Festejando
Pesaj
Pesaj y su significado
+100%-

Saliendo de Mitzraim cada día

por Laura y Gabriel Amar

Leemos en el Tania, epístola 11 del Igueret Hakodesh, que la persona debe profundizar y entrenarse en el conocimiento de que el cosmos es creado a partir de la nada a cada instante y en todos sus detalles por la Sabiduría Divina que anima todo. La avodá de la persona es tener en mente y meditar profundamente en esto, cómo uno mismo es creado a partir de la nada, en cada momento, y por lo tanto, no puede haber lugar para preocupaciones ni aflicciones por las cosas del mundo. Porque esa nada que lo crea todo a cada instante es la jojmá de Hashem, la fuente de vida que trasciende todo el orden de la creación.

Visto desde este ángulo, todo es bueno, aún cuando no lo vemos físicamente en forma revelada a causa de su elevada bondad, que no es factible que se invista en la realidad material. El Tania dice que aquel que se apena y sufre, es como quien niega a Di-s, porque si confiara en que Hashem es quien maneja toda la creación con el soplo puro de su voluntad, no se apenaría, sino al contrario, viviría en un estado de alegría, y no lo perturbarían las cuestiones mundanas. Es más, el Alter Rebe dice que quien así se encuentra, es como si estuviera viviendo la vida de los gentiles. Esto en realidad ocurre por su amor a sí mismo, que lo aparta de Hashem. Y agrega que este estado existencial es tan penoso, que al menos que logre salir de sí mismo y conectarse con Hashem, “mejor hubiera sido no haber sido creado”. Pero la tristeza, el dolor, la frustración y el desaliento, existen. Y Hashem nos pone a prueba con estos juicios, para saber qué hay en nuestro corazón, si vamos a volvernos hacia la sitrá ajará, o sea, la vida del cuerpo gobernada por las pasiones, los deseos y el tiempo, o vamos a desear la fuente de la vida que nos conecta con la verdadera vida que surge ininterrumpidamente de la Sabiduría Suprema.

Cuando uno entonces comprende que todas sus necesidades y todo lo que lo rodea evoluciona según este camino, no de las pasiones ni de las realizaciones mundanas, sino de la santidad, así nace en nosotros la profunda concepción de que todo es bueno, aunque no sea captado por el hombre. Y si uno cree esto en forma auténtica y con profunda convicción, así el mal aparente es absorbido en la esencia del Bien Supremo que todo lo abarca, y todo se torna bueno reveladamente.

Tenemos conceptos muy elevados y muy básicos de Jasidut, conceptos que deberían conmovernos esencialmente, frente a los cuales nos sentimos desarmados, y sin ninguna excusa, urgiéndonos a trabajar imperiosamente en ellos, ya que es el fundamento para la definitiva salida de Mitzraim. Si meditamos diariamente en estos conceptos, vamos a lograr un cambio en nuestros pensamientos, sentimientos y actos. Si dirigimos todas nuestras acciones en este sentido, saldremos de Mitzraim, saldremos de nuestras limitaciones. Si uno logra vivir con verdadera alegría, madurando por sobre las aflicciones y no dándoles el valor de una existencia real, llegaremos a revelar una luz nueva. Para esto debemos llevar a la práctica una meditación profunda en forma diaria y continua en estas ideas, acostumbrándonos al ejercicio consciente de llevarlas en el corazón, y que asciendan y se asienten en nuestras mentes, desarrollando una actitud de vida basada en estos principios. Sólo así llegaremos a la redención personal, que es la semilla indispensable para la redención universal.

El trabajo sobre nosotros mismos es urgente, no se puede descansar ni un solo día en este aspecto: en nuestras vidas y con aquello que nos ocurre, conviviendo con los “problemas” e intentando que no profanen la alegría interior, que no profanen la belleza y el éxtasis que se siente ante un atardecer, la elevación que a veces se alcanza en la tefilá, el agradecimiento a Hashem por aquellos bienes que nos brinda, y que a veces nos pasan desapercibidos, como el shalom bait en el hogar, o la satisfacción de ver a los chicos creciendo sanos, superando obstáculos y aprendiendo día a día. A veces es la paz que logramos después de bucear en nuestro ser interno y descubrirnos muy ricos y bendecidos, aunque a nuestro alrededor las situaciones materiales aparentemente no progresen según las expectativas, y que sin embargo podemos mantenernos plenos a pesar de situaciones externas adversas, con la ayuda de Hashem, que nunca abandona a quien se conduce por las sendas del bien.

Si reconocemos que todo lo que nos acontece proviene de la bondad ilimitada de Hashem, entonces no existen obstáculos reales. Hay pequeños reconocimientos diarios que nos pueden ayudar en este sentido: valorar la gracia que nos otorga cada día al despertar, otra mañana de un cielo infinito, el sol que brilla nuevamente, o la lluvia que refresca la tarde, el milagro de la vida creada a cada instante, la compañía de nuestros seres queridos, los ojos fijos de un bebé que nos mira con su pureza inusitada. Al discernir entre las exigencias personales y ajenas, los eternos mandatos, los propios y los que nunca hicimos propios, al reconocer quiénes somos y no confundir nuestros objetivos y deseos con externalidades, logramos dar un paso más hacia la luminosidad. Saldremos -tenemos la capacidad de lograrlo- de nuestra limitación espiritual de engañarnos a nosotros mismos viviendo para y por proyectos y conceptos que no se tamizaron en nuestra esencia, hundidos en la limitación espiritual que significa no poder trascender los impulsos animales ni ejercer la libertad interna de vivir las situaciones difíciles con paz interna. Atraeremos un poco más de luz cuando escuchemos al prójimo, sin diferir la atención sobre su necesidad por la tiranía de nuestras propias prioridades.

La verdadera limitación que tenemos es no estar viviendo de la fuente de la verdadera vida. El verdadero exilio se manifiesta a través de nuestras mezquindades, y es de este Mitzraim del que deberíamos clamar por ser liberados. Mitzraim es que a veces no nazca de nosotros actitudes valientes y nobles para con el prójimo, el simple hecho de hacer un favor aunque fuera en desmedro de nuestra comodidad, el no hablar a tiempo a veces por cobardía, y otras callar, cuando hablar sería en beneficio de alguien y revelaría un cierto aspecto de la verdad. Mitzraim es mentirnos permanentemente sobre quiénes somos y qué vinimos a hacer en este mundo.

Es cierto que a menudo la realidad se presenta dura e inexplicable. Hay eventos que escapan a la expectativa de lo que correspondería a nuestros actos e intenciones, y a veces incluso se desarrollan fatalidades, situaciones personales que son increíbles y misteriosas, y hay quienes atraviesan enormes problemas que a veces parecen sobrevenir uno tras otro, como las olas de un mar embravecido. Y aquello que no tiene explicación lo denominamos prueba, y es correcto: el Tania, capítulo 41, dice “para ver qué hay en su corazón”. Entonces no debe haber lugar para cuestionar nada, sólo debemos sobrellevar la prueba con enormes energías internas y sin dejarnos vulnerar por el entorno, con perfecto bitajón en Hashem. El Rebe afirma que la fe brilla en forma más revelada en las mujeres, ya que Hashem “entregó la parte esencial de la Torá a las mujeres, y a los hombres les entregó los detalles”. Así , son las mujeres, con su fe íntegra, quienes abren la brecha: es gracias a la valentía de las mujeres, que no sacrificaron las vidas de los bebés varones como había decretado el faraón, sino que los dejaron vivir; y es gracias a Miriam que salimos confiados con las panderetas previamente preparadas.

Este mérito femenino está relacionado con la llegada del Mashiaj, quien revelará a todos la esencia de la Torá. Tenemos entonces una gran responsabilidad en nuestras manos, tanto mujeres como hombres, y cada quien debe intentarlo en su entorno, y en su relación con sus padres, hermanos, esposo, hijos, amigos, o compañeros de trabajo, utilizando la fuerza que va más allá de las palabras, que va en actitudes, en transmitir con el ejemplo. Y sobrepasando siempre nuestros límites, que cada uno debe esforzarse por conocer bien, conquistando terrenos de luz para este mundo.

La oscuridad podemos transformarla en luz incrementando la armonía en nuestros actos, palabras y pensamientos, convirtiendo sentimientos negativos en positivos, actuando según este orden de trabajo espiritual del día a día. Debemos comprometernos a hacer lo que podamos, y descubriremos que lo que podemos siempre es más de lo que nos imaginamos, y usemos la energía en todo su potencial en forma eficiente. Entreguemos todas las preocupaciones a Hashem; recién ahí lograremos un estado de paz, de expansión del ser, de unión con el prójimo y con nosotros mismos.

Es complejo no caer en trampas mentales, y es preciso estar alertas a esos sonidos internos que nos iluminan el camino, que va bifurcándose interminablemente, a veces fértil, a veces mostrándose en forma árida; el tema es no desviar los ojos del camino que recorre cada uno según sus características y esencia. Y además es desarrollar nuestras tendencias positivas extendidas en su máxima expresión, desarrollando las capacidades personales. Así podemos alcanzar redenciones personales, que nos inundan del cauce fresco de pureza auténtica, que nos alimentan el alma y el cuerpo y nos invitan a compartir este fruto exquisito con buena predisposición hacia las personas con las que nos relacionemos. A través del trabajo de cada uno sobre sí mismo y sobre el prójimo lograremos de lo particular un cambio en lo universal, ayudando a que el parto mesiánico sea menos doloroso y finalmente se concrete tangiblemente en este mundo la tan ansiada redención universal a través de la revelación del Mashiaj.

Laura y Gabriel Amar

Deje su comentario

Su email no se publica. Campos requeridos *

Top