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Sexto pilar de fe: la acción

Extraído de las enseñanzas del Rebe Najman. Los Siete Pilares de la Fe

El sexto principio fundamental es saber que aunque todas las cosas, tanto en lo espiritual como en lo material, se encuentran en las manos del Santo, bendito sea, y suceden de acuerdo a Su supremo decreto, incluso así, el Señor del Universo ha arreglado las cosas de manera tal como para otorgarnos la libertad de elección y probarnos. él las ha dejado, por lo tanto, en manos del hombre para que hagamos nuestra parte. Nosotros somos quienes debemos actuar – aunque siempre con el conocimiento de que nuestra necesidad de acción en este mundo es una prueba, para ver cómo ejercitaremos nuestra libertad de elección. Es el deseo del Santo, bendito sea, que seamos nosotros quienes debamos actuar, aunque las cosas no dependan de nosotros (1).

Por tanto debemos seguir el sendero del Señor del Universo con toda nuestra fuerza y determinación, cumpliendo con los mandamientos positivos de la Torá y guardándonos del pecado y de las malas acciones. También en las cuestiones mundanas debemos dedicarnos a hacer todo de la mejor manera posible y siempre comprendiendo esto (2). Por ejemplo, a la luz de la verdadera fe, está claro que toda ganancia que se supone que deba llegarle a una persona, lo hará aunque esta persona se oculte bajo la tierra. Lo mismo se aplica al cumplimiento de las Mitzvot y a la inspiración espiritual: si el Santo, bendito sea, desea darle a alguien el mérito de una Mitzvá, porque mediante la plegaria ha encontrado favor a Sus ojos, él le enviará entonces esa Mitzvá o esa inspiración (3). Sin embargo se nos ha ordenado descender al ocultamiento – tomar la iniciativa y actuar, como si ello dependiese de nosotros. La razón por la cual debemos hacerlo es revelar la Divinidad a partir del ocultamiento mismo.

La mayoría de la gente se encuentra tremendamente equivocada respecto a esto. Ellos ven que la Torá dice que el Santo, bendito sea, te bendecirá “en todo lo que hagas” (Deuteronomio 14:29) – aludiendo a las actividades materiales – y que “tú las harás” (Números 15:39) – es decir las Mitzvot. De manera similar encontramos en nuestras plegarias, “en mí, mi Señor, está el pecado” (Samuel I 25:24) y “yo fui el causante de todo esto” (Samuel I 22:22) etc. Ellos infieren entonces que todo se encuentra bajo el control del hombre. Lo que esto realmente significa es que el hombre debe actuar con toda su fuerza y determinación, pero siempre comprendiendo lo arriba expresado. Uno nunca debe olvidar esto, no importa lo que suceda, así sea en lo espiritual o en lo material. Es decreto del Santo, bendito sea, que nunca seamos capaces de percibir directamente el accionar de Su mano (4). él se deleita cuando Lo reconocemos a través del ocultamiento mismo y cuando comprendemos que el ocultamiento proviene de él. De esta manera los mundos superiores se unifican con los mundos inferiores, el conocimiento que posee el Santo, bendito sea, del futuro se unifica con nuestra libertad de elección y la providencia de Dios se unifica con la ley de la naturaleza, para perfeccionar así la Corona del Reinado y revelar que “HaShem es Dios.”

De modo que cuando se trata de ganarse el sustento y de satisfacer nuestras necesidades, incluso antes que sepamos qué dirección tomar, adonde ir y qué es lo que debemos hacer, debemos primero levantar nuestros ojos al Cielo con una fe simple. Ahora la tarea es trabajar para remediar la falla en lo que la Kabalá denomina el “Espacio Vacío.” Este “Espacio Vacío” se formó cuando el Santo, bendito sea, retrajo Su luz infinita para hacerle un lugar a la Creación finita. El “Espacio Vacío” es la raíz de todo el ocultamiento. Esta falla se corrige teniendo fe en que nunca debemos hacer algo o tomar alguna acción sin antes comenzar con una plegaria, con un llamado al Santo, bendito sea. Luego entonces, cuando una idea o un plan comiencen a desarrollarse en nuestra mente, podremos seguirlo – pero siempre sabiendo que nuestras acciones son una prueba para ver cómo es que ejercitaremos nuestra libertad de elección.

La persona nunca debe pensar, el Cielo no lo permita, que Le es imposible al Santo, bendito sea, hacerle llegar su sustento si no es mediante un medio en particular y a través de los propios esfuerzos y actividades de la persona, al punto de llegar a depender de ese medio más que del Santo, bendito sea. Este es literalmente el pecado del Becerro de Oro. En el día del juicio se le pregunta a la persona: “¿Llevaste a cabo tus negocios con fe?” (Shabat 31a). En otras palabras, cuando saliste a ganarte el sustento, ¿fue con la intención de desarrollar tu fe? Pues ese el mandamiento del Santo, bendito sea – enfrentar la prueba y actuar, para así purificarse a través del cumplimiento de la Torá. ¿Actuaste sabiendo que, incluso así, tu sustento vendría de Su mano y no de tus acciones? O actuaste con descreimiento, saliendo a ganarte la vida porque pensaste, “¿En qué mejorará mi sustento si yo me siento a estudiar? Pues si no hago algo seré incapaz de ganarme la vida.” Se necesita de una mente clara para comprender cuál es la acción que la Providencia quiere de nosotros y cual no. Pueda el Santo, bendito sea, tener misericordia de nosotros y ayudarnos a saber qué hacer.


Notas – Sexto Pilar

1. ¿Qué sucede con las Mitzvot que no pueden ser cumplidas en la actualidad, tales como las ofrendas de sacrificio, el año del Jubileo, etcétera? Enseña el Talmud, “Cuando alguien estudia las leyes de los sacrificios es como si estuviese trayendo un sacrificio” (Menajot 110a). De modo que aunque uno no pueda cumplir con una Mitzvá de la manera apropiada, al tratar de hacerlo de la mejor manera posible, ello se le acreditará como si la hubiera cumplido.

2. “La gente necesita que la alienten en cuatro áreas: Torá y buenas acciones, plegaria y negocios” (Berajot 38b). Vemos entonces la necesidad de fortalecerse en todos los emprendimientos, para así realizarlos de la mejor manera posible.

3. Ver Bava Batra 8b, respecto a la mitzvá de la caridad y lo mismo se aplica a todas las Mitzvot.

4. “Los ojos sólo pueden ver aquello que se les permite ver” (El Libro del Alef-Bet, La Vista 1). Así, incluso aquél que desee tener una revelación de Dios no podrá hacerlo a menos que ello sea decretado desde el Cielo.

Breslov Research

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