Comenzando
D´s, la Creación y el Alma.
La Sabiduría del alma
+100%-

Un diálogo entre el Alma y el Intelecto III

Extraído y adaptado de “La Sabiduría del alma. Un diálogo entre el Alma y el Intelecto” (Daat Tevunot) Rabí Moshé Jaim Luzzatto

…Se desprende, entonces, que lo único que se nos manifiesta en verdad de toda la infinita perfección de Dios, es Su unidad perfecta. Puesto que cuando escudriñamos todo lo que se hace bajo el cielo, comprobamos la obra perpetua de un proceso uniforme, cuyo fin es la revelación de esta única verdad.
Ahora debemos comprender dicha unidad y todas sus implicaciones, tal como dice la Torá: “Sabrás hoy y confirmarás en tu corazón que el Eterno es el único Dios” (Deuteronomio 4:39), donde se implica que esta comprensión exige un análisis muy juicioso y un consejo adecuado. Tal como dije antes, se trata de un mar enorme y anchísimo, en el que debemos zarpar con toda la fuerza de nuestras almas.

ALMA: ¿Cuál es la inteligencia necesaria para esto? “Unidad” implica que Dios, bendito sea, es absolutamente uno y que no hay otro fuera de El.

INTELECTO: Si, esto es cierto en un sentido general, pero no queda ahila cosa. Y es justamente ése el sentido de la frase (Deuteronomio 4:35): “Se te mostró para que lo sepas que el Eterno es el verdadero Dios y que no hay otro fuera de El”, sobre lo cual nuestros Sabios comentaron (Sanhedrin 67b): “Ni siquiera en brujería”. Es decir, que cuando decimos que Dios es uno, no basta con que comprendamos que El es uno en Su Ser, es decir, que no hay ningún otro ser necesario fuera de El, y que no hay creador fuera de El. También debemos comprender que no hay autoridad ni soberanía fuera de la Suya, y que no hay nadie más que dirija el mundo ni a ninguna de Sus criaturas, fuera de El. Y que no hay investigación de Su poder ni restricción de Su voluntad. Y todo esto se debe a la unidad y lo absoluto de Su autoridad. Este es el significado del versículo (Deuteronomio 32:39): “Ves pues que la Roca soy Yo, solamente Yo, y ningún otro dios Me acompaña. Yo doy la muerte y doy la vida. Yo hiero y curo, y nadie puede librarse de Mi mano”. Y (Job 23:13): “Pero El lo decide. Y ¿quién puede disuadirle?”. Y es asique admitimos frente a El (Job 9:12): “¿Quién puede decirle a El: ¿Qué harás?” Que sepas que es una base fundamental de nuestra fe absoluta, tal como te explicaré más adelante, con la ayuda de Dios.

En efecto, la importancia central de entender esto está en desenmascarar ciertas falsas concepciones que se han entrometido en el corazón de la gente: algunas en el corazón de los idólatras; otras en el corazón de la gente sin educación; otras en el corazón de los gentiles y otras más en el corazón de los transgresores corruptos que se cuentan entre los propios hijos de Israel.

Los idólatras se dividían en dos grupos: por un lado los que pensaban que Dios Se encuentra por encima de lo mundanal y no hace caso de ellos. Según ellos, otros objetos que se encuentran por debajo de El, tales como las estrellas del cielo y sus constelaciones, sus fuerzas gobernantes y todos sus acompañantes rigen los asuntos del mundo. Y fue asi como establecieron distintas formas de adoración y erigieron altares para esos “dioses”, sobre los cuales sacrificaron y elevaron sus ofrendas a fin de invocar una influencia benéfica sobre ellos. Los del segundo grupo dijeron (Dios no lo permita): hay dos poderes, uno que obra el bien y el otro que obra el mal, ya que, según ellos, no hay nada que no tenga su contrario, y como Dios es la esencia del bien, debe haber alguna deidad correspondiente que constituya la esencia del mal. Y, según ellos, de estas dos fuerzas surgen las exigencias del mundo, algunas para bien y otras para mal. Es a esto que alude la afirmación herética a Amemar (Sanhedrin 39a): “La mitad superior (del hombre) está gobernada por Hormiz, y la mitad inferior por Ahormiz”.

La tercera concepción es la que sostiene la mayoría de la población, según la cual todo lo que ocurre en el mundo surge de las leyes naturales que implantó el Creador a los objetos terrestres. Ellos consideran que sus propios esfuerzos y celo constituyen el factor constructivo, y que su letargo es el factor destructivo, en el espíritu de (Deuteronomio 8:17): “Por mi fortaleza y el poder de mi mano he logrado esta riqueza”. Además suelen decir que todo depende de las estrellas, y que todo tiene un destino, que todo no es más que naturaleza, ya sea para bien o para mal.

La cuarta concepción es la de los gentiles, quienes afirman: “Israel ha pecado. No hay salvación para ellos del Eterno (Dios no lo permita)”. Los llaman “moneda desvalorizada”, diciendo que Dios los eligió y les dio la elección de ser buenos o malvados, y que ellos pecaron, evitando as¡ que Dios siguiera beneficiándolos, según (Deuteronomio 32:18): “Tú has debilitado la Roca de tu nacimiento”. Ellos Lo forzaron a abandonarlos y a cambiarlos por otra nación (Dios no lo permita), pues se había hecho imposible que El los salvara. La duración del exilio parecería confirmar esto y sembrar miedo en el corazón de los que no son fuertes en su fe.

La quinta concepción es la de los mismos hijos de Israel transgresores y corruptos, que reconocen a su Creador pero se atreven a rebelarse ante El, como por ejemplo Amón, quien dijo (Sanhedrin 103b): “¿Acaso tengo yo alguna otra intención más que hacer enojar a Dios?” Y, en el mismo sentido, (Isaías 3:8): “… a despreciar la presencia de Su gloria”. Ellos piensan que pueden actuar contra la voluntad de Dios (Dios no lo permita) y hacer que El Se enoje por sus malas acciones, como alguien hace que su amigo se enoje en contra de su voluntad. Hubo entre ellos algunos que quisieron hacerse fuertes por medio de magia y encantamientos, y otros por medio del conocimiento de los ángeles y sus funciones, tal como le dijeron a Jeremías (Midrash Eijá Rabá ): “(Al invocar los nombres de los ángeles) rodearé a Jerusalén con un muro de agua; la rodearé con un muro de fuego”.

No obstante, el que cree en la unidad de Dios y comprende todas sus implicaciones debe creer que Dios es uno, solo y único, y que no está sujeto a ningún impedimento o restricción, en absoluto. Y no sólo no existe poder que se le oponga (Dios no lo permita), sino que El mismo es el Creador del bien y del mal, tal como está dicho (Isaías 45:7): “Yo formo la luz y creo la oscuridad, hago la paz y creo el mal. Yo, el Eterno, hago todo esto”. No hay otro por debajo de El que ejercite ningún dominio del mundo. No hay ningún segundo ni fuerza secundaria, como creían los idólatras. Y, lo que es más, El solo supervisa a todas Sus criaturas en forma individual, y no hay nada que ocurra en el mundo que no sea por Su voluntad y Su desempeño, ni por casualidad, ni por naturaleza ni por las constelaciones; El solo gobierna toda la tierra y todo lo que hay en ella, decretando todo lo que debe hacerse en las esferas superior e inferior, a través de todos los niveles de la creación. Y es la propia unidad de Su dominio la que niega la existencia de cualquier fuerza externa o presión de cualquier tipo, ya que todas las ordenanzas y leyes que El decretó están sujetas a Su voluntad, y El es completamente independiente de todas ellas. Cuando El as¡ lo desea, El somete Su voluntad, por asi decirlo, a las acciones de los hombres, tal como vimos (Avot 3:19): “Y todo es en conformidad con la preponderancia de la acción”. Y cuando El asi lo desea, no presta atención a las acciones y, en Su infinita bondad, beneficia a quien quiere, tal como le reveló a Moisés, de bendita memoria (Berajot 7a sobre Exodo 33:19): “Y seré clemente con quien seré clemente´… aunque no lo merezca”. Y (Job 35:6): “Si pecas, ¿cómo Lo afectarás? Y si tus ofensas aumentan, ¿qué harás por El?”. Además está dicho (Jeremías 50:20): “Será buscada la iniquidad de Israel, y no habrá ninguna… porque perdonaré a quienes deje como resto reservado”. Y (Isaías 48:11): “Por Mi Mismo, por Mi Mismo lo haré, porque, ¿cómo podría ser profanado?” Y (¡dem 43:25): “Yo, Yo borro tus ofensas por Mi Mismo, y no llevaré tus pecados en mente”. Y (Zacarías 3:9): “Yo quitaré el pecado de esa tierra en un solo día”. Este es nuestro consuelo en la aflicción: que El no nos juzgará de acuerdo con nuestras acciones, y que no aguardará a nuestros méritos, ni nos cambiará por ninguna otra nación (Dios no lo permita) porque haya carencia en nuestras acciones. Sino que, debido al juramento que El hizo a los patriarcas y al pacto en el que ingresó, aunque no haya mérito en Israel, cuando llegue el momento indicado, el día que El guarda en Su corazón, El nos salvará sin ninguna duda, cualesquiera fueran las circunstancias, puesto que El es el Eterno, y puede hacerlo cuando lo desee.

Lo que debemos creer es, esencialmente, lo que acabamos de decir: que como Dios no está compelido en Su accionar, ninguna de Sus criaturas puede prevalecer frente a El, ni siquiera por medio de las leyes y ordenanzas que El mismo estableció. Porque es El Quien las formó, y El las puede alterar o anular a voluntad. Este es el significado de lo dicho anteriormente (Sanedrín 67b): “`No hay otro fuera de El´… ni siquiera en brujería”. Porque si bien en el sistema celeste que Dios quiso y estableció, la brujería “refuta el séquito celestial” (idem), de todos modos, cuando El lo desea puede ejercer Su dominio y anularla, como si ésta jamás hubiera existido, contrariamente a las ideas de esos necios que se creyeron capaces de utilizar Sus propias herramientas en contra de El (Dios no lo permita). El es el Amo de todo, y no hay otro fuera de El.

Esto debemos aceptarlo como una base de la fe; pero es la afirmación de esta verdad la que se hace manifiesta en todas Sus acciones, creaciones y promesas, tal como explicamos. Se desprende, entonces, que la revelación de esta unidad fue algo que quiso la Voluntad Celestial. Es en conformidad con esta intención que Dios formuló las leyes de Sus creaciones, y todo lo que El hizo que ocurriera es lo que resulta necesario para la efectivización de dicho fin. Por eso podemos afirmar, sin ningún tipo de reparos, que todo el universo y todo lo que de él comprendemos, todo depende y reposa sobre la idea de la perfecta unidad de Dios, que El quiso hacer manifiesta ante los ojos de Sus creaciones. Y esto tiene un corolario, que es que cuando comprendamos a qué es inherente la revelación de Su unidad, entonces entenderemos también las leyes de Sus criaturas, cómo están estructuradas y sobre qué principios se basan. Debemos también explicar, con la ayuda de Dios, que del deseo de Dios de estructurar y gobernar Su mundo por esos carriles deriva todo el sistema de la imperfección del hombre, el perfeccionamiento de su servicio, y la recepción de su recompensa, que es algo que deriva únicamente de este orden.

 

Libros relacionados

Daat Tebunot

Kabala - Cosmovision judia




Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top