Estudiando
5.Koraj
El Libro de Bamidbar (Números)
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Vezot HaTora: La Insurreccion

Extraido de Vezot Hatora

Una de los incidentes más difíciles de comprender que experimentaron los judíos durante su travesía por el desierto, fue el levantamiento pergeñado por nada menos que el primo-hermano de Moshé: Koraj, quien trató de destituir a los mismísimos Moshé y Aharón de sus cargos.

¿En qué momento sucedió la sublevación de Koraj?
Ibn Ezra ubica esta contienda inmediatamente después de la puesta en funciones de los Cohanim en reemplazo de los primogénitos (pues Koraj mismo era primogénito, y se sintió desplazado). Ramba»n, en cambio, opina que Koraj esperó y aprovechó el malestar generalizado que provocó el dictamen de D»s, en el sentido de que aquella generación moriría gradualmente en el desierto por la desconfianza que provocaron los espías, mientras que solo la generación de los menores de 20 años a esa fecha, ingresaría a Israel. Así pudo llevar adelante la protesta en contra de Moshé y Aharón, aun cuando sus desazones internos eran motivados por razones completamente distintas.
Si bien el malogro de los espías fue producto de la exigencia de la gente de enviar a estos emisarios, y su posterior llanto inapropiado – y no de Moshé, siempre es más fácil culpar a otro por los fracasos propios (Rav Ierujam Levovitz sz»l).

Los Sabios nos transmitieron los designios internos que tuvo Koraj para intentar el golpe, como así también, qué le hizo sentir tanta seguridad como para convencerse que su alzamiento sería exitoso.

Las decisiones que tomamos los humanos – aun cuando pregonamos y creemos que hay un argumento justificado y auténtico que provoca aquella acción (tal como Koraj proponía), no dejan de estar influenciados – en mayor o menor medida – por pasiones subjetivas que permiten que la mente humana fantasee en cierta dirección. El caso de Koraj no fue una excepción a este fenómeno: hubo una cuota importante de envidia en su acto de sedición.
¿Por qué?
Koraj era una de las personas más renombradas entre el pueblo y, al margen de ser difícil sostener la preeminencia de su primo Moshé, se «le colmó el vaso» con la designación de otro primo (Elitzafán – hijo de un hermano menor de su padre) al cargo de jefe de la rama leviita de Kehat. «La envidia corrompe los huesos…» (Mishlei 14:30).

Koraj era también una persona muy adinerada. La posesión de riqueza suele ser un gran desafío espiritual. En el caso de Koraj, lo llevó a sentirse arrogante y finalmente lo hizo caer. Así versa el pasaje: «riquezas abarrotadas por sus dueños para su infortunio» (Kohelet 5:12).

Koraj no actuó solo: ¡lo acompañaron en este golpe 250 de las máximas y más respetadas personalidades de la época! – a quienes arrastró consigo a la perdición.
Uno de los peores males que desvían a los seres humanos del camino correcto, es la adulación de la que sean objeto.

Koraj invitó a sus secuaces a brindar con él. La lisonja fue mutua. Mientras Koraj agasajaba a sus acólitos, ellos lo apoyaron en su gesta. Finalmente cayeron todos juntos como producto de su propio ardid (Sanhedrín 52.).

Si bien los argumentos que Koraj esgrimía decían defender la igualdad de todos los judíos («¡¿acaso no es todo el pueblo santo y está D»s entre ellos…?!»), no se abstuvo de crear patrañas que hicieran parecer la enseñanza de Moshé, como producto de su egolatría, restándole la importancia inherente a su condición de ley Di-vina.

Los absurdos con los que Koraj «demostró» la «certeza» que La enseñanza de Moshé no era de origen Di-vino, se describen en el Midrash:
¡¿Cómo puede ser que un Talit de color íntegramente Tejelet, requiera que se le agregue hilos con Tejelet?! o:
¡¿cómo se concibe que una casa llena de rollos de Torá requiera igualmente una Mezuzá (que es un texto que aparece en la propia Torá) en el dintel de su puerta?!
Seguidamente, Koraj narró una historia inventada, en la que una pobre viuda perdía progresivamente todas sus pocas pertenencias a raíz de las distintas cargas (ordenadas por Moshé = la Torá) que debía aportar para los Cohanim…

Una visión selectiva

Nos falta responder: ¿qué le hizo creer que su alzamiento sería exitoso?
Koraj también conocía parte del eximio futuro que tenía predestinada su prole.
El gran profeta Shmuel, quien equivalía a Moshé y Aharón, sería descendiente de él. Este discernimiento permitió que Koraj entrara en su delirio de poder superar a Moshé y le dio la falsa sensación de «seguridad». Siendo así – ¡¿acaso podía estar él tan equivocado?!
Lo que no supo en aquel momento, era que si bien él caería como consecuencia de su rebelión, sus hijos se retractarían a último momento, permitiendo así que el vaticinio de su prodigiosa sucesión se cumpliría sin él…
Koraj podía haber juzgado de manera opuesta: «considerando que afortunadamente tengo el privilegio de tener un descendiente del calibre de Shmuel – ¡¿para qué debo involucrarme en esta clase de pleitos?! Sin embargo, desafortunadamente, el conocimiento de un dato importante no obliga a su interpretación ideal. Así fue que Koraj tergiversó lo que supo, hacia el lado opuesto… (Rav Avraham Pam sz»l).

La primera gestión de disuadir

Moshé intimó a Koraj y a su gente a que, si estaban tan seguros de ser ellos los líderes auténticos del pueblo, entonces trajeran todos (los 250 seguidores) el incienso (tarea exclusiva del Sumo Sacerdote) al día siguiente, a sabiendas que solamente uno de ellos sería elegido por D»s. Los demás morirían (ellos ya lo sabían, pues conocían lo que había sucedido con los propios hijos de Aharón).
No obstante, los 250 hombres trajeron incienso…
¿Qué atravesó sus mentes?
«Yo soy el verdadero elegido» – deben haber pensado – «y quienes me acompañan en la revolución, mis compañeros de fórmula – morirán…», y fueron juntos a ofrendar el incienso que al final les provocaría la muerte a todos.

Uno de los argumentos con los que Koraj retó a Moshé fue el hecho de que el sacerdocio se transmitiera en forma de dinastía: ¡¿y si los descendientes de Aharón no tuvieran la misma calidad y talla que su abuelo?! ¡¿con qué derecho mantendrían aquella distinción?!

Sin embargo – argumentó Moshé – con tal razonamiento los judíos también dejarían de ser judíos si no hubieran de mantener los atributos de sus antepasados. Siguiendo esa línea de pensamiento, el futuro del pueblo sería dudoso. «Pero» – respondió Moshé – «del mismo modo en que D»s separó tajantemente el día de la noche, así también apartó definitivamente a Israel de las naciones. Asimismo, la designación de la prole de Aharón para el cargo de Cohanim es irreversible».

Dos mujeres muy distintas

Koraj regresó a su tienda después de haber sido elevado al status de Leví. En dicha ceremonia le habían rapado todo el cabello de la cabeza (al igual que a los demás leviim, por orden de D»s).
«¿Qué te pasó?» – indagó la esposa.
«Moshé me rapó la cabeza como parte de la ceremonia y Aharón me levantó como a un bebé…» relató Koraj.
«¿A ti? ¿no te da vergüenza que te pongan en el papel de ridículo? ¡Se están burlando de ti!» – insistió ella.
Koraj trató de defenderse de los embates de su mujer, pero no hubo caso. Ni siquiera sirvieron los argumentos en el sentido de que los propios hijos de Moshé habían «sufrido» el mismo trato. «¡Con tal de hacerte pasar vergüenza a ti, Moshé es capaz de cualquier cosa!» La señora de Koraj acompañó (o empujó) a su marido a la perdición.

Al comenzar la rebelión, la esposa de On ben Pelet se encontró con que su marido estaba a la par de Koraj en la organización del alzamiento.
El Talmud (Sanhedrín 109:) relata que On llegó a casa aquel día en que se había sumado a la rebelión y le contó a su sabia esposa la novedad. Ella, muy pronta, le preguntó cuál era el beneficio personal que tendría de esta pugna: «Si Moshé es el maestro, tú eres el alumno, y si Koraj es el maestro, tú eres el alumno – y nada más que eso».
On escuchó y sintió que su esposa tenía razón. «¿Qué puedo hacer ahora? ¡Ya le juré lealtad a Koraj y no me puedo echar atrás! ¡Le dije que lo seguiría y ahora no lo puedo defraudar!» – respondió. «No te preocupes, yo ya sabré qué hacer» – volvió a responder la esposa.
Le dio de tomar unas cuantas copas a su marido hasta dejarlo borracho. Luego se quitó lo que tenía puesto sobre su cabeza para taparse el cabello, y cuando vinieron los compañeros de On a buscarlo a la otra mañana para seguir en la lucha, se alejaron al verla a ella con el cabello descubierto (lo cual nos enseña incidentalmente sobre el grado de recato moral que poseían, aun aquellos revoltosos). La rebelión y la caída de los sediciosos terminaron sin On.

Una de las necesidades más elementales de todo marido, es sentirse apreciado por su esposa. Sobre esta actitud aplica el Talmud el pasaje: «la sabia entre las mujeres construye su casa, mientras que la necia la destruye con sus propias manos» (Mishlei 14:1).

Otro intento por evitar lo peor

Moshé hizo todo lo que estaba a su alcance para evitarle un daño a Koraj, a sus cómplices y a resto del pueblo.
Por lo tanto, llamó a Datán y Aviram, colaboradores de Koraj y viejos y repetidos provocadores, para hacerles entender su error. Pero éstos se negaron a ir: acusaron a Moshé de abusar del poder de su autoridad, cuando el digno Moshé ni siquiera se había tomado el atributo de utilizar un burro del pueblo cuando estaba ejerciendo su cargo de líder, precisamente dada su perfecta rectitud moral.
Finalmente, la rebelión fue creciendo hasta el punto de convencer a todo el pueblo y conducirlo hacia el abismo.
No se trataba «solo» de la afrenta de Koraj a D»s y a sus elegidos, sino que ponían en riesgo la mismísima creencia – a futuro – de la veracidad absoluta de cada palabra de la Torá escrita y oral. De este modo, la rebelión de Koraj en contra de Moshé era, y en consecuencia – en contra de D»s («todo aquel que discute a su maestro, es como si combatiera a D»s»).

Moshé, entonces, hizo un pedido inédito a D»s a ojos del pueblo entero: «Sólo Tú conoces lo que sucede en la mente y el corazón de cada persona, y distingues entre instigador y quien fue arrastrado incautamente. Si esta gente provocadora muriera una muerte habitual, entonces – efectivamente, como argumentaba Koraj – su enseñanza simplemente no había sido genuina. Sin embargo, si D»s habría de crear una muerte original, y la tierra se abriera tragándose a ellos y sus pertenencias, entonces todos deberían saber que estos hombres sediciosos habían injuriado a D»s.

Apenas Moshé hubo concluido su plegaria a D»s, sus palabras se cumplieron. La tierra se abrió y tragó a Koraj, Datán y Aviram y a sus respectivas familias. Solamente se salvaron los hijos de Koraj, quienes, como anticipamos, se arrepintieron a último momento (según ciertas opiniones Koraj cayó junto a los 250 hombres que lo acompañaron en desafiar a Moshé y ofrendar el Ketoret que no debían, y que fueron consumidos por un fuego espiritual – Sanhedrín 110.).

«Ven y mira qué terrible es la fuerza negativa de las peleas, pues si bien los tribunales terrenales no condenan a quien no ha llegado a la mayoría de edad, y los Tribunales Celestiales no lo hacen hasta los veinte años, ¡en este caso cayeron aun los bebés e infantes» de las familias de Datán y Aviram! (Rash»í)».

Normalmente, si un tercero molestara a sus hijos, nada impediría a los padres defenderlos de cualquier modo que tuvieran a su alcance. Sin embargo, cuando los propios padres se involucran en un litigio, dañan enormemente a sus hijos – y no hay quien proteja a estos… (Jafetz Jaim).

Al día siguiente

Con la muerte de Koraj y sus seguidores, la situación se debería haber tranquilizado.
Sin embargo, al día siguiente, el pueblo se alzó nuevamente acusando a Moshé y a Aharón de «haber provocado la muerte» de Koraj y sus partidarios (?!).
Puesto que creían que el error de Koraj era haber ofendido a Moshé, su castigo si bien obviamente Di-vino – podía haberse mitigado si Moshé mismo no hubiera sido tan estricto con el respeto que se faltó hacia su investidura.

¿Acaso, no podría haber habido otro modo de demostrar la veracidad de la designación de Moshé, sin recurrir a un castigo tan severo?

Esta vez, el castigo al pueblo fue inmediato, llegó en forma de epidemia, la que duró hasta que Aharón corrió y preparó un incienso que en medio de los moribundos, la interrumpió.

¿Por qué el Ketoret (incienso) tiene un poder curativo?
Una particularidad del Ketoret es que contiene el Jelbená, un ingrediente de olor muy desagradable, pero que en el conjunto de las demás especies aromáticas que componen la fragancia, le suma una nota grata. Así también, aun los pecadores, al estar unidos al conjunto de quienes obedecen la ley, son amparados (Rav Nisan Alpert sz»l).
El Ketoret, que se ofrenda en forma silenciosa (a solas) en el Bet haMikdash, expía el pecado de la maledicencia – que habitualmente también se lleva a cabo «a solas» (a espaldas de la persona de quien se está comentando – Zvajim 88:).

Pero aun así, las pérdidas fueron muchísimo mayores: ¡cayeron 14.700 judíos!
Las consecuencias de este segundo episodio fueron más graves que las anteriores, en las que había participado Koraj mismo.

Hay «peleas y peleas»

Pirkei Avot (5:17) menciona la contienda de Koraj en yuxtaposición a otros grandes que también polemizaron: Hilel y Shamai (y luego las Ieshivot que ellos establecieron).

Es posible una disputa franca que no significa que haya disgusto – sino amor – entre los protagonistas. Esto sucede cuando ambos persiguen la verdad con sinceridad y libre de «tener razón», y – aun menos – búsqueda de petulancia y aplausos.

Es así que hasta hoy estudiamos las opiniones de ambos: Bet Hilel y Bet Shamai, con la misma devoción, aun si en la práctica solamente nos podemos conducir como una de ambas opiniones (según hayan determinado los Sabios). Ambos dictámenes no caducaron con el tiempo pues había motivación Di-vina en sus palabras. Por lo tanto había también absoluta objetividad en sus posiciones.
Los integrantes de ambas Ieshivot mantenían relaciones cordiales de vecindad entre ellos (e incluso celebraban matrimonios entre las familias perfectamente): amaban férreamente la verdad y la fraternidad, sin que estos dos conceptos se contradijeran.

Por otro lado, también está la «unión» que encubre un odio latente. (Koraj y sus secuaces). Personas que se unen en protesta, cuando en su corazón cada uno de ellos desea él mismo el poder hegemónico sobre los demás, como sucede en los partidos políticos. Moshé no es el adversario. Son ellos mismos quienes en realidad no se toleran entre si.

Sin embargo, hay también quienes ven un paralelo en las controversias de Hilel y Shamai, y la de Koraj. Los seguidores de Koraj efectivamente pretendían más santidad y un vínculo más estrecho con el Todopoderoso – al igual que los Cohanim, lo cual es encomiable. Sin embargo, cuando la contienda tomó un cariz de motivos mezquinos por ego personal, debían haberse apartado.

Si bien en otros aspectos de la Torá, una persona debe observar las Mitzvot aun si sus intenciones no son del todo abnegadas – pues con el tiempo llegará a cumplirlas de modo puro (Sanhedrín 105:) – una pelea, aun si está originada por motivos nobles, no se puede seguir adelante si las intenciones no son íntegramente francas. En tal caso, es preferible abstenerse del todo (Rav Ierujam Levovitz sz»l).

Se reconoce a la persona por cómo actúa cuando tiene razón, si por esa circunstancia se siente con derecho a agraviar a sus opositores… (Rav Frand en nombre del Rebe de Belz).

La prohibición de generar pleitos innecesarios

«Y que no sean como Koraj y su gente…» – nos advierte la Torá. De aquí se aprende que no debemos crear peleas inútiles (Sanhedrín 110.).
¿Como cuáles? Por supuesto, no se refiere a las discusiones de Bet Hilel y Bet Shamai. ¡Al contrario! Debemos luchar por la verdad de la Torá y no comprometer nuestra convicción por una unión ilusoria.
¿Quizás no argumentar por temor a provocar odio? Las discusiones objetivas no producen odio…
¿Y Koraj? Aquí ya entramos en el terreno de las ambiciones personales. Siempre será importante analizar sinceramente los motivos reales de las discusiones…

El modo ideal de evitar pleitos, es pactar claramente las obligaciones mutuas en cualquier sociedad o compromiso que se contraiga y no dejar los detalles «que después se verán» (Ahavat Jesed de Jafetz Jaim).

Si bien la insurrección había finalizado, quedaba aún la posibilidad de alguna duda en la mente de los israelitas.: ¿Efectivamente, Moshé debía haber elegido a Aharón como Sumo Sacerdote?
D»s ordenó, pues, que Moshé pidiera a todos los jefes de las tribus que acercaran sus bastones de mando y los colocaran frente al Arca. El bastón de Aharón estaría en medio del resto de los bastones (para evitar toda sospecha posterior). Al día siguiente quedaría claro que el sacerdocio pertenecía – por Orden de D»s – solo a la descendencia de Aharón.

Así fue. Cuando amaneció, se encontraron con que el bastón de Aharón había brotado, los pimpollos habían florecido y el mismo único bastón estaba cubierto con flores y almendras (¡todo a la vez!).
Las flores se mantuvieron, aun cuando también había almendras que son el fruto, pues a diferencia del mundo material en el que la flor – que desaparece con el tiempo – es tan solo el elemento preliminar a la fruta, en la gesta espiritual el esfuerzo (la flor) no desaparece con el logro (Rav Frand en nombre de Rav Moshé Feinstein sz»l).

El bastón quedó de ahí en más, como demostración de la designación de Aharón (hasta que fue ocultado por el rey Ioshiahu, junto al Arca y la vasija que contenía la porción de Man que Aharón había preservado para el futuro – Horaiot 12., Iomá 52:).

Rab Daniel Oppenheimer

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1 comentario
  1. Fidel Espinosa

    Hermosa enseñanza para meditar, reflexionar, en donde puedo adquirir el libro que nos permita conocer más a fondo las explicaciones que nos dan sobre los diversos libros de la Torah, gracias, Shalom Aleijem, saludos

    06/11/2019 a las 18:15

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