Notas destacadas
Notas (110-120)
+100%-

Una entrevista con la Dra. Frankel

Mas Ruth dijo: “No intentes hacerme abandonarte y a irme de seguirte a ti; dondequiera vayas, yo iré; dondequiera permanezcas, yo estaré: tu pueblo será mi pueblo, y tu Di-s será mi Di-s” (Libro de Ruth 1:16).

Tamar Frankiel es una profesional, una judía observante, y madre de tres hijos. Ella ostenta un Ph.D. de la Universidad de Chicago en “Historia de las Religiones”, y ha enseñado en universidades tan prestigiosas como las de Stanford, Princeton, la Universidad de California en Berkeley, y otras. La lista de sus trabajos publicados es impresionante.

Pero Tamar Frankiel es también un poco como Ruth. Como mujer adulta, Tamar, al igual que Ruth, quiso hacer del pueblo judío su pueblo.
Criada en un hogar cristiano en Ohio, tanto Tamar como su hermano fueron enviados a la Escuela Dominical. Durante su juventud era activa en las actividades de la iglesia, pero en la universidad fue volviéndose cada vez menos activa y más interesada en el estudio objetivo de la religión.
“Estaba fascinada con la idea de que una podía averiguar realmente por sí misma qué es lo que sucedió; simplemente no tenías que creer todo lo que te contaban”, dice ella.

Cuando llegó el momento de graduarse en la universidad, Tamar era una agnóstica. Sus compañeros, estudiantes graduados incluso de un departamento tal como el de Historia de las Religiones, tampoco creían o practicaban algo. “A excepción de, quizás, los estudiantes de teología”, agrega, “aunque incluso entre los que sí creían, ello era sumamente liberal”.
Como Ruth, la conexión inicial de Tamar con el judaísmo vino a través del hombre con quien se casaría. Mientras enseñaba en Stanford, su primer puesto fuera de la universidad, se encontró con Hershel. El y sus amigos estaban en el proceso de “regreso” al judaísmo y la observancia judía. Aunque ella siempre había estado interesada en el judaísmo y había leído la mayoría de la literatura acerca del Holocausto, jamás había conocido a algún judío que realmente practicara el judaísmo.
“O mis amigos judíos no hablaban de ello”, dice con una sonrisa, “o todos eran judíos reformistas o no-practicantes”.

Estando alrededor de Hershel, Tamar comenzó a experienciar el Shabat judío; observándolo hacer Shabat en su hogar, a veces haciéndolo en el de ella. A lo largo de ese año, ella pasó casi cada fin de semana participando religiosa y espiritualmente en algún aspecto de la observancia del Shabat aunque un no-judío no tiene permitido observar el Shabat en su totalidad. Al final de ese año, su carrera pedagógica la llevó a Princeton, y fue sólo entonces que ella comenzó a sentir la verdadera profundidad del vínculo que había hecho con el Shabat judío.
“Cuando llegué a Nueva Jersey, me di cuenta que no quería abandonar el Shabat”, nos dice, como si ella misma se hubiera sorprendido. “Sentí un gran hueco, algo vacío en mi vida por no hacerlo”.

Fiel a su naturaleza investigadora, se largó a descubrir qué era esta atracción.
“Comencé a aprender hebreo por mí misma, y a estudiar más”, dice. Dejó de trabajar en Shabat y separó el día para la meditación y el estudio de lo judío, el descanso y la relajación. Dedicó casi cada Shabat a sí misma.
A mediados del año, Hershel comenzó a alentarla a ir a la sinagoga.
“Si piensas hacer esto”, dijo, “no deberías hacerlo sola; intenta hacerlo con otros”.
Tamar admite: “al principio estaba muerta de miedo al entrar a una sinagoga como un goy (no-judío), pero había estado en California ese año para una conferencia y había ido a la sinagoga con Hershel. Me había sorprendido que realmente pudiera seguir el servicio”.

Ella comenzó a ir al Young Israel Yavneh House en Princeton, y lo describe como “maravilloso”. Aunque no había familias que la invitaran a su hogar para las comidas de Shabat, a veces los estudiantes la invitaban a quedarse y compartir sus comidas. Para Purim, Tamar estaba pensando muy seriamente en la conversión.
Este fue el momento en que Hershel comenzó a desalentarla.
“No hagas esto por mí”, dice ella parafraseando sus palabras. “Hazlo sólo si tú misma realmente lo quieres para ti… y no hay promesas de que nos casemos”.

De hecho, Hershel estaba siendo fiel a la ley judía ortodoxa, y a la historia de Ruth. Nuestros Sabios aprenden del Libro de Ruth que un judío debe desalentar a quien viene para convertir al judaísmo. Es apropiado rechazar al potencial converso tres veces, y sólo si ellos todavía insisten, comenzar a estudiar con ellos seriamente.
Reflexionando acerca del comportamiento de Hershel, Tamar siente que era correcto que él lo hiciera. Su desaliento no pareció moderar su tenacidad, y hacia el fin de ese año escolar, ella había tomado la decisión definitiva de convertirse.

En otoño, mientras enseñaba en S. Diego, se acercó el rabino conservador en La Jolla para tratar el tema de su conversión. Después de un año de estudiar con el rabino, realizó una conversión conservadora.
Para entonces ella y Hershel habían decidido que su relación era, de hecho, seria. El se mudó a S. Diego, y juntos comenzaron a ir a la sinagoga de Jabad en La Jolla.
“Yo comencé a sentirme cada vez más en casa”.
Se sintió atraída por la profundidad de las charlas del Rabino, y disfrutó de la proximidad de la gente. Aunque se preguntaba si realmente sería lo suficientemente fuerte como para observar todas las mitzvot y ser tan observante como ella creía que debía ser, se acercó al Rabino de Jabad para encarar su conversión de acuerdo a la halajá –ley judía–. Le pareció que ese el camino correcto para ella.

En el otoño del ’79, ella había realizado una conversión halájica. Además, ella y Hershel habían decidido casarse.
Una vez casados, tras un arduo y largo proceso de decisión, acordaron tratar de vivir en las afueras de la gran ciudad. Se mudaron a una pequeña comunidad, relativamente aislada, y para nada particularmente judía, en el Condado de West Marin en la California Norteña.
“Yo pienso que ambos éramos ambivalentes en cuanto a sumergirnos inmediatamente en una comunidad ortodoxa”, dice Tamar mirando al pasado. “No obstante”, señala ella irónicamente, “al aislarnos, y vernos obligados a manejarnos con nuestros propios recursos, nos volvimos más observantes, no menos. Era como si estuviéramos probándonos a nosotros mismos”.
Pocos años más tarde, se mudaron a una pujante comunidad ortodoxa en Marin, y se volvieron importantes miembros de la comunidad de Jabad allí.

Tamar es hoy madre de tres niños. Shmuel tiene casi seis, Iaacov casi cuatro, y Javá 15 meses. Con todo, ha logrado como judía ortodoxa y madre de tres niños, conservar su carrera. Continuó enseñando Religión Comparativa en la Universidad de California en Berkeley desde 1982 hasta 1985. También en 1985, su segundo libro era publicado por Harper & Row. Su nombre es bien conocido en los círculos profesionales en su campo, y sus trabajos publicados son tenidos en alta estima.
“Mucha gente piensa que hay conflictos entre tener una carrera y ser una mujer judía observante”, dice Tamar, y entonces afirma que esto simplemente no es cierto.
“En verdad, el conflicto llega a cada mujer, judía o no, cuando tiene niños pequeños. Cada mujer debe clasificar sus prioridades y trabajar sobre los detalles prácticos”. De hecho, ella agrega que “ningún rabino jamás ha puesto en tela de juicio el que yo haga lo que necesite hacer para sentirme realizada en el mundo”. Ella señala que no ha recibido nada fuera de apoyo para sus elecciones desde los sectores ortodoxos.

Al preguntársele si los estudiantes se habían acercado más al judaísmo a través de sus clases, ella contestó que algunos sí, aunque agrega, modestamente, que probablemente su clase no haya sido la única influencia. Recordó cariñosamente a un joven, un judío reformista, a quien describe como “muy brillante, muy centrado”. Como resultado de sus clases, comenzó a ir al Hillel House de la ciudad universitaria, y a estudiar con un Rabino allí.
“Lo último que escuché”, dice riendo ligeramente, “es que estuvo por Israel el año pasado, y se iba a la Ieshivá este año”.

En el aula, Tamar enseña judaísmo centrándose en la práctica religiosa real más que en la doctrina o la creencia. De hecho, éste es su enfoque también al enseñar otras religiones. Ella siente que ello brinda una imagen mucho más honesta que la que ella recibió en su propia educación. Las prácticas judías que enfatiza son el Shabat, el ciclo festivo, y el kashrut (la observancia del kasher). Sus alumnos con frecuencia llegan sabiendo algo sobre esto, pero tienen muchas preguntas que precisan ser contestadas. Además, trabaja duro para disipar la noción cristiana que tienen muchos estudiantes no-judíos, que el judaísmo es una religión de ley, mientras que el cristianismo es una religión de amor.
“Esta es la imagen heredada del cristianismo mismo”, explica, “y es frecuentemente muy difícil conseguir que los estudiantes superen esta predisposición”.

A pesar de sus años de experiencia académica, las preferencias pedagógicas de Tamar parecen haber cambiado conjuntamente con los demás cambios en su vida. Disfruta enseñando en un estilo más informal, como lo ha hecho con un grupo pequeño de mujeres que organizó en West Marin. Enseñó judaísmo básico contestando las preguntas que las mujeres mismas trajeron. Este es el tipo de trabajo que gustaría hacer más en el futuro.
Además, se ve sí misma trabajando más con judíos asimilados, ayudándoles a comprender su propia tradición en contraste con las otras. Su conocimiento acerca de otras religiones –una condición circunstancial y que no merece copiarse, aclara– y su experiencia con estudiantes y los tipos de pregunta que ellos hacen, la han hecho particularmente capaz para esto. Ella siente que puede tener éxito con jóvenes judíos que enfrentan dificultades en el momento de hacer elecciones, tales como “la persona que dice `Sí, yo quiero ser judío… ¿pero qué pasa con el budismo?…’, o, `¿qué dirán mis amigos cristianos?'”

¿Se sintió Tamar como una persona nueva después de su conversión?
No, contesta. Para ella fue mucho más un proceso de desarrollo.
“En otras religiones, particularmente en el Cristianismo Estadounidense moderno, parece importante identificar un punto en el tiempo cuando has experimentado el cambio. En el judaísmo no es así, o no lo fue así conmigo. Es mucho más un proceso de evolución gradual”, dice. Por ejemplo, en el momento de su conversión tomó el nombre hebreo de Tamar, pero crecer dentro de ese nombre, y llegar realmente a serlo, fue un proceso mucho más largo.
Por mucho, Tamar dice, la cosa más difícil fue lograr realmente una sensación de pertenencia, “sentir realmente que éste era mi pueblo”. Una vez superado esto, dice, el resto no pareció para nada difícil. Lo único que uno puede preguntarse es cómo fue la experiencia para Ruth.

(extraído de la enseñanza semanal, www.jabad.org.ar).

 

Jody Rosenblatt Feld

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top