, de que los seres no hayan sido creados tal cual son hoy (aun si se pretendiera decir que posteriormente se agregaron especies vegetales y animales desarrolladas de las que les precedieron).

4) Sobre esto he oído preguntar: “¿Por qué motivo tendría que crear el Creador por separado al mineral, al vegetal, al animal y al ser humano, cuando bien podría haber creado sólo al mineral más simple y dejarlo evolucionar conforme las leyes de evolución, sin tomarse la molestia, como si fuera, de una creación de seis días consecutivos?”

Obviamente, esta pregunta no es para nada científica, al tiempo que implica una contradicción en sí misma. Pues científicamente no hay motivos para la creación de algo a partir de la nada y la instauración de leyes naturales tal cual nos son visibles, por lo que no tiene cabida preguntar “¿por qué suponer que tuvo lugar un determinado fenómeno que es incomprensible a la razón humana, cuando en lugar de éste bien podría haber tenido lugar un fenómeno diferente?”, porque también éste es incomprensible al intelecto humano. Como se dijera antes, es a la inversa: el segundo fenómeno -la creación de algo a partir de la nada-, desde la perspectiva cientifica, es mucho más “cuestionable” que la creación del hombre tal cual es partiendo del reino mineral, sin gradaciones intermedias…

Con bendición.

Rebe Menajem M. Shneerson

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