Relatando
Relatos, Cuentos y Anécdotas
Varios
+100%-

Una larga Vida

Extraido de Y digamos: Amen!

Todos los habitantes de Boro Park conocían a Abraham. Boro Park es un barrio interesante: está situado en la gran ciudad de Nueva York, en los Estados Unidos, y muchos de sus habitantes son judíos observantes. En este barrio vivía Abraham, quien era una persona muy especial.

¿Qué había de especial en él? Abraham tenía muchas virtudes, y en este relato les contaremos acerca de una de ellas. Abraham y todos los miembros de su familia ponían mucho hincapié en recitar las bendiciones en voz alta. De este modo, todas las personas que se encontraban en la casa podían cumplir con la mitzvá de contestar Amén a cada bendición.

Siempre que venía alguien a su casa, Abraham solía servirle un pequeño refrigerio y le pedía muy gentilmente: “Por favor, permítanme cumplir con la mitzvá de cotestar Amén”. Los huéspedes satisfacían su pedido con alegría y no se olvidaban de bendecir en voz alta. ¡Abraham no quería perderse ni siquiera un solo Amén! Los compañeros de sus hijos ya sabían que en la casa de ellos se debía recitar las berajot en voz alta.

Al principio, tenían un poco de vergüenza, pero Abraham los incentivaba con ternura y cariño. él ayudaba a sus hijos a servirles un refrigerio y no se movía de allí hasta escuchar la bendición por la rica galleta o por el refrescante vaso de bebida. Los jóvenes huéspedes aprendían de él y también comenzaban a contestar Amén después de cada berajá.

Una vez, uno de los amigos de Abraham le dijo a él: “¿No te parece que estás exagerando? Tu pedido puede causarles incomodidad a tus huéspedes. ¿No te parece que debes conformarte con las bendiciones de los miembros de tu familia y no molestar a otras personas?”. Abraham estaba muy sorprendido. No podía creer que alguien pudiera hablar así. Sin embargo, no se enojó con su amigo, sino que le dijo con delicadeza y calidez: “¡Creo que vale la pena que reflexiones nuevamente acerca del valor que tiene incluso un solo Amén!”. Su amigo permaneció en silencio. Las palabras de Abraham, que habían salido del corazón, entraron en su corazón….

Abraham, esta persona tan especial, tuvo el mérito de vivir por muchos años.
Después de que Abraham falleció, sus hijos dijeron muy emocionados:
“Papá vivió hasta los noventa y un años: ¡exactamente el valor numérico de la palabra Amén!”.

Tamar Ansh

Libros relacionados

Y digamos: Amen!

Libros para chicos




Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top