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“¡Sube! ¡Pero aférrate!”

Extraido de A través del Fuego y del Agua, La Vida de Reb Noson – rabí Natán Sternhartz (1780-1844), el discípulo más cercano del Rebe Najmán de Breslov

De todos los encuentros en la historia judía, aquél entre el Rebe Najmán de Breslov y Reb Noson es de seguro uno de los más significativos. Reb Noson llegaría a ser el discípulo más cercano del Rebe, dedicando su vida a seguir y difundir las enseñanzas de su maestro, estableciendo los cimientos para la constante expansión de la influencia del Rebe Najmán hasta el día de hoy.

El Rebe mismo afirmó que sin Reb Noson, ni una sola página de sus enseñanzas, de sus historias y de sus dichos hubiera sobrevivido. Luego del fallecimiento del Rebe Najmán, fue Reb Noson quien construyó el movimiento jasídico de Breslov casi enteramente solo. Pese a una implacable persecución y a una interminable sucesión de obstáculos, Reb Noson imprimió todos los escritos del Rebe Najmán; escribió voluminosas obras propias; estableció reuniones regulares de los jasidim de Breslov; construyó las primeras sinagogas de Breslov. Y alentó a una innumerable cantidad de judíos a poner toda su energía en seguir la senda de la Torá y de la plegaria con una inflexible sinceridad y verdad.

Para el momento de su primer encuentro, el domingo 22 del mes de Elul del año 5602 (18 de septiembre de 1802), el Rebe Najmán, con treinta años de edad, ya era un destacado, nada convencional y muy controvertido líder jasídico, con una red de devotos seguidores diseminada en amplias áreas de la Ucrania rusa.

Reb Noson, con veintidós años de edad, debería haber estado esforzándose por un futuro dorado. Su honestidad y sinceridad lo hacían amado de sus amigos. Su familia era rica y tenía un excelente ijus (linaje). Reb Noson estaba casado con la hija de uno de los más grandes y santos líderes rabínicos del área. El mismo Reb Noson era un excelente erudito de Torá. Tenía el potencial para llegar a ser una gran autoridad rabínica. O, dados los extensos intereses comerciales de su padre, podía haber combinado los estudios con el comercio y haberse vuelto un hombre de mundo.

Pero Reb Noson sufría de un problema totalmente moderno – un problema que oscurece todo lo demás: se sentía acosado por un sentimiento de inutilidad. Cada día se sentaba en el beit midrash para comenzar a estudiar, pero le resultaba imposible sumergirse en los estudios. A veces la interferencia provenía de temas comerciales; otras veces simplemente se sentía preocupado. Sólo era necesaria una pequeña distracción para sacarlo del tema durante el día entero. Luchaba por unirse a Dios y orar con devoción, pero siempre caía sobre él un sentimiento de pesadez, bloqueando todos sus esfuerzos por concentrarse. Día tras día se sucedían con la sensación de no haber logrado nada.

El mundo a su alrededor estaba en conmoción. Con Europa en la agonía de las Guerras Napoleónicas, el viejo orden de reyes, sacerdotes, aristócratas, burgueses y campesinos estaba siendo sacudido desde su raíz junto con todas sus creencias y supuestos. El mundo judío también estaba en convulsión. Hacía cuarenta años del fallecimiento del rabí Israel, el Baal Shejm Tov, el fundador de Jasidismo. Los conflictos entre el floreciente movimiento jasídico y sus oponentes se encontraba ahora en su pico máximo, sin hablar de los conflictos dentro del movimiento mismo. Al mismo tiempo, una nueva amenaza estaba comenzando a carcomer el corazón mismo de la tradición de la Torá: la asimilación.

La familia de Reb Noson, quien acariciaba las más altas esperanzas para un joven tan prometedor, tenía una respuesta simple ante los desafíos de la época: seguir adelante en el sendero tradicional de la Torá, tal como ellos lo conocían, con una puntillosa observancia de todos sus detalles buscando, ante todo, la excelencia en la erudición en la Torá. Pero, por más que trataba, Reb Noson no podía elevarse por sobre la conmoción de su propia mente.

Reb Noson había crecido en una atmósfera de hostilidad hacia el Jasidismo, especialmente por parte de su suegro, el santo rabí David Zvi Orbach. Pero cuando Reb Noson vio la intensa devoción de los jasidim con los cuales se encontraba, se llenó de envidia. Se sintió compelido a buscar la inspiración en lugares más amplios. Pese a la fuerte oposición por parte de su familia, visitó una sucesión de líderes jasídicos.

Finalmente, llegó hasta el rabí Leví Itzjak de Berdichov. En el verano de 1801, Reb Noson estaba sentado con algunos de los otros jasidim en una melave malka. Necesitaban algunos beigueles y echaron suertes para ver quién iría a comprarlos. Reb Noson fue el elegido, pero cuando estaba en camino, se sintió víctima de una profunda depresión. Incluso ahora que se había vuelto un jasid, aún sentía tantas subidas y bajadas en el servicio a Dios. “¿Para esto fui creado?”, se preguntó, “¿para comprar beigueles?”.

Reb Noson se sentía perdido. Había visto verdadera sinceridad en algunos de los jasidim más ancianos, pero pese a todas sus búsquedas y esfuerzos, la satisfacción que él sabía que existía estaba siempre un poco más allá. Una y otra vez volvía a caer. Un día, Reb Noson se retiró a una sección solitaria de la sinagoga y comenzó a recitar los Salmos. Se sentía tan quebrado y angustiado que se derrumbó al suelo, llorando amargamente mientras leía un versículo tras otro, hasta que finalmente cayó dormido…

Soñó que veía una escalera que se extendía desde la tierra hasta los Cielos. Reb Noson comenzó a trepar por la escalera, pero se cayó. Trató otra vez y ascendió un poco más alto, pero volvió a caer. Cada vez subía más arriba, pero siempre volvía a caer. Cuanto más alto subía, más bajo caía. Aun así siguió tratando y casi llegó a la cima. Pero entonces volvió a caer, y esta vez perdió totalmente la esperanza. En ese momento, alguien apareció en la cima de la escalera y le dijo, “Droppe zij, un halt zij!” – “¡Sube! ¡Pero aférrate!”. Este sueño quedó indeleblemente grabado en la mente de Reb Noson.

Fue cerca de un año más tarde, a mediados de septiembre del año 1802, que el Rebe Najmán se mudó a la ciudad de Breslov, sólo a algunas millas de Nemirov, ciudad donde vivía Reb Noson. Los residentes de Nemirov que asistían al mercado en Breslov volvían a casa relatando que el Rebe Najmán despreciaba el hecho de que muchos jasidim hacían del comer y del beber el objetivo central de sus reuniones, en lugar de la devoción a Dios. El Rebe Najmán sólo hablaba de Torá y de plegaria. Hacía que sus seguidores derramasen sus corazones delante de él confesando honestamente sus pecados.

Incluso si Reb Noson hubiese querido ir a ver al Rebe Najmán antes de que éste se mudase, el largo viaje hubiera presentado graves problemas familiares. Pero ahora que el Rebe Najmán estaba tan cerca, Reb Noson sintió que finalmente podía encontrar un mentor que lo ayudase a escapar de su turbulencia interior.

Reb Lipa, compañero de estudios de Reb Noson, quien había sido un jasid durante muchos años, visitó al Rebe Najmán en su primer Shabat en Breslov. Rosh HaShaná se estaba acercando y las plegarias de slijot comenzaban al día siguiente. Reb Lipa, quien retornó a Nemirov el sábado a la noche, se sentía tan inspirado por el Rebe Najmán que estuvo de pie en un rincón del shul recitando fervientemente las slijot en fuerte voz alta. Reb Lipa era algo así como un “viejo” jasid, pero viendo cómo había sido renovado, Reb Noson pensó, “Quizás ahora también yo pueda llegar a ser un buen judío”.

Al día siguiente Reb Noson viajó a Breslov y fue a ver al Rebe Najmán. Luego de presentarse, el Rebe le dijo, “Ya no estoy más solo”. Continuó: “Nos conocemos desde hace mucho, pero hace un tiempo que no nos vemos”.

Reb Noson reconoció el rostro del Rebe. Era el rostro que había visto en su sueño del año anterior. Fue el rostro del hombre que le había dicho: “Droppe zij, un halt zij!” – “¡Sube! ¡Pero aférrate!”. Y desde entonces, como escribió Reb Noson, “el Rebe Najmán me tomó bajo su ala y me acercó a él. Y me llevó, tal como ‘la nodriza lleva a un niño de pecho’ (Números 11:12)”.

Jaim Kramer

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