Festejando
La Meguilá (rollo) de Purim
Purim
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Una introducción al libro de Ester

¿MITO o HISTORIA?
A diferencia de algunos otros libros de la Biblia hebrea –poesías o algunas obras de ficción literaria como Yiob, según algunas opiniones– la historia que cuenta Meguilat Ester es absolutamente verídica. Uno de los elementos que distinguen a una historia verídica de un mito o ficción es que las historias son presentadas con referencias de tiempo y espacio, y los mitos no. La historia de Ester comienza exactamente así: «En los días de Ajashverosh (Nombre hebreo del conocido emperador persa, Xerxes), cuando el imperio persa se extendía desde la India (en el Oriente) hasta Etiopía (en África)…. En el tercer año de su reinado (Xerxes reinó desde 486 hasta 465 a.e.c ).

MORDEJAY, FUNCIONARIO DE LA CORTE
Otro elemento que hace de Meguilat Ester un libro único es que no fue escrito por un rey o un profeta en el estado soberano judío, como la mayor parte de la Biblia, sino “bajo los auspicios (y la censura) de un gobierno no judío”. Según el texto lo menciona, Ester y Mordejay –cuando este último fue el ministro más importante del imperio de Ajashverosh– escribieron la Meguilá que luego enviaron a todos los judíos del imperio. Y por esta precisa razón hay algunas cosas que no se pudieron describir explícitamente en este documento oficial «para no ofender las sensibilidades del rey o del imperio persa». Por ejemplo, no se puede mencionar al Dios de Israel en un documento oficial persa, ni aludir a ritos religiosos judíos, como “rezar”, palabra que nunca aparece explícitamente en la Meguilá (sí aparece: “ayunar”). Y obviamente no se puede criticar directa o indirectamente al soberano persa, quien en el plan de genocidio gestado por Hamán, aparece desinformado de la identidad de las víctimas y como engañado por Hamán. Hacia el final de la historia, Ajashverosh muy sutilmente, es transformado en el héroe de la película, cuando gracias a su sello, «salva» al pueblo de Israel del exterminio. Si uno no asume que la historia de Ester fue escrita de esta manera diplomática y en estas circunstancias, no podrá entender ninguna de estas y otras anomalías en un libro judío.

UN TEXTO, DOS AUDIENCIAS
Hay algo más relacionado con este último punto, que hace de Meguilat Ester un libro especialmente sofisticado. Meguilat Ester es el único libro, que yo sepa, que ha sido escrito simultáneamente para dos audiencias diferentes: por un lado debía ser apto para ser aprobado por el escrupuloso ojo de la censura del imperio persa, y por otro lado debía ser entendido y apreciado por los judíos de todo el mundo. Pero, ¿cómo es posible hacer esto? ¿Cómo puede un texto revelar y ocultar un mensaje al mismo tiempo? Voy a tratar de explicarlo brevemente.

LA COMUNIDAD LINGÜÍSTICA
El idioma hebreo, sus términos, poseen una semántica más o menos fija, como todos los idiomas del mundo. Pero más allá del simple significado de las palabras, el idioma hebreo está íntimamente asociado con el texto bíblico. Y para el pueblo judío que sabe (o debería saber) el Tanaj (la Biblia) de memoria, las palabras y muy especialmente ciertas combinaciones o juegos de palabras, invitan a una inmediata conexión mental con otros textos de la Torá donde esa misma palabra figura. Una vez que el texto de referencia es reconocido por un miembro de ese «grupo lingüístico», el texto original adquiere una nueva dimensión. Y así el autor puede crear en un mismo texto dos mensajes diferentes: uno simple, para el lector que solo comprende el hebreo, y otro más sofisticado, dirigido al lector que reconoce el texto Bíblico de referencia.

¿RIQUEZA O SABIDURÍA?
Un ejemplo. El libro de Ester comienza con la descripción de una mega-fiesta que duró seis meses y 7 días que el rey Ajashverosh ofrece para los gobernantes, ministros y súbditos del imperio persa. Después de que la Meguilá nos brinda los detalles técnicos de la fiesta, explica el propósito de esta gran celebración (1:4): Ajashverosh quería “mostrar su riqueza y la gloria de su reino» (‘osher kebod maljutó) frente a todos sus invitados. Irónicamente, el último día de la fiesta, el Rey se emborracha –pierde su sabiduría– y comete un error faltar: manda a llamar a su esposa la reina Vashtí para exponerla indignamente ante los hombres allí presentes. Vashtí se niega y se arma un gran escándalo de estado que termina en una gran humillación para el rey. Ajashverosh quería obtener fama y prestigio a través de su gran “riqueza” pero su falta de sabiduría no se lo permitió.

EL JUICIO SALOMÓNICO
Las palabras “riquezas y gloria” que usa la Meguilá son fácilmente identificables por quienes conocen el texto bíblico. Pertenecen al contexto de la coronación de otro rey, Salomón, cuando a punto de ascender al trono tiene un sueño. En ese sueño Dios le ofrece cumplir cualquiera de sus deseos. Salomón, que podía haber optado por «riqueza y gloria», como todos los reyes, pide a Dios que le conceda «sabiduría», para guiar a su pueblo con rectitud y justicia. Dios le concede sabiduría. Pero al final también lo recompensa con “riquezas y honores”, ‘osher vejabod.

LECCIÓN APRENDIDA
El contraste entre estos dos reyes no podía ser más claro. El autor de la Meguilá a través de estas dos estratégicas palabritas “riqueza y honor”, señala que Salomón, que renunció a la riqueza y al honor, eligió la sabiduría y al final Dios también le concedió riquezas y el honor. Por otro lado, Ajashverosh, persiguió la riqueza para obtener fama y prestigio. Pero al no poseer sabiduría, de nada le sirvió su riqueza, y lejos de obtener prestigio, terminó haciendo el ridículo frente a todo su imperio.

Rab Yosef Bitton

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