Notas destacadas
Notas (250-260)
+100%-

Y dónde está la Suca?

Extraido de jabad magazine

Víspera de Sucot, 1914.
Los efectos de la Primera Guerra Mundial en Europa estaban sintiéndose incluso tan lejos como en la Tierra Santa. Muchas de las rutas del suministro estaban cerradas y los comestibles eran escasos. El antiguo barrio judío sufrió numerosas pérdidas, no sólo provocadas por el penetrante hambre sino también por las enfermedades contagiosas que estaban pasando su factura. No obstante, siempre que una festividad judía se acercaba, la atmósfera cobraba exultación espiritual y alegría.

Por esos días, la Sucá del famoso Reb Motele de Rajmistrivka era la mayor atracción. El Tzadik se había vuelto rápidamente una de las figuras más queridas en Jerusalem desde su llegada de Rusia, diez años atrás. Todos habíamos quedado pasmados aquel primer año, cuando Reb Motele había construido la Sucá más elaborada y bonita que jamás hubiéramos visto. No sólo que el Tzadik la había construido, sino que también la había decorado personalmente con una habilidad artística considerable. La Sucá estaba hecha de la madera más fina, con talladuras que adornaban sus paneles y que pintaban escenas relacionadas con la festividad.

Reb Motele había traído los pesados paneles con él desde Rusia. Cierta vez había revelado, que esta bella Sucá la había heredado de su padre, Rabí Iojanan Twerski, primer Rebe de la dinastía de Rajmistrivka que había heredado a su vez el tesoro familiar de su propio padre el famoso Rebe, Reb Motele de Chernobyl. Con cada generación subsiguiente, sus paredes de madera habían absorbido medidas adicionales de santidad.

Durante diez años los judíos de Jerusalem se habían maravillado por la suntuosa estructura que contrastaba llamativamente con sus propias humildes cabañas. Decenas de personas se reunían alrededor de ella con temor reverencial. De hecho, se contaron muchas historias sobre su poderoso aura espiritual. Incluso se decía que Rabi Dovid de Lelov había dicho acerca de ella que poseía “una semejanza a la Sucá superna en lo Alto.”

Ese año en particular, sin embargo, cuando los residentes de Jerusalem hicieron su clásico paseo para admirar la Sucá de Reb Motele, se llevaron el susto de sus vidas. En lugar de la imponente construcción finamente tallada, encontraron al Tzadik sentado en una choza diminuta y tambaleante. Para no faltar el respeto a Reb Motele, escondieron su asombro y no dijeron nada. Pero estaban naturalmente curiosos y no podían comprender lo que había pasado.

Esa tarde, se propusieron varias teorías. Alguien sugirió que quizás el hambre terrible le hubiera obligado a Reb Motele a vender la Sucá, pero esta explicación se rechazó de plano. Todos recordamos cómo varios años atrás, un filántropo famoso había llegado a Jerusalem y le ofreció una verdadera fortuna a Reb Motele por la venta de la Sucá. Reb Motele se había negado rotundamente. No, tenía que haber otra explicación. Era absolutamente imposible que Reb Motele se separara de su querida Sucá. Pero… ¿qué había pasado?

Durante las semanas siguientes la desaparición de la Sucá de Reb Motele era el tema de charla del pueblo. Pero entonces, un día el misterio fue resuelto desde una dirección completamente inesperada:
Una tarde durante ese invierno particularmente frío, se realizó una reunión en una sinagoga de Jerusalem para conmemorar el fallecimiento de un tzadik de una generación anterior. Muchas de las figuras más prominentes de la ciudad santa asistieron, entre ellos el anciano Jasid Rabí Israel Meir Gottlieb. De repente, en medio de la comida conmemorativa, el anciano Rabino se puso de pie y pidió la palabra. El salón quedó inmediatamente en silencio. “Me gustaría que esta ocasión pueda servir también como una expresión personal de mi agradecimiento,” declaró.

“Hubiera sido correcto realizar una celebración por separado, pero desgraciadamente, los tiempos que corren son tan difíciles que va más allá mi habilidad financiera el hacerlo”. “Hace un tiempo mi joven nieto estuvo muy enfermo,” empezó. “Su condición empeoró hasta que los doctores indicaron que la única manera de salvar su vida sería bañarlo en agua caliente varias veces por día. Todos saben lo que esto significaba en un momento en que era imposible obtener una gota de querosén o un trozo de carbón. ¿Cómo podríamos calentar el agua para darle un baño al muchacho siquiera durante un día?

“A ese punto, fui a mi Rebe, Reb Motele, y le expliqué la dificultad de mi nieto. Por un breve momento Reb Motele permaneció callado. Entonces saltó, tomó mi brazo y me llevó a un depósito en la parte de atrás de la casa. Abriendo la puerta, apuntó dentro y dijo: “Toma la madera de aquí”. “¿Qué puedo decir?” Rabí Israel Meir agitó su cabeza con temor. “Cuando vi que el Rebe estaba apuntando a los tableros de su Sucá, mi cuerpo entero empezó a temblar. Ciertamente estaba confundido. Pero Reb Motele no me permitió siquiera pensar sobre ello. “Debes tomar la madera. Se trata de salvar una vida”.

“Con el corazón quebrado seguí sus instrucciones, hachando los santos paneles en pedazos pequeños para que prendieran fuego y quemaran. Mi nieto se dio los baños según las órdenes de los doctores, y gracias a Di-s, la semana pasada se ha recuperado totalmente. Me gustaría por consiguiente considerar esta comida en honor a su recuperación. “¡Pero para decir la verdad, no sé lo que me impresionó más” concluyó “el milagro de la recuperación de mi nieto, o la piedad de Reb Motele!”

Ierajmiel Tilles

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top