Relatando
Historia
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Un solo cuerpo

Aquel hombre llegó a la ciudad de Barditchuv lleno de esperanza. Había hecho un largo viaje, que le costó todo el dinero que tenía, pero pensaba que valía la pena, pues estaba por recuperarlo, y además alzarse con la suma que necesitaba tan urgentemente.
Tocó la puerta de aquella casa, y lo atendió su dueño.
El hombre preguntó si el dueño de la casa responde al nombre que le dieron, a lo que recibió una respuesta afirmativa.
“¿Puedo pasar? He venido de muy lejos, y necesito hablar con usted”.
“Adelante. Dígame de qué se trata”.
Cuando estuvieron sentados uno frente al otro, el hombre empezó a hablar: “Vivo en una aldea muy lejana de aquí, donde me cuesta mucho conseguir mi sustento. Y ahora, por un lado tengo que agradecer a Hashem que le llegó el Shiduj a mi hija. Pero por otro lado, no tengo el dinero para casarla…”.
El dueño de la casa se quedó en silencio, mirándolo como diciéndole: “¿Y?”. Entonces el hombre prosiguió:
“Tengo entendido que usted es mi pariente, y además Hashem le dio una posición económica acomodada, por lo que es el presidente de esta Comunidad.
Por eso he venido a apelar a su generosidad, para que me proporcione la suma que necesito”.
“¿Cuánto es lo que necesita?”.
“Sesenta mil rublos…”.
“¡Sesenta mil rublos!” repitió el dueño de casa mientras se levantaba de su asiento, “¡Eso es mucho dinero! Y dígame: ¿Por qué dice usted que somos parientes?”.
El hombre le explicó la relación familiar que los unía, y luego el dueño de casa dijo:
“Bueno. No somos parientes tan directos que digamos… Tenemos un vínculo de quinta generación…”.
Lo pensó un poco y agregó: “En vista de ello, le voy a dar sólo una quinta parte de lo que me pidió: Doce mil rublos”.
“¡Pero no me va a alcanzar! ¡Si no reúno esa suma no podré casar a mi hija!”.
“No discutamos. O la toma, o la deja”.
El hombre se levantó, y respondió apesadumbrado:
“No, gracias…” y se retiró inmediatamente.
Desesperado, sin saber que hacer, se le ocurrió ir a la casa del Rab de la ciudad: El renombrado Sadik Rabí Leví Izjak de Barditchuv, el “Baal Kedushat Leví“. Cuando estuvo allí, le contó al Rab todo lo que había pasado. Luego de escucharlo, el Rab le dijo:
“Déjalo por mi cuenta. Mañana es el primer día de Selijot (plegarias de penitencias) , y tengo una idea que puede solucionar tu problema”.

Al día siguiente, todos los hombres de la ciudad se dieron cita en el Bet Hakeneset a la madrugada, para dar comienzo al primer día de Selijot. Estaban todos, pero extrañamente el Rab aún no había llegado. Esperaron un rato, y el presidente de la comunidad se preocupó por la tardanza del Rab, por lo que tomó la decisión de ir personalmente a su casa a ver qué le pasaba.
Tocó la puerta, y lo atiende el Rab.
“¡Rabí! Pensé que le había pasado algo. Lo estamos esperando para comenzar a recitar los Selijot“.
“No voy a ir”, anunció el Rab.
“¿No va a venir? ¿Es que no se siente bien o hay algún problema?”.
“No. No es eso. No voy a ir porque Hashem no va a escuchar nuestros pedidos”.
El hombre se quedó perplejo.
“¡Jas Veshalom! ¿Por qué dice usted eso, Rabí?”.
“Te voy a explicar: En los Selijot, nosotros le hacemos a Hashem muchos pedidos, e invocamos el nombre de Abraham Abinu. Imagínate: ¿Cuántas generaciones hay desde Abraham Abinu hasta hoy? ¡Cientos de generaciones!
¡Tú le quisiste dar a una persona la quinta parte de lo que te pidió, porque es pariente tuyo de quinta generación! Con ese criterio, ¿cuánto nos tocaría a nosotros, de lo que le pedimos a Hashem por ser hijos de Abraham Abinu? ¡Una parte insignificante! ¡No! ¡No vale la pena ir a Selijot!”. El hombre captó el mensaje, y bajó la cabeza avergonzado. Entonces el Rab lo tomó del hombro, y le dijo:
“Hijo mío: Todos los Iehudím somos parientes cercanos, y este hombre, aunque no te una a él ningún vínculo familiar, es tu hermano, por lo que debes ayudarlo a casar a su hija. Demuéstrale a Hashem que aunque pasen las generaciones, todos los integrantes del Am Israel somos como un solo cuerpo, con un solo corazón, y cuando invoques los nombres de Abraham, Izjak y Iaacob, te dará todo lo que le pidas…”.

Otzar Hamaasiot

(Gentileza Revista semanal Or Torah, Suscribirse en: ortorah@ciudad.com.ar )

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