Festejando
Pesaj
Pesaj y su significado
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Sabiduría de los tiempos

Extraído y adaptado de Conforta mi alma. De las enseñanzas del Rab Najman de Breslov

Cuando las cosas se hunden en lo más profundo y la oscuridad se encuentra en su máxima densidad, ese es el momento del “ocultamiento dentro del ocultamiento” (Likutey Moharán, A 56). Pero éste es de hecho el momento de mayor cercanía con el Santo, bendito sea. Es ahora que las cosas comienzan a volver hacia él. Pues la oscuridad es la propia vestimenta del Santo, bendito sea, si así pudiera decirse. “Y Yo pasé por la tierra de Egipto, Yo y no un ángel, Yo y no un seraf” (Hagadá de Peisaj). Si la persona fuera digna de rasgar esa vestimenta podría entonces acercarse al Mismo Santo, bendito sea.

Se necesita sabiduría (daat) para conocer cuándo se ha llegado al fondo del ocultamiento. Sin esta sabiduría la densidad misma del ocultamiento puede ser abrumadora. Es la gran fuerza de los poderes del “Otro Lado” la responsable del ocultamiento. Su fuerza proviene de la “rotura de los recipientes” (Etz Jaim). Esto tuvo lugar debido a la llegada de demasiada luz; la pura luz del Infinito fue demasiado poderosa como para poder ser contenida en esos “recipientes”. Parecería que el ocultamiento de la luz es el peor suceso del mundo. El mismo Santo, bendito sea, se vuelve oculto. Pero ese ocultamiento fue necesario debido a la misma abundancia de luz. Se sigue de aquí que es el ocultamiento mismo el que debe estar conteniendo esta tremenda luz. Pero sólo el más grande de los Sabios es capaz de encontrarla. El éxodo de Egipto constituye la revelación de esta luz.

Fue en Egipto que los Hijos de Israel descendieron al más bajo abismo de degradación. “Desciendan” (Génesis 42:2) les dijo Iaacov a sus hijos. La palabra Hebrea para “descender” es redú. La suma del valor numérico de las letras Hebreas de esta palabra es 210, correspondiente a los 210 años de exilio en Egipto. Fue entonces que cayeron al punto más bajo. Pero Moshé, nuestro Maestro, fue digno de alcanzar la sabiduría necesaria para apartar el velo del ocultamiento. Fue capaz de transformar el ocultamiento en revelación. Y mediante esto los Hijos de Israel fueron redimidos.

Los Sabios de Israel han sido siempre expertos en las fases de la Luna (de éxodo 12:2) (Shabat 75a; ver también Ketubot 112a; Likutey Moharán, A #61). La santificación de la Luna Nueva al comienzo de cada mes es la revelación contenida dentro de las profundidades del ocultamiento. La Luna corresponde a la sefirá de Maljut (Likutey Moharán, A #1) – el atributo Divino del Reinado. La disminución de la Luna es el ocultamiento que tiene lugar cuando las fuerzas del “Otro Lado” le quitan la fuerza a Maljut. Esta fuerza proviene de la luz de la sefirá de Jojma, Sabiduría, que proviene a su vez de la Fuente de toda luz. Es por esto que la Luna recibe su luz del Sol, que corresponde a Jojma. Es precisamente cuando la Luna se encuentra más cerca del Sol y se halla opuesta directamente a él que ella se reduce al punto del total ocultamiento y no da luz alguna al mundo. Pero al llegar a este punto comienza inmediatamente a crecer y nace la Luna Nueva. Se necesita sabiduría para determinar el momento exacto en el cual la Luna comienza a crecer.

La santificación de la Luna Nueva fue el primer precepto que recibió Israel (éxodo 12:2). Y fue dado en el momento del éxodo de Egipto, pues ambas cosas son una. En la Luna Nueva comienza el movimiento de retorno hacia el Santo, bendito sea. Es en ese momento que el ocultamiento se revela como lo que es. A esto se debe la costumbre de guardar un pequeño Día del Perdón (Iom Kipur Katán) en la víspera de la Luna Nueva, para incentivarnos a retornar al Santo, bendito sea. La Luna se encuentra en el punto más profundo de disminución y ocultamiento. Este es precisamente el tiempo del acercamiento. (Leyes de la Luna Nueva 3:3).

22. (49) ¡Cuántos “tiempos” (itim) debe vivir cada Judío! Buenos tiempos y malos tiempos. Estos son los 28 “tiempos” de los que habla el Libro del Eclesiastés (3:1-7), todos los tiempos, estaciones y cambios, circunstancias y situaciones que todos experimentamos desde el día de nuestro nacimiento hasta el día de nuestra muerte. Esto es a lo que se refería el Rey David cuando le pedía al Santo, bendito sea, “Pues en Tus Manos están mis tiempos. Rescátame de la mano de mis enemigos, de mis perseguidores” (Salmo 31:16).

Es el gran Tzadik que le enseña Torá y sabiduría a Israel quien puede darle fuerzas a cada Judío para mantenerse firme a través de todos los “tiempos” y cambios que debe vivir.

Existe una respuesta para cada tiempo y para cada situación. En un momento la respuesta puede ser dedicarse al estudio de la Torá; en otro momento será decir una plegaria o hacer alguna buena acción. A veces puede ser necesario clamar y rogar y llorar delante del Santo, bendito sea. Otras estar alegres y agradecidos. Hay tiempos para hablar y otros tiempos de silencio. También está el tiempo en el cual lo que necesitamos es dejar nuestro servicio. Pues a veces “Dejar la Torá es guardarla” (Menajot 99a). Hay momentos en los cuales la persona debe comer o dormir para preservar así su salud. Otras veces tiene que conversar con otra gente para aguzar su intelecto y demás.

Cada uno debe pasar por innumerables y diferentes “tiempos.” Esto es lo que se menciona en conexión a la muerte del Rey David, “…juntamente con todo lo relativo a su reinado y sus hazañas y los tiempos que pasaron sobre él y sobre Israel y sobre todos los reinos de las tierras” (Crónicas I, 29:30). (Leyes de Peisaj 9:5).

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