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D´s, la Creación y el Alma.
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Torá

Parábola y enseñanzas jasídicas. Selección extraída del libro “Bajo la Mesa..y Cómo Subir de Allí” por Avraham Greenbaum, © Breslov Research Institute.


La Divinidad es llamada luz. Pero, ¿qué clase de luz? Cuando llegamos a éste mundo y abrimos nuestros ojos, todo parece estar suficientemente iluminado. A nuestro alrededor todo es color, actividad y excitación. ¿Qué es este mundo? ¿Qué es la vida? ¿Qué significa todo ésto?

Tal como nos lo presentan la educación secular y los medios de comunicación, este mundo es una aglomeración azarosa de materia, en medio de ningún lugar, rebosante de miles de millones de personas de todas las razas, culturas y credos, y organizadas en un conjunto espectacular de estructuras sociales, políticas y económicas. Para la mayor parte de los habitantes de este mundo, la prioridad esencial es ganarse el sustento, para luego, disfrutar de variadas y diversas maneras, antes de morir y transformarse en polvo. Algunos buscan los placeres físicos más simples: comida, bebida, sexo y confort material. Otros prefieren delicias más refinadas: dinero, poder, status, conocimiento, literatura, músicas arte, deportes y mucho, mucho más.

Y en especial en aquellas zonas más desarrolladas del mundo, existen en todos los ámbitos, una mareante multitud de oportunidades: fuentes de información de todo tipo, cantidades de sistemas de creencia e ideologías, especializaciones en todos los campos, entretenimientos y actividades distractivas para todos los gustos, negocios y servicios en todo lo imaginable, comidas para toda necesidad y sofisticación concebible. ¿Qué debe uno elegir?

La mayoría del mundo diría “Felicidad.” ¡”Lo más importante es disfrutar!” Puede que ésto sea verdad, ¿pero qué es la auténtica felicidad? Hasta los niños pequeños saben lo poco que duran la mayoría de las alegrías: se vuelven ilusiones. Y la casi totalidad de los conflictos de la vida están relacionados con la búsqueda de algo que sea duradero, Pero, ¿cuán duradero? La mayoría de la gente cree que esta vida es todo lo que hay. Y en ese caso, el camino a la felicidad parecería ser disfrutar de la mayor cantidad de placeres posibles antes que la enfermedad, la debilidad, la muerte y el olvido nos golpeen.

La luz Divina significa conocimiento, sabiduría y entendimiento, los que penetran debajo y más allá de las apariencias superficiales de este mundo, hasta llegar a la última verdad. Hay frutas que parecen hermosas a los ojos pero que pueden llegar a ser venenosas. Sin un conocimiento más profundo, la apariencia externa no nos indica nada respecto de sus efectos en el largo plazo, luego de ingerirlas. Lo mismo se aplica a todas las diferentes opciones que nos confrontan en este mundo. Con un poco de atención e inteligencia podemos llegar a saber el efecto que tendrán nuestras decisiones, en esta vida, tanto en el corto como en el largo plazo. ¿Pero qué sucede con su efecto sobre nuestras almas eternas?

La luz de Dios nos ilumina a través de la Torá. La Torá revela la sabiduría de Dios, y es por lo tanto la clave del orden completo de la creación, la que se concretó a través de esa sabiduría. La palabra hebrea Torá, es un sustantivo del verbo hora, que significa enseñar o guiar. La Torá proviene del superior punto de vista de Dios, más allá de este mundo, de “sobre la mesa.” Fué enviada a nuestro mundo para guiarnos en su verdadero significado y mostramos su lugar en el orden total, y para enseñamos a construirnos una senda a través de la multitud de opciones, para poder así cumplir con nuestro destino.

El código de la Torá nos enseña a evaluar los diversos fenómenos con los que nos encontramos, en términos de cómo relacionar los con nuestra misión eterna, mostrándonos cómo responder en virtualmente cualquier situación de la vida. El camino de la Torá consiste de numerosas mitzvot, “mandamientos,” (Mitzvot es el plural de la palabra hebrea mitzvah, de la raíz tzivah, que significa dar una orden). Las diversas mitzvot se aplican a cada una de las esfera de la actividad humana: desde el comer, beber, vestirse, ganarse la vida y construir una casa, hasta la relación con los padres, hijos, esposa, socios, miembros de la comunidad, el medio ambiente, el espacio y el tiempo. Las mitzvot se aplican en todos los niveles del comportamiento: el pensamiento, la emoción, la palabra y la acción.

Cada mitzvah es una camino práctico y detallado de acción, relacionado con una faceta particular de la vida en este mundo, y conducente a su propia y única manera de conexión con Dios. La palabra mitzvah está relacionada también con la raíz Hebrea tzavat, que significa “conectar.” Uno podría pensar que, dado que Dios está en todos lados, debería ser posible encontrarlo en cualquier cosa. Pero ésto no es así. Dios creó nuestro mundo como una arena de desafío. Lado a lado de las oportunidades Divinas, están las sendas y opciones que pueden alejamos de Dios. Así, nuestra tarea es doble: buscar y apegamos a la Divinidad en nosotros mismos y en el mundo circundante, y rechazar cualquier cosa que nos aleje de ella.

De acuerdo a ésto, hay dos tipos de mitzvot: las mitzvot positivas, que nos enseñan aquello que debemos hacer para conectarnos con Dios, y las mitzvot negativas, las prohibiciones de la Torá, que nos enseñan lo que no debe ser hecho, para evitar quedar atrapado en el mal del mundo, y alienarse de Dios. Así, la Torá consiste de doscientos cuarenta y ocho mitzvot positivas, y trescientos sesenta y cinco mitzvot negativas, haciendo un total de seiscientos trece.

Fe

 

La luz de la Torá se halla cubierta en este mundo por muchos velos. Su sabiduría se encuentra en forma de opacas historias y proverbios, repletos de misteriosos símbolos. A veces, sus enseñanzas están más ocultas, y parecen tener poca relación con el mundo cotidiano, tal como lo conocemos.

Mientras que algunas de las mitzvot parecen comprensibles en términos del sentido común: ama a tu prójimo, persigue la justicia, y así por el estilo, otras en cambio, son absolutamente inentendibles. Por ejemplo, no parece haber ninguna diferencia, en cuanto a la salud física se refiere, que los alimentos consumidos por las personas sean kosher o no. ¿Por qué está permitido arrastrar pesados muebles dentro de la casa en Shabat, mientras que está prohibido accionar el interruptor de la luz? Y no es el menor de los velos que cubren la luz de la Torá las dudas y preguntas que la gente tiene sobre ella. ¿Es válida? ¿Es relevante? ¿Es verdadera? ¿Puede comprobarse?

Bajo la mesa, el Príncipe sólo ve al mundo que lo rodea como un mundo Pavo. Desde su desventajoso punto de vista nada puede ver de la corte real, excepto un aspecto parcial y distorsionado, que en sí no tiene ningún sentido. Ahora bien supongamos que alguien de la corte descendiera hacia donde él está e intentara explicarle el significado real de todos esos zapatos y piernas que lo rodean, y lo inferior que son sus alimentos, las migajas y huesos, comparados con las delicias servidas en la mesa. ¿Le creería el Príncipe? ¿Y qué podría decirle el cortesano salvo: “Póngase las ropas y suba, y lo verá por usted mismo?”

La Torá es la clave del orden entero de la creación. Pero este orden es tan abrumadoramente grande que, desde nuestro desventajoso punto de vista en este oscurecido mundo, difícilmente podemos captar siquiera un atisbo de él. Dado que este mundo fué hecho de manera equívoca, no podemos inferir a partir de cómo aparecen las cosas aquí, una evidencia irrefutable de un orden superior. Por el contrario, muchas veces se muestra como altamente plausible la explicación dada por aquellos sistemas de creencias que proclaman la inexistencia de un orden superior, y que definen al hombre como sólo un animal más complejo. Mientras estemos en este mundo, no podremos tener una comprensión del orden de la creación mediante un claro conocimiento de la verdad. Nuestra conexión con la verdad sólo puede ser establecida a través de Emuná, fe.

Emuná implica más que una mera creencia intelectual en la existencia de Dios. Es primero, y por sobre todas las cosas, una aceptación de nuestras propias limitaciones, dentro de un universo que nos confronta con misterios que no podemos desentrañar. Emuná se funda en ese sentimiento intuitivo más profundo que nos dice que hay algo grande y maravilloso respecto de la vida. Emuná es la aceptación de la sabiduría superior de la Torá, sin pedir pruebas. Es una afirmación de Dios y de la voluntad de alcanzarlo en todos los niveles de nuestro ser: en nuestros pensamientos, sentimientos, palabras y acciones.

Aquellos que se sientan a la mesa ven al rey en todo su esplendor, conversan con él y participan en la vida de la corte y del reino. Sentarse a la mesa real simboliza una conexión intima con Dios. Pero la conexión definitiva con Dios se dará en el tiempo de la recompensa, en el Mundo que Vendrá. Emuná hace que el camino de la Torá sea un camino de constante profundización en la conexión y asociación con Dios, inclusive en Este Mundo. Con Emuná hasta Este Mundo se transforma en la mesa real.

Conciencia de Pavo

 

Hay muchas atracciones en la vida de un Pavo: Los Pavos hacen lo que quieren cuando quieren. Mínimo trabajo. Gratificaciones instantáneas. Comen lo que quieren: migajas, huesos … también lagartijas o escarabajos. Si engordan, mejor. El Pavo macho tiene un harén de esposas, para disfrutar mientras lo desee y luego abandonar, evitándose así todo tipo de preocupaciones y responsabilidades. Se pavonea a gusto, mostrando sus espléndidas plumas. Y si las cosas se ponen algo difíciles siempre puede abrir su abanico y graznarle al resto del mundo.

De hecho, lo están engordando para comérselo. ¡y qué! Tiene cinco años de diversión y la esperanza de que no lo va a sentir cuando le corten el pescuezo, lo desplomen, saquen sus tripas, lo salen, asen, trocen, mastiquen, traguen, digieran. Ninguna lápida cubrirá sus plumas y ni el recuerdo quedará de su pequeña y vana vida. Pero, ¿a quién le interesa? ¡Si mañana hemos de morir, lo mejor será comer, beber y divertimos hoy!

Pero, para ser honestos, incluso el brillo de años gordos es más un sueño que una realidad común, es decir, para la mayoría. Rascar el suelo todo el día es un trabajo duro, extremadamente repetitivo y, comunmente improductivo. Los intervalos de hambre entre un gusano y otro son grises, inciertos y teñidos de desesperación. No es acaso comprensible la irritabilidad del Pavo? Puede explicar su búsqueda compulsiva de amor: con el cuchillo del carnicero como único futuro, ¿qué otra cosa puede ofrecerle significación y resguardo en el oscuro intervalo que media entre el huevo y el asador?

Si usted es un Pavo, puede que no haya mucho que hacer al respecto. Pero si usted es realmente un Príncipe o una Princesa, es una locura andar por la vida pensando y actuando como un Pavo. El Príncipe-Pavo es un símbolo gráfico de la pérdida de Emuná, y de su reemplazo por una ideología devastadora: el materialismo. Aquellos que sufren de la enfermedad del Príncipe se dejan llevar, simplemente, por la manera en que aparece este mundo. Para ellos, la apariencia esla realidad. La lógica es muy convincente. “Todo lo que podemos ver y sentir es el mundo material. Por lo tanto es todo lo que existe. En ciertos aspectos, el cuerpo humano se parece al de los monos. Por lo tanto, el hombre debe ser un animal. Los animales se guían por sus instintos. Y lo mismo debemos hacer nosotros. ¡Si así lo sientes, hazlo!

Para el Príncipe debajo de la mesa, no es sólo la falta de luz lo que le dificulta comprender la verdadera naturaleza del mundo. Si él pudiese recordar quién era y de donde vino, no sería engañado por las extrañas apariencias de las cosas debajo de la mesa. Su conocimiento de la verdad le permitiría compensar la extraña perspectiva actual. Pero el Príncipe ha perdido este conocimiento. El piensa que es un Pavo; posee una mente y un aspecto de Pavo, y por eso está convencido que el mundo de allí debajo debe ser un mundo Pavo separado e independiente.

De manera similar, el poder de confundirnos que tiene Este Mundo, no deriva sólo de su naturaleza física. De hecho, las atracciones materiales del mundo son un velo que oscurece las oportunidades espirituales que éste nos ofrece. Las tentaciones de las migajas y huesos de la vida pueden ser tan avasalladoras que alguna gente pasa la mayor parte de sus días, si no todos, corriendo detrás de ellas sin siquiera hacer una pausa para reflexionar sobre el motivo superior de sus vidas. Pero estas distracciones materiales carecerían del poder de seducimos si tuviésemos una visión espiritual clara. Sería absolutamente obvio lo nimias que ellas son, comparadas con la suprema dicha de la unión con Dios.

Pero nuestra visión espiritual se halla, de por sí, reducida en este mundo. La esencia real del hombre no es, como la mayor parte del mundo se inclina a pensar, su cuerpo físico, sino su alma. El alma del Príncipe proviene de los más altos ámbitos, la “corte del Rey,” y está destinada a elevarse y retomar a su propio lugar, disfrutando el verdadero bien de la cercanía con Dios. Si llegásemos a este mundo con todos los poderes de nuestra alma superior intactos, recordaríamos siempre los mundos espirituales en los cuales ella se ha originado. Y viendo este mundo en su real perspectiva, comprenderíamos la verdad de su dimensión material: una limitación que debe ser dominada y trascendida permitiéndonos así alcanzar nuestro destino, que es el bien espiritual.

“El Príncipe piensa que es un Pavo”: ésta es la prueba para el alma. El Príncipe, en nosotros, es el alma auténtica. Pero al llegar a este mundo, nuestra superior conciencia espiritual se pierde casi por completo. Para poder actuar y funcionar en los quehaceres cotidianos, aparece una forma inferior de conciencia: la conciencia de Pavo, material y mundana. Esto es lo que tiende a oscurecer nuestra percepción de la naturaleza inferior de este mundo y de nuestro verdadero propósito en él.

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Bajo la Mesa, y Cómo Subir de Alli

Psicología, Filosofía Jasídica, Pensamiento Judío




1 comentario
  1. Alicia

    Saber q la otra es un manual de vida me hace sentir segura, gracias al Eterno por permitir ser educada por el

    25/07/2018 a las 13:28

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