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Una parábola del Rabí Najman

El hombre de verdadero amor es en verdad un hombre muy grande, y la existencia misma del tiempo depende de el. Pues hay una montaña, y sobre esta montaña hay una piedra, de la cual brota un manantial. Ahora bien todo tiene un corazón, hasta el mundo mismo cuyo corazón es una figura completamente desarrollada, con cara, manos, pies, y demás. Pero una uña del pie del corazón del mundo tiene mas corazón en ella que el corazón de cualquier otro ser.

La montaña sobre la cual están la piedra y la fuente se levanta en un extremo del mundo, y el corazón del mundo esta en el otro extremo.
El corazón anhela con anhelo avasallador llegar a la fuente, y clama a causa de ese anhelo.
La fuente también desea al corazón.

El corazón tiene dos debilidades. La primera es que el sol lo persigue y lo quema por su deseo de acercarse a la fuente. La segunda debilidad es ese grande y avasallador deseo de llegar a la fuente, estando como esta en el extremo opuesto del mundo.

Cuando el corazón necesita reposarse un poco para recobrar fuerzas, entonces viene un gran pájaro y abre las alas sobre el y le protege de los rayos del sol. ¿Por qué, pues, el corazón no va a la fuente, si tanto anhela por ella? La razón es que si quiere ir hacia la montaña ya no puede ver la cima, y entonces pierde de vista la fuente, y si no pudiera ver la fuente moriría. Si el corazón pereciera, también lo haría el mundo, pues aquel da vida a todo. Así que no puede moverse, y se queda donde esta con su avasallador anhelo.

Para la fuente no hay tiempo, pues esta fuera de el. El único tiempo que la fuente tiene es el que el corazón le da como ofrenda. Esta ofrenda consiste en un solo y único día, y si este día llegara a su fin, la fuente carecería de tiempo y desaparecería. Si esto ocurriera, también el corazón seria incapaz de seguir existiendo sin su amada fuente, y si muriera el corazón, también moriría el mundo. Así, cuando ese día se acerca a su fin, el hombre de verdadero amor da un día como ofrenda al corazón, y el corazón da este día a la fuente, de modo que la fuente tiene tiempo otra vez.

Alan Unterman

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