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Una entrevista con Dr. y Dra. Levin

Si llamas al hogar de los Levin en New Haven, Connecticut, tendrás que especificar por cuál Dr. Levin estás preguntando.
Guitel Janá Levin, psiquiatra, comparte su vida -judaísmo, hijos y trabajo- con su esposo Nejemia, psicólogo, en lo que puede ser considerado por algunos como el epítome de un hogar liberado. Coordinan sus agendas de modo que la mayoría del tiempo uno de ellos pueda estar en casa con sus dos niños, Javi, de dos años, e Itzjak, de seis meses. Y cuando ambos están lejos de casa, en sus diferentes oficinas u oficina compartida de Hartford, una niñera está a sólo minutos de distancia.

Pero Guitel Janá y Nejemia no ven en su estilo de vida nada espectacular. La manera casual con que mencionan el arreglo para el cuidado de los niños demuestra que se da por sentado. “Soy un tipo común”, parpadeó Nejemia, mientras relataba aquella ocasión en que un paciente le preguntó si podía llamar al PhD por su primer nombre. “Yo dije, `claro, me puedes llamar por mi primer nombre, soy un tipo común'”.

Nejemia hizo una pausa para recuperar a Itzjak del abrazo de oso de Javi, y luego continuó. “Así que me llamó Nehemiah, usando la pronunciación inglesa. Esa es la manera en que está escrito en mi tarjeta comercial”. Pero Nehemiah usa la pronunciación hebrea (Nejemia); nació y se crió en una pequeña aldea de Israel llamada Kfar Jasidím.

“Crecí en un hogar religioso, pero realmente no estudié acerca de todo lo que hacía, ni lo comprendía. Alrededor de la época en que fui al ejército, me aparté del judaísmo por un breve período”. ¿Cuánto tiempo es un breve período a los ojos de Nejemia? “Diecisiete años”, otro guiño y una risa rápida. “En la historia judía, diecisiete años no es nada. ¡La Tierra ya tiene 5760 años! En la manera en que crecí en Kfar Jasidím, realmente no nos enseñaban o estimulaban a hacer preguntas. Y si preguntábamos, generalmente no obteníamos respuestas”.

“La mayor parte de los iletrados, aunque religiosos, judíos europeos reaccionaban a las preguntas de sus hijos de esa manera”, agregó Guitel.
Nejemia siente que esta actitud, por sobre todo, es la que alienó del judaísmo de la Torá a sus compañeros. “El no lograr respuestas es la razón de por qué la mayoría de mi generación abandonó el judaísmo. Más tarde algunas de las personas de mi aldea regresaron al judaísmo ortodoxo. Pero dejan que sus niños hagan preguntas. ¡Y se las contestan!”

Cuando Nejemia estudiaba para su PhD en Yale, se encontró con Iosef Gopin, un Rabino de Lubavitch que trabajaba con estudiantes en la ciudad universitaria. “Nejemia es el sueño de un Rabino Lubavitcher”, rió Guitel Janá. “Estaba realmente maduro. El se acercó al Rabino Gopin”. Después del contacto inicial, el Rabino Gopin invitaba permanentemente a Nejemia a su casa. Al terminar su doctorado, fue a estudiar a la Lubavitcher Ieshivá en Morristown, Nueva Jersey, durante dos años.
Ver un álbum fotográfico de boda abierto sobre el piso impulsó preguntas acerca de cómo se encontraron, siendo él de Israel, habiendo estudiado en universidades en Connecticut, y ella de Chicago y estudiado en la Universidad de Iowa. “Me gané a mi esposo en una rifa”, bromea Guitel Janá. “En verdad, comenzó cuando me encontré con el Rabino Moshé Kasowitz en el Centro Estudiantil Judío en el campus Des Moines.

Comencé a hablarle de Evolución. Nunca había hablado con alguien que conocía la postura bíblica, y me encantaba discutir”. El Rabino Kasowitz no podía convencer a Guitel Janá mientras permanecía sobre un solo pie, de modo que la invitó al centro estudiantil para la cena del viernes por la noche. “El Rabino Kasowitz me invitó, y fui. Al principio, sólo fui cuando no podía pensar en nada mejor para hacer un viernes por la noche. Con el paso del tiempo, sin embargo, no podía encontrar otra cosa que hubiera preferido hacer a cambio”. Después de cuatro años de involucración con Lubavitch, Guitel Janá compró una rifa por tres dólares para la Convención Femenina de Lubavitch en Crown Heights, Brooklyn. “Nunca gano nada. Pero, esta vez, gané. Cuando Moshé se enteró que estaba yendo a Nueva York me dijo que tenía que conocer a su primo, Nejemia, que vivía en New Haven. ¡El resto es historia!”, dijo Guitel Janá rutilante.

Una de las razones de que Guitel Janá eligiera la psiquiatría sobre otro campo, además de su interés, era porque sintió que no tropezaría con muchas cuestiones de ley judía. “Si hubiera incursionado en la obstetricia habría tenido que tratar con temas como el aborto y el control de la natalidad. ¿Pero qué preguntas podrían posiblemente surgir en la psiquiatría?, me pregunté. Créase o no, hay muchos temas, especialmente con padres”. Uno de los diez mandamientos declara: `Honra a tu padre y a tu madre’. Cuando un paciente de Guitel Janá tiene un problema familiar, ella lo trata usando psiquiatría permeada con una actitud de Torá. “Cuando un paciente dice que, Di-s libre, odia a su madre, yo no puedo decir `No hables de eso’. Ese tipo de enfoque no ayudará a resolverá su problema. Tengo que ayudarle a hablar de ello de modo que pueda superar el problema”, lo que finalmente le permitirá tener una relación apropiada con sus padres. “Lo que la gente realmente quiere”, enfatiza Guitel Janá, “es una relación cercana con sus padres. A veces experiencias muy dolorosas tienen que ser trabajadas. Pero dentro de la terapia trato al padre con respeto. No diría simplemente: `Sí, tienes razón, tu madre era realmente una persona ruin'”.

La elección de Nejemia por la psicología no estuvo influenciada por su involucración con el judaísmo. No fue sino hasta después de haber comenzado ya a trabajar sobre su PhD que se encontró con el Rabino Gopin. Aún así, once de sus trece años de “educación superior” no eran muy significativos en retrospección. “Nunca sentí que aprendía algo en la universidad. Tuve algunos maestros interesantes, adquirí mucho conocimiento literario, pero estos hechos eran interesantes sólo para el momento. Y lo que leía o aprendía era simplemente un reaseguro de que mi propia comprensión de la vida era correcta”. Nejemia encontró sus últimos dos años de educación superior por demás gratificantes. “Cuando me fui a la Ieshivá en Morristown, Nueva Jersey, realmente aprendí. Quizás los químicos en mi cerebro finalmente comenzaron a trabajar, o quizás simplemente maduré. Pero finalmente aprendí. Lo que estudié en la universidad, y claro que estudié, no significaba nada, porque no se relacionaba con mis raíces. Pero lo que aprendí en la Ieshivá se relacionó conmigo, y es por eso que tenía significado”. Nejemia usó el siguiente ejemplo para aclarar su idea: “Cuando lees un libro en la universidad, puedes leer el principio, el medio, o el fin, y si salteas un par de capítulos que no requieren ser leídos, no importa. Pero cuando estudié jasidismo en la Ieshivá, no podía saltear nada, porque cada renglón, cada palabra, importaba. Fui a la universidad once años, pero lo que aprendí en la Ieshivá era una revelación — sabía que todo era cierto”.

¿No querría un psicólogo observante de la Torá impulsar o empujar automáticamente a un paciente a comenzar a cumplir mitzvot?
“En nuestra línea de trabajo”, contestó Nejemia, “no decimos a nuestros pacientes qué hacer. Pero a veces, después que un paciente ha terminado su tratamiento, sugiero que vaya a una cierta clase, o visite a un Rabino específico. Pero eso es después de que ha terminado su tratamiento conmigo”.

Nejemia se levantó para contestar el teléfono y Guitel Janá se lanzó a un animado análisis sobre uno de sus temas favoritos: la relación entre lo que la filosofía jasídica y la psiquiatría tienen para decir sobre las facultades del alma.
“Freud, el padre de la psiquiatría, escribió todas sus teorías y descubrimientos en alemán, y se lo conocía como muy preciso en las palabras que eligió. Escribió sobre el alma, usando la palabra alemana “seele”. Cuando sus trabajos se tradujeron al inglés, para la comunidad científica, se pensó que alma no se consideraría aceptable. Freud conocía la palabra para mente y no la usó”. Con una rápida sonrisa, y la certeza de que su primera idea había sido entendida, Guitel Janá continuó. Muchos de sus argumentos se basan en traducciones defectuosas del alemán original en que Freud escribió. “Las palabras como id, ego y super-ego para describir las facultades del alma-mente son ridículas, traducciones latinas de las palabras de Freud. El original alemán era ich, significado yo, uber ich, el sobre yo, y est, o ello. No es difícil ver dónde tienen estos conceptos su paralelo en la filosofía jasídica. El est corresponde al alma animal”. El alma animal es aquel aspecto de la persona que se ve atraído hacia la fisicalidad. Guitel Janá usó el siguiente ejemplo para ilustrar su idea. “Cuando alguien hace algo errado, podría decir: `El diablo me hizo hacerlo’, o `algo me pasó’. Estamos describiendo algo fuera de nosotros mismos, de nuestras emociones, de nuestro impulso animal. El uber ich es el Alma Divina, la conciencia, el super ego. Es esa parte de nosotros la que dice `No, no, no hagas eso. No es bueno para ti’. Y el ich es lo que negocia entre los dos — el séjel, el aspecto intelectual del alma”.

“Se rumorea”, continuó Guitel Janá, “que Freud tenía una biblioteca oculta de literatura cabalística”. Y la propia teoría de Guitel Janá en cuanto a la influencia del jasidismo sobre los hallazgos de Freud es que “también una enorme cantidad de sus escritos los hizo alrededor del tiempo en que el Tania (el libro básico de la filosofía del Jasidismo Jabad) se volvió ampliamente accesible en su forma impresa”.

Nejemia se encuentra con que es capaz de integrar los conceptos o temas jasídicos, a menudo en su forma más simple, en sus clases — es graduado en Gestión de Salud de Yale y enseña en un hospital de New Haven. “Las tres vestimentas o coberturas del alma, el pensamiento, el habla y la acción, se analizan con frecuencia en el jasidismo. Durante una de mis conferencias recientes al personal del hospital, señalé que todo lo que hacemos debe pasar por estas tres “vestimentas” antes de volverse realidad, incluso nuestras acciones mundanas, de día a día”. Era obvio que Nejemia disfrutó agregar una pizca de jasidismo a sus clases.

La conversación giró a la geografía judía. “Oh, eres de…, sabes que…”, y entonces encontró su camino a la preocupación de la mayoría de los padres, la educación de sus hijos. La evaluación de Nejemia de sí mismo a su paciente, “soy un tipo común”, subrayó la calidez y manera modesta de ambos Doctores Levin pese a sus títulos y educación.

(extraído de Jabad Magazine, www.jabad.org.ar).

 

Iehudit Cohen

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