Profundizando
Educación Judía
Los fundamentos
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Todo necesita renovación

Extraído de Cultivar rosas entre espinas

Para triunfar al final hace falta un plan al comienzo

En la mayoría de los casos, el éxito de cualquier emprendimiento tiene relación directa con el pensamiento exhaustivo que se haya invertido en él previamente. El Gaón de Vilna, nos da como ejemplo la construcción de una mesa, y señala que el la construya deberá considerar cuatro cosas:
1. Para qué será usada la mesa
2. Qué material usar.
3. Qué artesano emplear
4. Qué forma tendrá la mesa
El uso mismo de la mesa es el final del proceso, pero tiene que definirse en primer lugar, porque todas las otras decisiones respecto al material, el artesano y la forma de la misma dependen de cuál será su función.
Morí VeRabí, zt”l, acostumbraba a decir que al decidir seguir cierto camino en la educación de nuestros hijos, necesitamos tener en cuenta los efectos que esto tendrá veinte años más tarde.
A aquéllos que argumentan que no pueden proyectarse veinte años hacia el futuro, les doy el siguiente consejo:

Al considerar adoptar cierto camino en la educación de nuestros hijos cuyo resultado de aquí a veinte años no nos resulta claro, debemos buscar a alguien que haya adoptado la misma decisión veinte años atrás y observarlo a él, o sus hijos, en la actualidad.
Esto también consiste en preguntarles a las personas sobre sus decisiones en el pasado. Escuchar sus relatos de lo que les fue bien y de lo que les fue mal. Aunque no puede negarse que no hay dos situaciones que sean exactamente idénticas, igualmente de estas conversaciones pueden aprenderse importantes normas generales.

De lo que no cabe lugar a dudas es que debemos invertir tiempo tranquilo para planificar qué pasos vamos a seguir en el jinuj de nuestros hijos. El intelecto es el que puede proyectar hacia el futuro y para eso necesita tiempo y tranquilidad.

Renovar y volver a confirmar nuestras meas y nuestros ideales

Otra función del tiempo tranquilo es brindarnos la oportunidad de renovarnos a nosotros mismos y a nuestro compromiso con nuestras metas. Ocasionalmente necesitaremos reconsiderar cuáles deben ser nuestros fines esenciales, porque son éstos los que determinan nuestra dirección en la vida. Si llegamos a la conclusión de que esos objetivos siguen siendo válidos, debemos ver si verdaderamente estamos yendo en esa dirección.
En otras ocasiones, tendremos que reafirmar nuestro compromiso con nuestros objetivos, emocional e intelectualmente.

Todo necesita renovación
El Maharal nos enseña que uno de los cuatro principios que incluye el Nombre Esencial de Hashem (el Shem Havaia, es decir, iud-kei-vav-kei) es que Hashem renueva constantemente Su mundo. De hecho, cada día en la plegaria matutina decimos que Hashem, en Su Bondad, renueva Su Creación.
En un viaje en ómnibus desde el Muro Occidental, le oí decir el siguiente pensamiento al Rab Shmuel Betzalel, shlita:

El Midrash cuenta que hubo un pájaro que se negó a aceptar la oferta de Javá de comer del fruto del árbol del conocimiento, y en consecuencia no fue condenado a morir. Sin embargo, una vez cada mil años, un fuego autogenerado lo consume, dejándolo del tamaño de un huevo. A partir de ese huevo el pájaro se regenera a sí mismo. Vemos entonces que todas las cosas vivas, incluso aquéllas que viven por siempre, necesitan renovarse.

Esta necesidad de renovación es una de las razones por las cuales Hashem le ordenó a Su Pueblo que fuera tres veces al año a Jerusalem. Allí, junto con el resto de su pueblo, el judío podía renovarse a sí mismo intelectual y emocionalmente. ésta era su oportunidad de comprometerse de nuevo a llevar una vida de significado eterno.
Estos tres alegres momentos del año, las festividades de Pesaj, Shavuot y Sucot, renuevan anualmente nuestro compromiso emocional con nuestros objetivos. Después, a lo largo del año, en los momentos privados y tranquilos, podemos reflexionar como individuos sobre las grandes cosas de la vida.
Esta capacidad del pueblo judío de renovarse a sí mismo constituye la raíz misma del hecho de ser un pueblo eterno. De manera similar, haríamos bien en dedicar unos momentos cada día renovando nuestro compromiso con todo aquello que nos resulte valioso. Y una vez cada tanto, necesitamos tomarnos un poco más de tiempo para asegurarnos de que nuestras relaciones y nuestra vida diaria son consistentes con estos objetivos e ideales. Recién entonces podemos esperar tener éxito en transmitirles estos ideales a nuestros hijos.

Profundizando nuestras relaciones durante los momentos tranquilos”

Las emociones fluctúan. Nuestras relaciones más cercanas necesitan ser renovadas y profundizadas si queremos prevenir que se debiliten los vínculos.
Tal vez la razón más importante para tener tiempo tranquilo con nuestros hijos sea que este tiempo que pasamos a solas con ellos, individualmente o junto a sus hermanos, sienta las bases para una comunicación sincera y productiva. Hay momentos en los cuales necesitamos nuestro propio y privado tiempo tranquilo; y otras veces debemos “compartir” el silencio y la serenidad con nuestros hijos.
Casi ningún problema en la vida de un niño, ya sea familiar, personal, social o escolar, surge de un día para el otro. Los sentimientos heridos duraderos y las desilusiones profundas no son consecuencia de un simple accidente. Por lo tanto, las conversaciones abiertas y honestas con los padres deben ser cosa frecuente y, si es posible, cosa de todos los días. De esta manera, los problemas se revelan antes de que se vuelvan tan profundos que parezcan imposibles de resolver.

Rab Noaj Orlowek

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