Unidad a Partir de la Diversidad
Extraído de Esta tierra es Mi tierra, por Jaim Kramer Traducido al Español por
Guillermo Beilinson
Se presentó una disputa entre el Rabí Eliezer y los Sabios concerniente a la pureza de un cierto tipo de horno. El Rabí Eliezer mantenía que era puro e insistía en que los Sabios aceptasen su punto de vista como ley. Tan insistente fue el Rabí Eliezer que ordenó a la naturaleza que cambiase su curso y probar así que él estaba en lo cierto. Los Sabios rechazaron estas manifestaciones de milagros. él llamó entonces al Cielo para que sustentase su punto de vista y una voz celestial exclamó, «La ley está con el Rabí Eliezer». Los Sabios también rechazaron la voz celestial, pues «cuando hay una opinión minoritaria y otra de la mayoría, la ley sigue a la mayoría» (Berajot 9a). El Rabí Eliezer, que insistió en su punto de vista, fue excomulgado, para no permitir que aumentase la disputa (Bava Metzía 59a-b).
El Rebe Najmán explica que la razón por la cual la mayoría establece la ley es que Dios considera la unidad extremadamente valiosa. Enseña que todos comprenden la vida de manera diferente y que no hay dos personas iguales. Por lo tanto, Dios siente placer cuando un punto de vista es aceptado por la mayoría. Cuando muchos están de acuerdo en una idea, ello es preciado a los ojos de Dios (Likutey Moharán II, 2:6). El Rebe Najmán llama a esta unidad «hitajdut hapashut mitoj peulot mishtanot» (una unidad simple que emerge de la diversidad), acentuando la importancia de buscar el consenso y de mantenerse juntos, pese a las diferencias. Como explica el Rebe, las diferencias pueden persistir. Es pese a nuestras diferencias que aun así buscamos la unidad, al Dios Uno Que nos une. Lo más preciado es nuestra búsqueda de la unidad.
El Rabí Natán ilustra este punto uniéndolo con la historia de Purim. Los celos de Hamán lo hicieron reaccionar con violencia hacia los judíos. él percibió que los setenta años del exilio en Babilonia estaban por terminar y que era momento de retornar a la Tierra y de construir el Templo. El Templo representa a Daat, el conocimiento de Dios (capítulo 10). Uno debe internalizar ese conocimiento y experimentarlo, no simplemente saber que existe. El Rabí Natán compara dos conceptos, el Templo Superior (o el Templo de Arriba) y el Templo Inferior (el Templo sobre la Tierra). El Templo de Arriba representa el conocimiento de Dios, la experiencia intelectual de Dios. El Templo sobre la Tierra representa la fe, la plegaria y la devoción a Dios.
La percepción de Dios de un individuo, su conocimiento de Dios, es suyo propio y puede ser diferente de la percepción de Dios de otra persona. Por lo tanto, todos deben presentarse y ser contados como una representación individual de su única percepción de Dios. Su particular devoción revela a Dios de acuerdo con sus percepciones. Estas percepciones son un paralelo del Santo Templo. Según el Rabí Natán, Hamán se opuso con vehemencia a la reconstrucción del Templo y trató con todas sus fuerzas de anular a los judíos pues él era descendiente de los Amalequitas, de las klipot que ocultan la Divinidad. Hamán tenía la intención de ocultar las fuerzas de la espiritualidad y de confundir las percepciones de Divinidad. Sólo el mérito de Mordejai, que representa a nuestros Sabios y verdaderos líderes, fue capaz de vencer a Hamán (Likutey Halajot, Minja 7:14-19).
De acuerdo con el Talmud, todos tienen un ángel guardián arriba que cuida de la persona. Este ángel guardián conoce lo que sucede en el Cielo y, por lo tanto, la persona a la que cuida puede experimentar el Cielo como un «sexto sentido» y actuar de acuerdo con ello (Meguilá 3a). Aplicando la enseñanza del Rabí Natán sobre Hamán a la historia reciente, es evidente que había llegado el tiempo para el Retorno a Sión. Se estaba acercando el momento para la reconstrucción del Templo, o al menos el tiempo para reconstruir nuestros templos individuales, nuestro daat y conocimiento de Dios. Los alemanes (es decir, su ángel guardián) sabían que había llegado este tiempo y actuaron como Hamán. Los alemanes intentaron aniquilar a los judíos e impedir la manifestación de la Luz de Dios. Pese a la amplitud del Holocausto, no lograron su objetivo.
Ishmael (su ángel guardián) también es consciente de esto. Los árabes son conscientes de que está llegando el final de los tiempos. En lugar de aceptar la fe de que «Dios es Uno», pese a su afirmación de que ellos Le rezan a él, han adoptado una política de asesinato y terrorismo en todo el planeta. De haber elegido en forma diferente, podrían haber sido parte de la manifestación de Dios. Pero esto no fue, ni es, parte de su plan.
Jaim Kramer
