Conectándose
Crecimiento Espiritual
El poder del habla y la plegaria
+100%-

Tefilá y Teshuva: fuera del tiempo

Extraído de La puerta del Cielo

Perdido en un oscuro laberinto, el pecador intenta, a ciegas, encontrar una salida. Puede seguir errando así durante años y finalmente resignarse, pensando que no hay tal salida. Si reflexionara, comprendería que la puerta por la cual entró puede también servirle de salida. Hace falta volver encontrarla. Para encontrar la puerta en la oscuridad, hace falta un poco de luz. Una palabra sincera, verdadera, brotando a través de nuestros labios durante la plegaria, puede iluminar toda la situación y transformar toda nuestra existencia.

El canto y la danza anulan las sentencias adversas. No debemos temer más que a Dios: El solo posee el poder y, sin Su consentimiento nada nos puede suceder. Quien teme verdaderamente a Dios, no le teme a nada más. Pero si los agentes terrestres, tales como las plagas, las enfermedades, los animales o la maldad de ciertos seres despiertan nuestro temor, ésto significa que hemos perdido la verdadera comprensión, hemos olvidado que estos peligros no tienen ningún poder en ellos mismos, sino que son emisarios del Juicio.

Para no temer más las sombras o las amenazas, es necesario elevar nuestro temor al nivel de la conciencia verdadera, entonces, los peligros y amenazas se anulan: no tienen ya ningún medio para amedrentarnos. Para llegar a ésto, es decir elevar el temor a su justo nivel, hace falta juzgarnos a nosotros mismos. El que se juzga está dispensado de cualquier otro juicio. ¡No se trata de abrumarse! Sino por el contrario, de preguntarnos si teniendo en cuenta nuestro Verdadero Valor y nuestras posibilidades, es conveniente actuar como lo hacemos. No se trata de descorazonarnos, sino por el contrario, de recordarnos las innumerables bondades que nos ha prodigado nuestro Padre y, pese a las cuales, ¡nos hemos mostrado ingratos tantas veces! Se trata de pesar nuestras acciones, de analizarlas, de estabilizar nuestro espíritu para escapar al torbellino de la inconsciencia. Mediante ello, perderemos todo temor.

Juzgándonos a nosotros mismos, en el momento de aislarnos para hablar a nuestro Dios Todo Poderoso, habremos restituido el Temor a su verdadero lugar y nada más podrá asustarnos. Al no temerle más a las cosas, nos liberamos de su yugo, ¡y ésto, ciertamente, no puede obtenerse en un solo día! Pero, y ésto es cierto, desde el día mismo en que entablemos nuestro propio juicio, el análisis de nuestros actos, ya estaremos caminando hacia la liberación y los primeros progresos no tardarán en presentarse, animándonos.

(Este principio, pese a su rigor, no es contradictorio con la indulgencia recomendada en otras partes de esta obra. El rigor y la indulgencia son complementarios, pues sin uno el otro se anula. El éxito depende de la síntesis armoniosa que logremos establecer entre estas dos tendencias).

Es suficiente, a veces, una hora para reparar años de errores. ¡El día en que realizamos la Teshuvá se encuentra fuera del tiempo!

De hecho, el Eterno sondea nuestros corazones y conoce todos nuestros pensamientos. Si sólo se tratase de hacerLe conocer nuestros deseos, sería suficiente concentrarse en el pensamiento, y Dios lo leería. La plegaria oral no sería indispensable. Pero, unánimemente todas nuestras referencias sagradas (Torá, Talmud, Midrash, Zohar, Poskim, etc…) se ponen de acuerdo para exigir una plegaria Pronunciada con los labios. Hay razones muy profundas para ésto. La Kabalá nos explica que la Luz o la Energía Divina antes de poder llegar a su estado último de materialización, antes de manifestarse bajo la forma de materia, atraviesa diversas fases.

De nivel en nivel el pensamiento sublime se concretiza hasta llegar a su forma final que es el mundo donde nosotros vivimos, el mundo de las formas y las acciones. La materia sirve, a la vez, de vehículo y de velo para el pensamiento creador, para el espíritu que allí se oculta. La razón de este ocultarse es el permitirle al hombre la Elección. Pues, si la Presencia fuera más evidente, ninguno intentaría oponerse a Ella, nadie podría revelarse y desobedecer.

En el estado actual de las cosas, gracias a los velos bajo los cuales el Creador oculta su evidencia, es posible, al precio del esfuerzo, buscarLo y encontrarLo (de donde surgen el mérito y la recompensa) o bien rechazar Sus llamados y negarLo, pese a los indicios que nos envía (de donde surge el castigo). Sea lo que fuere, la acción es lo que prima en este mundo. Siendo ésta la finalidad del pensamiento, es por nuestras acciones que seremos juzgados. Para Bien, como para su inversa, es en la medida en que hayamos sabido imprimir nuestra voluntad en las formas, que esa voluntad será significativa.

Para circular, nuestras ideas necesitan un medio: las palabras; lo mismo que la luz, para poder brillar necesita de un vehículo: la lámpara. Es ésta la razón por la cual, si deseamos ser ayudados de manera espiritual y material, es necesario que preparemos un recipiente concreto dentro del cual tomará lugar la Bendición. Este recipiente es la Palabra. No hemos hecho más que sobrevolar el tema. El lector atento notará la necesidad de esclarecerlo y profundizarlo. Feliz aquél que pueda completar este estudio a la luz de textos idóneos o, mejor aún, guiado por un maestro competente.

Lo que hay que recordar es que, la constitución general del mundo y aquella del hombre, hasta en sus menores detalles siguen una estructura espiritual muy precisa que los Kabalistas han estudiado y revelado en sus obras. Siguiendo fielmente sus instrucciones, llegaremos a respetar el orden maravilloso que ha establecido el Creador. Los Sabios enseñan que la Tefilá debe ser esencialmente oral; mucho ganaremos si utilizamos todas nuestras fuerzas en seguir sus consejos.

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top