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5.Itró
El Libro de Shemot (Exodo)
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Viviendo cada Dia

Mira, Yo vengo a ti en la densidad de una oscura nube (Exodo 19:9).

Rabí David Moshé de Tchortkov dijo: “La presencia de Di-s es a menudo contenida en la densidad de la oscuridad. A pesar de que el mundo está lleno de la gloria de Di-s, Su presencia está acentuada en la oscuridad de la aflicción”.
“Yo moro entre el humilde y oprimido” dice Di-s (Isaías 57:15). El reconocimiento de Di-s, la fe y confianza en El, es más probable que sean hallados en aquellos carenciados antes que en aquellos quienes abundan en riqueza.
Moisés sabía dónde hallar a Di-s. “Y Moisés abordó la oscura nube, donde estaba la presencia de Di-s” (Exodo 20:18).
Cuán tontos somos en dejar pasar por alto la presencia de Di-s cuando El está con nosotros en los momentos más oscuros de nuestras vidas.

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Hacia los rectos y hacia los devotos, hacia los ancianos de Tu pueblo, hacia el remanente de eruditos sobreviviente, hacia sinceros prosélitos y hacia nosotros mismos, que Tu compasión sea movida, Oh Di-s, nuestro Di-s (Amidá diaria).

El destino y fuerza del judaísmo está en su espiritualidad y moralidad. Cierto, la nación judía ha dado al mundo algunos de sus más grandes científicos, filósofos, facultativos, y matemáticos. Pero el encargo que nos fue dado en Sinai no fue producir una nación de genios científicos. “Y ustedes serán para Mí un reino de sacerdotes y una nación sagrada” (Exodo 19:6). Así es como todo comenzó, y así es como fue destinado a ser. La nación judía fue destinada a ser un faro de kedushá, iluminando rectitud y moralidad para toda la humanidad.
Nosotros oramos por nuestro sustento y por nuestro bienestar. Oramos por nosotros mismos como individuos y como comunidad. Pero nunca debemos olvidar nuestra obligación primaria, la cual requiere la sabiduría, guía, y enseñanzas de eruditos de Torá, y oramos por su bienestar.
No debemos perder de vista nuestra misión.

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El Santuario en el desierto fue consagrado durante los primeros doce días de Nisán, con el príncipe de cada una de las doce tribus trayendo una ofrenda cada día.
Es de interés que a pesar de que cada una de las doce ofrendas era idéntica en composición, la Torá, que asiduamente evita aún una sola letra superflua, enumera en detalle las ofrendas de cada príncipe (Números 7:1-83).
La enseñanza inherente en esto es que el servicio consagrado a Di-s exige un compromiso personal y una convicción personal. Aún si lo que hacemos es apropiado, no debería ser hecho por conformidad o simplemente para imitar a otros.
El Judaísmo es fieramente individualista. ”Yo soy el Señor, tu Di-s” (Exodo 20:2) fue dicho en el singular. La relación de cada persona con Di-s es sumamente personal.

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Y los judíos acamparon (en Sinai) enfrentando la montaña (Exodo 19:2).
El Rabí de Karlín observó, “Donde hay un intento de establecer carácter judío, habrá montañas de obstáculos”.

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Ve al pueblo, y santifica a ellos hoy y mañana (Exodo 19:10).

Los tres días antes de recibir la Torá fueron días de intensa preparación espiritual, con abstinencia de gratificaciones físicas. A pesar de que las restricciones de estos días especiales no se extendieron más allá de la revelación en Sinaí, sus efectos fueron de larga duración.
Períodos de intensa espiritualidad y abstinencia son de poco valor si después de su terminación las personas regresan a su falta de sobriedad. Debe haber una reserva de espiritualidad dentro de nuestra vida de todos los días. Moisés fue instruido por Di-s, “Santifica a ellos hoy y mañana”. Ayúdalos a lograr una santidad que perdurará en el futuro.
Algunas veces experimentamos momentos de elevada espiritualidad, pero ellos son pasajeros. Cuando tales momentos ocurren, deberíamos parar y meditar, y permitir que la experiencia quede impresa. Nosotros deberíamos preservar estos preciosos momentos y hacer a estos sentimientos parte de nuestra personalidad.

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Y toda la nación vio los sonidos, las llamas, el sonido del shofar, y la montaña humeante, y el pueblo vio y tembló, y permaneció parado a lo lejos (Exodo 20:15).

Preguntó el Rabí de Rizhín: “¿Qué significa que el pueblo permaneció parado a lo lejos?”
Y contestó: “Hechos milagrosos y maravillosos son para los no- creyentes, a quienes Di-s debe probar Su existencia a través de fenómenos sobrenaturales. Los verdaderos creyentes no necesitan ninguna prueba. Su fe es segura”.
Hay un popular cliché: “Ver para creer”. Esto es patentemente incorrecto. Creencia es cuando uno no ve. Cuando uno ve algo, ya no hay ninguna necesidad de creer.
Tener fe en Di-s es necesario precisamente porque no podemos verlo. Aquellos quienes tienen tal fe se paran cercanos a Él. Aquellos que requieren milagros permanecen parados a lo lejos.

 

Extraido de Viviendo cada Dia. Editorial Bnei Sholem

Rabino Avraham Twerski

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