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Una dificil decision

Hace casi ciento cincuenta años comenzó a brillar la estrella de uno de los más grandes personajes de nuestra historia: Rabí Israel Salanter. Fue nombrado Rosh Ieshibá de la ciudad de Vilna cuando contaba con sólo
veintinueve años.
Su inmensa erudición en la Torá, sumado a su legendaria humildad, hicieron que todos los Iehudím de la época lo siguieran y respetaran. Su amor hacia Hashem y hacia Su Torá se equiparaban a su amor al prójimo, de donde surgieron innumerables relatos y ejemplos que cada vez cobran mayor actualidad.

No le faltaba fuerza y decisión en sus acciones, las que puso de manifiesto especialmente en el año 5608, cuando una terrible epidemia de peste azotó Europa, cobrando millones de víctimas. La ciudad de Vilna no fue la excepción, y Rabí Israel Salanter alzó su voz exhortando a todos a ayudar a los necesitados y a atender a los incontables enfermos. él mismo corría de casa en casa para tratar de asistir a los que podía. La epidemia llegó a su punto máximo al año siguiente, y unos días antes de Iom Kipur todos se
preguntaban cómo iban a hacer frente a un ayuno, cuando lo principal era la salud y la integridad física.
Llegó la noche de Iom Kipur.
El público estaba reunido en pleno en el Bet Hakeneset, y si bien Iom Kipur siempre fue un día solemne, en esa ocasión no había quien no hubiera sufrido en carne propia el fallecimiento de un ser querido, por lo que nadie estaba ajeno a la emoción de las plegarias que se iban a desarrollar.

Se paró Rabí Israel Salanter frente a toda la congregación, que estaba esperando sus proverbiales palabras y comenzó diciendo:
“¡Hermanos míos! Nuestros Jajamim dijeron que cuando la persona ve que los sufrimientos llegan, hay que hacer un examen de conciencia y revisar las acciones de cada uno. No sólo hay que investigar acerca de las acciones de la persona para con Su Creador y para con el prójimo, sino también para conuno mismo. ¡Cada uno de nosotros debe revisar qué es lo que hace con supropio cuerpo; con su propia salud; con su propia vida…!”.
El rostro del Rab palideció, e hizo palidecer a todos los que estaban
presentes. Y continuó diciendo:
“En nuestra Torá esta escrito: “Y cuidarán mucho vuestras vidas”, precepto que tiene el mismo valor que todos los demás de los seiscientos trece que Hashem nos encomendó, entre los que figura el de ayunar el día de Iom Kipur.
En el día de hoy leeremos en el Sefer Torá un Pasuk que dice: “Y vivirán con ellos (con los preceptos)”. En la Guemará se comenta que esto significa: “Y vivirán con ellos, y no morirán con ellos”. Por lo tanto, para que sigamos cumpliendo todas las demás Mizvot de la Torá en el tiempo que nos queda devida, declaro hoy, con el conocimiento del Creador del Mundo y de NuestraTorá…, ¡qué el ayuno de este año queda suspendido!

El público quedó perplejo. A nadie se le ocurrió que el Rab iba a tomar una decisión de esa naturaleza. Y lo que vieron después, quedará grabado no sólo en los ojos que estuvieron presentes, sino en una de las más gloriosas páginas de la historia de nuestro pueblo. El Rab llamó a dos de los más prominentes Rabinos de la ciudad para que lo acompañaran en el lugar donde estaba parado. Luego, le hizo una seña al Shamash, y éste trajo uno platos que contenían una galletas. El Rab le ofreció a los Rabinos que estaban junto a él; él también tomó unas galletas en su mano, y con voz temblorosa y lágrimas en los ojos, pronunciaron la correspondiente Berajá.

Un profundo gemido invadió el recinto. El público se fue retirando a sus
casas, para obedecer las indicaciones de su Rab. Esa noche de Iom Kipur, todos los habitantes Iehudím de la ciudad de Vilna comieron llorando.
Lloraban porque nunca lo habían hecho antes, ni después…
Lloraban porque ése iba ser el último año de la epidemia.
Todo, gracias a los tres que comieron…

Leket Sipuré Sadikim

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

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