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D´s, la Creación y el Alma.
Sobre el propósito del descenso del Alma
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Segunda parte

Extraido de Reencarnacion y Judaismo: La Travesia del Alma

La Mishná declara: “Contra tu voluntad vives y contra tu voluntad mueres”18. Esto quiere decir que uno no quiere venir a esta vida y tampoco desea dejarla. Por ende, uno vive y muere a la fuerza, en contra de su voluntad. Pero debemos comprender esto: si uno en principio no quiere venir a esta vida, parecería que no hay necesidad luego de obligarlo a abandonar este mundo y viceversa. Así, el Jasidut explica19 que esta Mishná se refiere al Alma Divina del hombre. Antes del descenso del alma a este mundo inferior, el alma exclama: “¡No quiero ir! ¿Por qué debo dejar la presencia de la Divinidad? ¿Por qué entrar a un mundo que está vacío de Divinidad? ¡Quiero estar aquí arriba, en estos mundos espirituales y estar continuamente en presencia de lo santo!” Esta es la protesta del alma antes de su descenso a este mundo inferior. En referencia a esto es que la Mishná dice: “Contra tu voluntad vives”. Tu alma se vio forzada a descender a este mundo.

Sin embargo, una vez que el alma desciende y se da cuenta de cuánto puede lograr espiritualmente y el nivel de elevaciones posibles en este universo inferior, llora cuando su tiempo en este mundo se ha acabado y debe separarse de su cuerpo. Por eso es que la Mishná dice: “contra tu voluntad mueres”. (Debe observarse que la elevación que el alma recibe en este mundo es sólo aplicable a los niveles inferiores del alma: el Nefesh, el Rúaj y la Neshamá, y que el nivel de Jaiá y especialmente el de Iejidá no necesitan ni tampoco pueden tener ningún tipo de Tikún20).

La manera en que el alma logra esta elevación es a través de la observancia de los 613 mandamientos, las mitzvot. Está explicado que cada alma tiene 613 compartimentos y de la misma forma hay 613 recipientes para recibir las 613 partes del alma. Estos son los 613 órganos y venas generales del cuerpo humano que absorben al alma21. Di-s nos dio 613 mandamientos correspondientes a los 613 compartimentos. Por medio de la observancia de cada mitzvá, elevamos el compartimento correspondiente del alma. Si embargo, para que cada mitzvá eleve la correspondiente parte del alma, la mitzvá tiene que ser hecha, como dice el Talmud, “con cuidado y con gran intensidad y fervor”22. Más aún, la mitzvá debe ser hecha con los tres ropajes del alma: con los pensamientos, la palabra y la acción23. La mitzvá no debe ser una simple acción sino que debe permear al ser entero, tanto a la mente como a la capacidad de comunicación. Por medio de esto, se elevará la parte correspondiente del alma.

El proceso de Tikún (elevación) consiste primeramente en la elevación de todo el nivel inferior del alma, el Nefesh. Este nivel del alma es análogo al nivel de Asiá, que como explica la Cabalá24, contiene los cinco niveles del alma. (Cada uno de los cinco niveles tiene en sí mismo cinco subdivisiones.) Así, el nivel de Nefesh tiene el Nefesh de Nefesh, el Rúaj de Nefesh y la Neshamá de Nefesh (e inclusive la Jaiá y la Iejidá de Nefesh). Luego de que una persona ha elevado su nivel entero del Nefesh con sus cinco subdivisiones – haciendo las 613
mitzvot con gran cuidado y esmero-, sólo entonces, con mucho esfuerzo y como Rabí Jaím Vital escribe25, “con grandes dificultades y tribulaciones (y sólo si es suficientemente meritorio)”, cambiará Di-s su alma de Nefesh (que para este entonces estará completamente elevada) por un nivel superior de alma, el nivel de Rúaj, que corresponde al mundo siguiente más elevado: Ietzirá. Y si la persona eleva todo el nivel de Rúaj – con todas sus subdivisiones-podrá elevar el próximo nivel superior del alma, el nivel de Neshamá. (Los niveles de Jaiá y Iejidá no pueden ni necesitan ningún tipo de elevación.)

El proceso que acabamos de mencionar es el que sigue la mayoría de las personas, que tienen “almas comunes”. Sin embargo, existen personas que tienen un nivel más alto de alma, un “alma verdaderamente nueva” (que está por encima del “alma general de Adám”26, como se explicará en el párrafo siguiente). Para ellas es fácil y no exige casi esfuerzo alcanzar los niveles por encima del Nefesh, llegar a Rúaj, Neshamá e incluso a Jaiá y Iejidá. Es más, es muy probable que, cuando estas almas desciendan a esta tierra para habitar una forma humana, no pequen y sean verdaderamente personas virtuosas27. No existe, sin embargo, garantía de que nunca pecarán, sólo que ello es lo más probable ya que se inclinan por naturaleza propia a hacer el bien.

En la Cabalá se explica28 que cuando Di-s creó al hombre primordial, Adám, el primero de todos los seres humanos, el curso entero de la humanidad estaba contenido dentro de él. Todas las generaciones que le seguirían, estaban contenidas en él. Adám no fue ni masculino ni femenino. El cuerpo de Adám era una síntesis de masculino y femenino, como dice la Torá: “y Di-s creó al hombre (Adám), masculino y femenino los creó”29. En sus genes estaban ya incluidos los genes de toda la humanidad hasta el fin de los tiempos. El fue el ser todo abarcador. Adám fue el padre y la madre físicos de la humanidad30.

La Cabalá explica que así como Adám fue el padre y madre físicos de la humanidad, también fue el padre y madre espiritual de ella. El alma de Adám es el alma general “de donde emanan todas las almas”31. La estructura física de Adám, la forma de su cuerpo, era en cierto sentido análoga a su forma espiritual. Las dimensiones físicas del cuerpo de Adám eran paralelas a la estructura de su alma, que es el “alma general”. Por lo tanto, la Cabalá enseña que hay almas cuyo origen está en la cabeza de Adám, hay almas cuyo origen está en las manos de Adám, etc.

(En términos prácticos esto quiere decir que aquellas almas cuyas raíces provienen de la cabeza de Adám son las partes intelectuales del alma general y por lo tanto se inclinan hacia el intelecto, y aquellas almas cuyas raíces se originan en las manos del alma general, se inclinan más hacia la actividad física, etc.) El Talmud dice: “cuando Adám fue creado, medía desde los cielos arriba hasta la tierra abajo, pero cuando Adám pecó, Di-s achicó su cuerpo”32, lo que significa que sus dimensiones físicas -su cuerpo-como sus dimensiones espirituales -su alma-se achicaron. En sentido espiritual, esto quiere decir que las partes de su alma que se correspondían a las partes de su cuerpo que se achicaron, también se achicaron, y estas almas “se desprendieron de su cuerpo y cayeron en lo no-santo”. A estas almas se las llama “almas viejas”. A las partes de su alma que permanecieron “unidas” a su cuerpo (hablamos aquí en términos antropomórficos) se las denomina en la Cabalá “almas nuevas”, y las almas que están por encima de Adám se denominan “almas verdaderamente nuevas”.

Estos son los tres tipos de alma. Las almas de la mayoría de los seres humanos hoy en día son “almas nuevas”33. Estas “almas nuevas” provenientes del alma de Adám, fueron luego divididas en dos partes, correspondientes a los dos hijos de Adám. Una parte es el alma conectada con Abel, que contiene las almas cuyo origen es Jésed –bondad, gracia y benevolencia- y la otra parte contiene las almas conectadas con Caín, que corresponden a Guevurá -fuerza, poder, predominio.Para que estas “almas nuevas” alcancen el siguiente nivel de alma, el de Rúaj, primero tienen que elevar la total dimensión de su Nefesh. Más aún, estos alcances superiores del alma se pueden lograr sólo a través de grandes dificultades. Por otro lado, aquellos que poseen el nivel de “almas viejas” pueden alcanzar el siguiente nivel superior del alma, Rúaj, aun sin elevar el Nefesh entero. (Sin embargo, para que esto suceda, primero tienen que recitar la “plegaria del arrepentimiento” con gran concentración34.)

Esta es la ventaja de las “almas viejas” por sobre las “almas nuevas”, ya que las primeras pueden elevar el nivel de Rúaj antes de que el Nefesh haya sido refinado. Pero incluso estas almas no pueden alcanzar el nivel siguiente de Neshamá hasta tanto no eleven su nivel entero de Rúaj35. (Existe todavía otro nivel de alma que es el alma de un converso36, que una vez convertido, recibe un Alma Divina, un alma cuyo origen es la santidad37.)

Hemos hablado del descenso del alma al mundo físico y su travesía de Tikún. La búsqueda del Tikún es ardua y formidable. Muchas personas viven su vida entera sin experimentar nunca una elevación total del alma. Si uno ha vivido toda una vida y no ha elevado su alma a todos los niveles posibles, entonces para lograr su completa elevación el alma debe reencarnarse en otra forma humana hasta que llegue a elevarse completamente. Es importante hacer hincapié en que cuando el alma desciende a este mundo para elevarse, esta elevación es la recompensa, y no el propósito de su descenso. El propósito del descenso es elevar el cuerpo, lo físico. Las elevaciones del alma son sólo una recompensa por descender a elevar lo físico.

18. Véase Avot 4:22.
19. Rabí Shalom Dovber, el quinto Rebe de Jabad, Sefer HaMaamarim 5659, (New York: Kehot Publication Society, 1977), págs. 7 y 8. Véase también Rabí Schneur Zalman de Liadi, Tanya (New York: Kehot Publication Society, 1965), cap. 50.
20. Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 1.
21. Rabí Jaím Vital, Shaare Kedushá, cap. 1, Sháar 1.
22. Talmud, Shabat 118b.
23. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 11. Véase Rabí Schneur Zalman de Liadi, Tanya (New York: Kehot Publication Society, 1965), Igueret HaKodesh, carta 29.
24. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 11. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Maase Noraim.
25. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 3.
26. Ibid, Hakdamá 7 y Hakdamá 32.
27. Ibid Hakdamá 6. Véase Talmud, Bava Metzia 61a, “Tú -Di-s-has creado a los justos” (véase Tanya, cap. 14).
28. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 6.
29. Véase Génesis 1:27. Véase Talmud, Eruvin 18a.
30. Véase Rabí Iehudá Loew, Tiferet Israel (Israel: 1980), al final del cap. 47.
31. Incluso el primer nivel de las almas (que dijimos que está por encima de Adám) tiene una conexión con “el alma general de Adám”. Véase Hakdamá 12 en el comienzo. Todas las almas se originan en el alma general de Adám. Véase también Midrash Rabá, Exodo, parsha 40, cap. 3. Midrash Tanjuman, parshat Ki Tissa 12. Rabí Schneur Zalman de Liadi, Tanya, Igueret HaKodesh (New York: Kehot Publication Society, 1965), carta 7.
32. Véase Talmud, Sanhedrin 38b; Jaguigá 12a. Pirkei deRabí Eliezer cap. 11.
33. Véase Sefer Sháar HaGuilgulím, Hakdamá 3.
34. Véase Ibid, Hakdamá 7.
35. Véase Ibid.
36. Véase Ibid. Hakdamá 12, 13. Ver, sin embargo, Rabí Itzjak de Acco, Meirat Einaim, Parshat Bereshit 4:1; Rabí Nathan Shapiro (1585- 1633), Megalé Amukot sobre la Torá, parshat Vaieshev, cap. 101. (Véase también Megalé Amukot, cap. 88). Rabí Meyer Eben Aldavia, Shevilei Emuná, Netiv Shelishí (Jerusalem: 1990), pág. 129; y véase también Sidur Rabí Iaacov Emdin, “leyes de la noche de Shabat”. Donde ellos escriben que las almas de los conversos al judaísmo son en principio judías. Por lo tanto, en todo el Talmud cuando se menciona una conversión, se dice: “un converso que se convirtió” (véase Talmud, Ievamot 22a), indicando que este se considera un converso aun antes de que se haya convertido en la práctica. Véase también Rabí Iehudá Loew, Tiferet Israel (Israel: 1980), al final del cap 2.
37. Véase Ibid. Hakdamá 34.

Dov Ber Pinson

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