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D´s, la Creación y el Alma.
La Sabiduría del alma
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Un diálogo entre el Alma y el Intelecto IV

Extraído y adaptado de “La Sabiduría del alma. Un diálogo entre el Alma y el Intelecto” (Daat Tevunot) Rabí Moshé Jaim Luzzatto

El ocultamiento de Su presencia

Al ocultar Su presencia, Dios dejó lugar a la imperfección y, de este modo, dejó lugar al servicio Divino que eventualmente traería la necesaria perfección. Y como el propósito de este ocultamiento es solamente la revelación final, esto permite el perfeccionamiento de estos defectos por medio de la fuerza de la revelación de la perfección. Y como el ocultamiento tiene como destino la revelación…… Porque finalmente todo el universo alcanzará la perfección total, a la que seguirá un período de recompensa por el servicio Divino que le precedió, tal como afirman nuestros Sabios (Eruvín 22a): “Hoy para realizarlos – a los preceptos – y mañana para recibir su recompensa”.

Ahora debemos comprender la raíz de todo esto, que es que la imperfección surge únicamente del ocultamiento de la Presencia de Dios, de que El no quiere que ésta brille inmediatamente sobre Sus creaciones desde el comienzo, haciéndolas perfectas desde el vamos. Por el contrario, El ocultó Su presencia de ellas y las hizo imperfectas. Porque la luz de la presencia del Rey es vida y su ocultamiento es la fuente de todos los males. Pero como la intención tras este ocultamiento no era que la luz permaneciera oculta, sino por el contrario, que finalmente fuera revelada, disipando así todo el mal, El estableció para Sí Mismo una resolución fija e inamovible de revelar Su bondad oculta. Esto puede lograrse mediante las acciones del hombre, es decir, mediante el cumplimiento de las leyes y enseñanzas que Dios estableció para nosotros en Su Torá verdadera, cuyo cumplimiento le otorga al hombre la vida eterna. Porque la recompensa de un precepto es otro precepto: la luz de la presencia Divina, que El ocultó al hombre desde el comienzo de la creación. Así el hombre nació para trabajar: dominado por una Mala Inclinación y por el mal de todas las clases de imperfección, y por su alejamiento de la Luz de la Vida. Es la realización de los preceptos la que le confiere esa luz secreta, de modo que al cumplir con su parte de preceptos, se perfecciona por medio de ellos, y podrá deleitarse en esta Luz de Vida. Mismo si no opta por el bien, la Unidad Celestial acabará revelándose puesto que El no ocultará Su rostro de Su mundo para siempre. Pero ejercerá Su soberanía sobre los transgresores con ira irrefrenable, y ellos cargarán con el peso de sus pecados hasta que “los pecados dejen la tierra”, o hasta que sometan sus corazones incircuncisos, se arrepientan y vivan.

Además, en vista del hecho de que este ocultamiento de la presencia presupone su revelación última, cuando Dios nos devuelva hacia El en compasión, inclusive esta libertad de acción que nos concede ahora, para que siempre estemos suspendidos entre la beneficencia y la maleficencia según la preponderancia de nuestras acciones, inclusive este estado no durará para siempre, sino únicamente todo el tiempo que la Inteligencia Suprema considere necesario y suficiente para el perfeccionamiento de todas las almas que El creó, ya sea por devoción, arrepentimiento, o sufrimiento. Y este lapso, según nuestros Sabios (Rosh Hashaná 31a; Sanhedrin 97a) dura seis mil años, después de los cuales El renovará Su mundo. En ese nuevo mundo los hombres serán como ángeles en vez de como burros. Se los librará de esta naturaleza material y grosera y de sus malvados habitantes: la Mala Inclinación y todo lo que de ella deriva. E inclusive con respecto al período del Mesías – antes del fin del sexto milenio – está escrito “Quitaré de vuestra carne el corazón de piedra… y haré que andéis en mis preceptos”. Y nuestros Sabios dijeron (Shabat 151b; Midrash Raba sobre Eclesiastés 12:1): “Años acerca de los cuales dirás: `No los deseo´. Son los años del Mesías, en los que no hay ni mérito ni falta”. Y esto es lógico, puesto que cuando el hombre se purifique de la Mala Inclinación, su servicio Divino se transformará en una necesidad natural, por la cual no merecerá ningún tipo de elogio.

No obstante, la naturaleza de la Unidad Suprema dictaminó, a fin de manifestar el poder de su soberanía absoluta, que, mientras El así lo desee, la tierra debe abandonarse a las vicisitudes del tiempo, mientras que el mal domine el mundo. Y, lo que es más, El no restringe este mal ni impide que haga todo lo que quiera hacer, ni siquiera si Sus creaciones descienden al nivel más bajo posible, por esa causa. Sin embargo, a pesar de esto, Su mundo no se pierde; puesto que únicamente de El es el reino. Es El quien hace y carga y golpea y cura, y no hay otro fuera de El. Y esto es un estímulo muy fuerte a la fe de los hijos de Israel, sus corazones no se debilitan, ni por la duración del exilio ni por su tremenda amargura. Porque El le permitió al mal que hiciera todo lo que tuviera capacidad de hacer, tal como explicamos. Y, finalmente, cuanto más fuertemente el mal actúe contra los hombres, más manifiesta será la fuerza de la unidad de Dios y la omnipotencia de Su reino. Y desde las mismas profundidades de nuestras tantas pruebas, de seguro que surgirá la salvación, por la grandeza de Su poder.

Es verdad que los hombres podrían obtener méritos por medio de sus acciones, reconocer la verdad y abandonar los engañosos senderos de este mundo, en su deseo de acercarse a su Creador. Y todo esto gracias a haberse dado cuenta de que todo lo que se opone al camino decretado por Dios entra en la categoría de mal ordenado por la Voluntad Suprema y creado a través del ocultamiento del rostro de Su bondad. Así despreciarían el engaño visual y optarían por la luz secreta y oculta, la luz del semblante del Rey de la Vida. Y si así fuera, la unidad de Dios se les revelaría por derecho propio, y así ellos se acercarían más rápido a su propia salvación. Entonces Dios no tendría necesidad de revelarles Su unidad por medio de las dificultades y la duración del exilio, porque en ese caso habrían percibido la verdad por sí mismos. Lo percibido, percibido está. Porque como habrían visto y reconocido el mal, y lo habrían abandonado, prefiriendo la verdad de Su Unidad, ya se habría hecho todo lo que era necesario. Porque toda la intención era que esta verdad se les hiciera manifiesta, para que ellos pudieran entonces deleitarse en la verdad que les fue revelada. Así, cuando ésta se revela, ya está revelada.

 

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