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Temor por amor…

Extraído de Meditación y Kabalá, del Rab Itzjak Ginzburgh

A la izquierda está el precepto:

Y ahora, Oh Israel, que pide El Eterno, tu Dios, de ti, que temas…

éste, el quinto de loa seis preceptos continuos, es el precepto de temer a Dios, o de admirarlo constantemente [V]. El temor a Dios es la emoción que motiva el cumplimiento de los 365 preceptos negativos de la Torá. [VI]


EL TEMOR QUE AUMENTA EL AMOR

El temor a Dios no se refiere al temor al castigo. Aunque sea útil como método represor para alejarnos de las transgresiones en contra de Dios (en momentos de inmadurez espiritual, cuando no se puede despertar ninguna motivación más profunda [VII]), el temor al castigo no se considera realmente como una forma de servir a Dios. Porque si cumplimos los preceptos para evitar el castigo, no los estamos cumpliendo en aras de Dios, sino por nuestro propio interés.

El verdadero temor de Dios está basado en el temor a cortar nuestro lazo de amor con él, nuestro pacto de matrimonio con él. De esta manera, el temor a Dios surge naturalmente del precepto anterior, amarlo. Si amamos a Dios verdaderamente, temeremos hacer cualquier cosa que nos pueda separar de él. Este temor mantiene nuestra conciencia centrada en Dios y nos previene de hacer algo prohibido por la Torá.

Al principio, este temor ni siquiera es conciente; es meramente un componente natural de nuestro amor a Dios [VIII]. Pero eventualmente, después de haber integrado el amor a Dios a nuestra vida diaria, podemos empezar a sentir la pasión inicial disminuyéndose, y es en ese momento cuando surge nuestro temor a perder nuestra conexión emocional con Dios. Como reconocemos que nuestro amor por Dios es el producto de nuestra conciencia de Su unidad, este temor nos inspira a buscar nuevos destellos de percepción en nuestro entendimiento de Dios.

El temor nos permite trascender las limitaciones de nuestra conciencia finita [IX]. De esta manera, nuestro temor a Dios se asocia al proceso descrito anteriormente de transmutar el “amor de agua” (amor natural y placentero) en “amor de fuego” (ardor insaciable) [X]. A medida que ascendemos de nivel en nivel, cada nivel de amor renovado en el tiempo se vuelve una “segunda naturaleza” para nosotros, y nuevamente el temor de recaer en la rutina de la complacencia nos estimula a buscar niveles más elevados de inspiración que alimenten la llama del amor. De esta manera, el temor actúa junto con el amor, uniéndose los dos para transformarse en las dos “alas” del alma que elevan continuamente nuestras buenas acciones, plegarias y estudios.[XI]

El día correspondiente a la sefirá de guevurá (“fuerza”), la conciencia de la izquierda, es el segundo día de la creación, en el que Dios separó las aguas inferiores de las aguas superiores por medio del firmamento. Por primera vez, la realidad creada experimentó la distancia existencial respecto a Dios, el Creador. Los sabios nos enseñan que “las aguas inferiores claman: ‘nosotras también queremos estar cerca de Dios [al igual que las aguas superiores]'[XII]” En su temor a la separación y la creciente añoranza por estar cerca de Dios, la creación clama con toda su fuerza (guevurá) a su Creador.

EL TEMOR QUE REGULA EL AMOR

Así como el temor sirve para aumentar la intensidad y la pasión de la llama del amor, el temor sirve para regular nuestro amor por Dios. En el temor a Dios está implícita la aprehensión a acercarse demasiado a él, para que el alma no se aniquile en el éxtasis Divino de su amor apasionado por él. Esto negaría la voluntad de Dios, porque El creó cada ser con un propósito único en la vida, que no puede ser cumplido por ningún otro. La sumisión a la voluntad de Dios significa entonces refrenar nuestra pasión hasta el punto que sea necesario para permanecer vivos y continuar cumpliendo nuestra misión en la vida.

Aquí, el temor crea un equilibrio espiritual, la izquierda (temor) que equilibra a la derecha (amor). Este nivel de temor, más en alineación con la verdadera voluntad de Dios para la creación que el nivel de temor descrito previamente, es más elevado que el primero en la raíz del alma. El primer nivel de temor es nuestro temor de ser separados de Dios. El segundo nivel de temor refleja el “temor” propio de Dios de que el alma malinterprete su propósito.

[..]

[V] Verdadera admiración de Dios, “temor a la vergüenza,” es el tercer nivel de temor, que será explicado.
[VI]Tania, cap. 4 (8a).
[VII]Esto es referido en la Cábala y en el Jasidismo como tiempos de “conciencia limitada” (katnut mojín).
[VIII]Rabí Hilel de Paritch, en el comienzo de Jinuj Katán (impreso como un apéndice del vol. 1 de su obra Pélaj HaRimón).
[IX]Previamente hemos identificado “limitaciones transcendentes” con el éxodo de Egipto, la conciencia de arriba en nuestra meditación. Pues, aquí identificamos una interrelación entre arriba e izquierda. Concientes del arriba Divino, transcendemos las limitaciones de nuestra esclavitud espiritual a cualquier poder que no sea él. Concientes de la izquierda Divina, transcendemos nuestro nivel anterior de amor por Dios, nunca satisfechos con nuestro nivel presente, existencialmente limitado del servicio Divino, siempre abriéndose paso a nuevos horizontes de amor por Dios.
[X]En particular, la mala inclinación elevada enciende la chispa del “amor de fuego” mientras que el temor a Dios siempre aviva su llama ardiente.
[XI]Tania, cap. 40 (p. 55a), citando Shaar HaIjudim 11. Ver Ensayo Suplementario #18, “El sello invertido,” p. ?.
[XII]Tikunei Zohar 80a.

 

Rab Itzjak Ginzburgh

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