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Rosh Jodesh Shevat: De hijos a compañeros del alma

Rab Moshe Luria, zt’l, era un jasid de la dinastía Slonim quien pasaba día y noche ampliando el deseo de Hashem que Su pueblo se relacione con Él no solo como Padre y Rey, sino también como Compañero del alma, cumpliendo así el propósito de la creación.

La perspectiva especial del Rab del vínculo deseado con Hakadosh Baruj Hu aparece en el siguiente texto, que saca a relucir el propósito interno de la creación.[1]

El primer día de Shevat, Moshé comenzó a enseñar el Mishné Torá, el libro de Deuteronomio, a la generación que estaba por entrar a la Tierra de Israel. Es notable que este jumash incluye las enseñanzas acerca de la cercanía entre Hakadosh Baruj Hu e Israel, que no encuentran en los otros libros de Moshé (Génesis, Éxodo, Levítico y Números).  Deuteronomio incluye no sólo las mitzvot, los preceptos acerca de amor, temor y apego a Hashem, sino también la mitzvá de Keriat Shema, que es la primera vez que aparece. La esencia de la cercanía entre Hakadosh Baruj Hu e Israel recibe pues un foco de atención en Deuteronomio que nunca había tenido, y así también, la declaración “sois los hijos de Hashem, vuestro D-s”, no se había revelado anteriormente. Hemos pues de concluir que existe una diferencia entre lo hijos de Israel que estaban por entrar en la Tierra y los que vivían en el desierto.

Para comprender la esencia de esta diferencia, fijémonos en las dos etapas de la ceremonia matrimonial judía: kidushín, consagración y nisuín, nupcias. El concepto de kidushín consiste esencialmente en un kinián, adquisición de derechos, pero sólo puede completarse a través de la etapa de nisuín.  Existe una diferencia entre la relación de cónyuges cuyo lazo legal es sólo el de kidushín y el vínculo que tendrán después de los nisuín.  La diferencia entre ambos tipos de vínculos conyugales es que cuando se completa la etapa de kidushín con los nisuín por medio del shtar, contrato (la ketubá), y biáh, la unión conyugal, se vuelve ella parte de él.

La “adquisición” conyugal exclusiva de los kidushín, en contraste con la unión matrimonial completa de los nisuín, se reflejan ambas en las diferentes clases de vínculo entre Hakadosh Baruj Hu y los Hijos de Israel, primero en el desierto, y luego cuando entraron a la Tierra de Israel.  Hay cuatro expresiones de redención:[2] וְהוֹצֵאתִי אֶתְכֶם – Yo os sacaré, וְהִצַּלְתִּ אֶתְכֶם- Yo os rescataré, וְגָאַלְתִּ אֶתְכֶם  – Yo os redimiré, וְלָקַחְתִּי אֶתְכֶם לִי – Yo os tomaré para Mí.  Las tres primeras pueden verse como la salida de la dimensión del mal, mientras que la cuarta puede considerarse como hacer el bien, Yo os tomaré para Mí (velakajti), como el que “toma” a una mujer por esposa por medio de la ceremonia de kidushín.  No obstante, hay una quinta expresión, Yo os traeré (veheveti etjem) a la tierra,[3] que le añade al significado profundo de velakajti etjem Li, Yo os tomaré para Mí.  La idea de “tomar” evoca la adquisición de derechos de los kidushín en respecto de la Comunidad de Israel, porque Hakadosh Baruj Hu adquirió derechos exclusivos sobe Su Compañera del alma cuando los redimió de la esclavitud.  En cambio, el mensaje de veheveti etjem, Yo os traeré, evoca la unión completa del vínculo conyugal de nisuín, después del cual el novio trae a su novia a su hogar, y ella se vuelve parte de él, si puede expresarse así, así como las almas de Israel forman parte del Altísimo en el Mundo Celestial. El entrar a la Tierra de Israel puede considerarse pues como la jupá, el palio matrimonial después del cual la novia entra en el hogar de su marido.

La gente de la generación del desierto eran guiados por una interacción Divina por encima de las leyes de la naturaleza.  Esa era una generación de daat, conocimiento, y su vínculo especial con Hakadosh Baruj Hu provenía de su relación con la Torá como producto del intelecto Divino. En cambio, la generación de los que iban a entrar a la Tierra de Israel serían guiados por una interacción Divina que permanecería oculta en la naturaleza. Ellos tendrían que esforzarse por server a Hashem con una fe que se acercase a la conciencia, una fe que no sería mantenida por milagros revelados. Tendrían que luchar contra las pasiones físicas que arrastran al individuo hacia la dimensión del mal, para centrar su amor y temor reverencial en todos los elementos de su servicio divino.

La tierra a la que iban estaba ocupada por siete pueblos, el ápice mismo de la impureza, y a medida que iban echándolos encontrarían la tierra de leche y miel que les había prometido el Altísimo. Devash, la palabra hebrea que expresa “miel”, tiene el mismo valor numérico que ishá, la mujer, sugiriendo así que la idea de miel indica la conciencia de oneg, el deleite, es decir, la posibilidad de aspirar a un vínculo con Hashem no sólo como Padre y Proveedor, sino también con el amor apasionado entre el hombre y la mujer.

El servicio divino de Israel comenzó en el desierto cuando estaban ascendiendo hacia un daat, conocimiento intelectual de Hashem. Cuando entraran el la Tierra de Israel, tendrían que reunir todas las fuerzas y emociones de su naturaleza humana y centrarlas en el desarrollo de su vínculo con Hashem, sensibilizándose a la esencia interior de esta tierra, que Hashem “deseó (jamad) por morada Suya”.[4] Tendrían que aprender a corresponder con el mismo tipo de vínculo al darse cuenta que sólo en esta tierra podrían imbuirse de un nivel de jemdá, deseo de cercanía lo bastante fuerte para dominar las tentaciones de su naturaleza humana, mismo cuando no se alimentaban del pan de ángeles, como lo hacían en el desierto. Es por lo tanto solo con la generación que entró a la Tierra de Israel que podría realizarse el vínculo de nisuín, ya que solo después de entrar en el hogar del rey sería relevante la perfección de su vínculo.

La diferencia entre el Mishné Torá (Deuteronomio) y los precedentes jumashim, libros de Moshé, es que estos últimos tratan de la generación del desierto cuyo vínculo con Hashem era de kidushín en el que no hay cercanía, sino tan solo una adquisición de derechos exclusivos. Por consiguiente, no se encuentran en esos jumashim expresiones de cercanía, ya que éstas sólo son relevantes después de que la novia se vuelva parte de la esencia del novio – si puede expresarse así. Las mitzvot de amor, temor reverencial y apego apasionado sólo se encuentran en el Mishné Torá, que les relató Moshé a la generación que iban a entrar a la Tierra, ya que esa sería su jujá, palio nupcial, el principio de veheveti etjem, Yo os traeré, la realización actual de los nisuín.

Sólo en el hogar del Rey, Su dirá betajtonim, lugar de residencia de abajo, que es el propósito interno de la creación, podría tomar lugar el equivalente espiritual de la biáh, culminación del lazo nupcial que sella los nisuín, transformando al novio y a la novia en una sola entidad.

Unas palabras acerca del autor de estas enseñanzas y de su voluminoso trabajo:

Los numerosos libros de Rab Moshé Luria zt’l nos inspiran a intensificar nuestro vínculo con el Altísimo en lugar de contentarnos con el simple cumplimiento de nuestro deber como transmitido en la Torá.  Un vínculo de esta clase sólo puede basarse en conocimientos de Torá – en el esfuerzo de estudiar acerca de los atributos Divinos, cada cual según el intelecto que se le concedió.  Como indica el comentador Ralbag, no debemos ponernos en la situación en que tengamos que confesar: He pecado en que no me esforcé por conocer a Hashem tanto como posible.[5] Hemos de ir mas allá de la relación con Hashem como Padre y Proveedor de todas nuestras necesidades y entregarnos al esfuerzo de tratar de ampliarla. Y como nos dice el Rab, hemos de saber con certeza en nuestro fuero interno que nuestros esfuerzos serán coronados con éxito. [6]

Otros maestros de Torah han enseñado que al llorar por el Templo lo que añoramos es la relación con el Altísimo – la llama interior que reanimaba nuestra fe al ver todos los milagros que sucedían en el Templo.  Rab Luria enseñó cómo esa relación sigue viva hoy, y es a nosotros a mantenerla vibrante a través del poder de la tefilá, el rezo.[7]

   Los patriarcas inspiraron al pueblo de Israel una sed de cercanía al D-s viviente, y una necesidad de rezar que esta cercanía se materialice. Por consiguiente, lo que hace que nuestras tefilot, rezos sean deseadas en el Mundo Celestial es su elemento de anhelo, como lo expresa el dulce cantante de Israel:[8] תְּפִלָּה לְעָנִי כִי יַעֲטֹף וְלִפְנֵי ה’ יִשְׁפֹּךְ שִׂיחוֹ: – Plegaria del afligido cuando desfallece y derrama su súplica ante Hashem. Los afligidos aquí son los Hijos de Israel, quienes son como la Shejiná, en el sentido que la luz de sus almas está oculta, encubierta por el cuerpo físico. Son el último eslabón en la cadena de los niveles de revelación Divina que los vincula con su Hacedor, desde el punto celestial en que sus almas aún forman parte del Altísimo hasta sus cuerpos físicos.  Se comparan a los pies en los cuales se mantiene todo el cuerpo, como lo sugiere la palabra ya’atof, envuelto,[9] en el sentido que la envoltura es lo último que aparece. Y su mayor plegaria es que Hashem los ilumine con Su energía Divina para que su cerebro y su corazón,[10] así como sus partes corporales puedan sentir que se mantienen ante Hashem [en la Amidá, oración silenciosa].

Como el Rab me dijo un día: “Hay gente que siente con tanta intensidad estos signos de cercanía Divina durante la Amidá, que cuando terminan les toma mucho tiempo recobrar la palabra…”

Y es curioso que el mayor enemigo que nos impide apegarnos a Hashem en la oración es una modestia fuera de lugar, ya que pensamos, ‘¡Es imposible que mis oraciones sean ser tan importantes”!’[11]

   Señala el Rokeaj en su sidur, en su introducción a la Amidá, que el mayor obstáculo con el cual se enfrenta el hombre cada día al estar inmerso en la oración silenciosa es de mantener la conciencia que está hablando con el Altísimo “boca a boca (en hebreo pé el pé). Según los Sabios, esto significa que la persona que dice la Amidá ha de sentir que la Shejiná está con él en ese momento, cosa que no sólo sugiere que está en pie ante el Rey.  La esencia del habla en ese momento puede considerarse como una comunicación “boca a boca”, así como los comentadores han dicho acerca de Moshé,[12] boca a boca hablo Yo con él… Este versículo nos deja con una pregunta, ya que ¿no debería decir ‘boca a oído hablo con él’?  La respuesta es que cuando la persona habla con el Altísimo, la Shejiná también está hablando con él, así como un beso en el que hay un intercambio de soplos, en el sentido que el habla Divina es un espíritu que se contiene dentro de las letras (hebreas) […].  Y como ha escrito el Toldot en la sección de Torá Ekev, en el nombre del Baal Shem Tov, […] he aprendido de mi maestro que somos nosotros mismos quienes nos alejamos del Altísimo debido a nuestra propia modestia (fuera de lugar), porque tenemos una imagen tan baja de nosotros mismos que no creemos que a través de nuestro estudio de Torá podamos causar que la shefa, abundancia Divina fluya a todos los Mundos Celestiales y beneficie a los mismos ángeles.  Si verdaderamente lo creyésemos, ¡serviríamos a nuestro Hacedor con tal alegría a todo momento! […] La idea de la expresión ‘boca a boca’ no es la misma que ‘cara a cara’ – que indica que la Shejiná está ante nosotros en ese momento – sino que alude a un apego de espíritus, y como lo indica el Rokeaj, es una conciencia difícil de obtener.  No obstante, si se recita la Amidá con cavaná, suma concentración, adquiere la calidad de una comunicación boca a boca como la de Moshé.

Al llegar a la Amidá, enseña el Rab, hemos ascendido de mundo a mundo hasta llegar a Atzilut, el Mundo Celestial más elevado, llamado ‘cercanía’, en el que el hombre es Uno con su Hacedor.  En ese momento nuestra persona física cesa de ser relevante y entregamos nuestro mismo ser para merecer esta unión con el Altísimo.

El hombre fue creado a partir de los cuatro elementos de la creación – el fuego, el agua, el aire y el polvo – y cada uno de éstos deja su influencia en la naturaleza del hombre.[13] Cuando el amor del hombre por el Altísimo alcanza el nivel de la expresión “carbones ardientes, la llama del Altísimo” mencionada en Shir Hashirim, el Cantar de los cantares, las llamas de este amor adquieren la calidad del fuego, que es el nivel de los ángeles.  Los ángeles también fueron hechos de los cuatro elementos, pero su temor reverencial al Altísimo es tal, por resultado de su contacto directo con Él, que el elemento de fuego domina a los demás.  Esta calidad de vínculo es el producto de la oración, en particular de la Amidá, oración silenciosa.  La esencia de la oración es que enciende el amor del hombre hacia el Altísimo con un amor de carbones ardientes. En consecuencial, los sentidos físicos del hombre son dominados por el elemento de fuego.

En nuestro tiempo, los Hijos de Israel están apegados a su Hacedor de modo general, pero las almas selectas de nuestro tiempo han merecido la calidad de fuego. En el Futuro Próximo, sin embargo, todo Israel alcanzará este excelso nivel en el que su fuego interior domina los otros tres elementos; como dice el versículo:[14]

וְהָיָה אוֹר יִשְׂרָאֵל לְאֵשׁ וּקְדוֹשׁוֹ לְלֶהָבָה

 y la Luz de Israel será fuego, y el Creador Todopoderoso [de Israel] será llama.

Esto sucederá en el tiempo del Tercer Templo, que descenderá del Cielo hecho de fuego, cosa que muestra de qué modo ha de venir la Redención. Sucederá a través del profeta Eliahu, quien elevará al pueblo de Israel a amar a Hashem del modo de “carbones ardientes”, y por resultado esta calidad de vínculo también imbuirá al Templo, que suceda pronto y en nuestro tiempo.

No obstante, escribe el Rab, hay un nivel que es aún más elevado – el de luz – y lo alcanzaremos en el Futuro Próximo. El Altísimo le dijo a Aarón, para reconfortarle el abatimiento de este último al ver las ofrendas de los príncipes de las tribus en la inauguración del Mishkán, Santuario portátil: La tuya – la Menorá – es mayor que la de ellos.[15] Es decir – significaba el mensaje Divino – los otros príncipes de tribu inauguran el mizbeaj, altar en el que se quemaban las ofrendas, elevando así el elemento de fuego por encima de los demás.  Tu, sin embargo, encendiste la Menorá que está imbuida de la calidad de luz y por lo tanto es aún más excelsa ya que es una luz totalmente espiritual, que no está vinculada con ningún elemento físico.  Como fue predicho,[16] Hashem será una luz eterna para ti.  A pesar de que en el mérito de Eliahu y el Mashíach, redentor descendiente de Yosef alcanzará Israel un vínculo con el Altísimo imbuido de fuego, aún así, en el mérito del Mashíaj descendiente de David alcanzará Israel un vínculo de luz, que es aún más excelso que el de fuego.  Y hemos de añadir que tenemos acceso a ese vínculo hoy en día a través del Shabat.  Como preguntan nuestros Sabios, ¿cuál fue la bendición especial concedida al Shabat? Y responden: fue la luz.  El Shabat es un día de luz en el que tenemos la posibilidad de ascender al nivel de luz, más allá de los ‘carbones ardientes, la llama del Altísimo’.

Es notable la bondad de Rab Luria hacia las mujeres interesadas en su trabajo, como lo viví personalmente – a pesar de su tradición jasídica de profunda reserva hacia las mujeres, que Rab Luria profesaba totalmente. Una mujer que vino al hesped, la elegía que di a un grupo de mujeres la noche de sus shloshim (treinta días después del fallecimiento) comparó la experiencia de estudiar el libro del Rab acerca de Shir Hashirim a la música: fluía hacia mí, y no podía dejarlo. Deseaba profundamente tener más libros, pero no se atrevía a llamar a este sabio de Torá a pedirle si podía venir y comprar libros de él. Cuando finalmente hizo la llamada, el Rab no sólo le dio la bienvenida, sino que insistió en cargar los libros para ella hasta llegar a su coche, a pesar de las protestas de ella. Sentí tal privilegio, dijo ella, de haber conocido a Rab Luria.  El Rab tenía un brillante conocimiento de enseñanzas antiguas y sabía presentarlas de un modo convincente que invitaba al lector a continuar estudiando su Torá, mismo si esto presentaba una lucha, porque su mensaje es totalmente relevante a las necesidades de esta generación.  Otra mujer dijo que al venir a la casa de Rab Luria a comprar libros junto con una amiga, cuando le preguntó cuánto le debía, sonrió el Rab y dijo que en realidad, es él quién debería pagarles por estudiar sus sforim, libros. Le pregunté una vez, dijo esta mujer, qué pensaba de las mujeres que estudiaban la dimensión interior de la Torá.  “Es importante», respondió el Rab, “porque ¡son las mujeres quienes van a traer nuestra ansiada gueulá, redención”!

          Aún nos queda el trabajo de Rab Luria acerca del significado espiritual de la Tierra de Israel, una tierra, según explica el Rab, que tiene un espacio interior que conduce a la jemdá, el deseo, y está rodeada de una cáscara exterior.[17] Al romper ésta se adquiere la conciencia del alma adicional concedida a todos los que viven en ella, que conduce a la culminación del deseo – la comunión íntima con Hashem en particular en el momento de la plegaria.  Ocho mil páginas están conservadas en la ordenadora del Rab, que nunca han visto la luz del día.

El primer libro de Rab acerca de Januká, intitulado Or Yekarot, que, como explica él, significa una luz divina brillante; alude al nombre de su autor, Refael Moshé Luria, ya que la gematriá, el valor numérico de su nombre, añadiéndole uno según el principio aceptado de la gematriá, numerología, es el mismo que el de Or Yekarot.[18] Y en efecto, fue en la tercera luz de Januká que Rab Luria entregó su luz a su Hacedor y regresó a la Fuente Celestial. Tres días después cantamos en el Halel de Rosh Jodesh:[19]

יָקָר בְּעֵינֵי ה’ הַמָּוְתָה לַחֲסִידָיו

Difícil ante la vista de Hashem es la muerte de Sus piadosos fieles.

Es ahora a nosotros a retener el reshimu, la impresión que se dejó detrás en su tremendo trabajo tomando conciencia que nosotros somos los descendientes y herederos de la generación que entró en la Tierra, y aceptando el desafío de realizar el propósito de la Creación, al transformarnos, cada uno de nosotros, en dirá betajtonim, lugar de residencia terrestre, como nos lo pidió el Altísimo:[20] Ellos Me harán un Santuario para que pueda habitar entre ellos.

 Este estudio está dedicado a Rab Moshé Luria, hacia el cual siento un profundo agradecimiento por haber sido instrumental en cambiar mi actitud hacia el vínculo interior que podemos tener con Hakadosh Baruj Hu, y por enseñarme cómo intensificar este vínculo cada Shabat. Con la bondad del Todopoderoso, he escrito un libro para transmitir los escritos de Rab Luria acerca del Shabat, explicando cómo se asciende de la relación de hijos a la de compañeros del alma.  La llave del jardín cerrado: Una novela sobre el misterio de Shabat desde la perspectiva de la Kabalá. Barcelona: Editorial Obelisco, 2023.

Simja H. Benyosef

Dirección electrónica: simchahbenyosef@yahoo.com

לעילוי נשמת הרב רפאל משה בן מרדכי יחיאל לוריא זצ»ל  

[1]  Las enseñanzas que siguen acerca del Mishné Torá son adaptadas del ensayo “Bejodesh shvat guilúii kirvat Kudsha Brij Hu veIsrael”, en Bet Genezai: Shvat, Adar, pág. 9 y sigs.  Le quedo agradecida al Rab/Dr. Avraham Gilles Moralli por su brillante presentación de este ensayo en su hesped, eulogía para elevar la memoria de su maestro.

[2] Éxodo 6:6-8; La Torá: Edición a cargo de Daniel ben Itzjak. Barcelona: Ediciones Martínez Roca, (Grupo Planeta). Todas las citas serán de esta edición.

[3] Éxodo 6:8.

[4] Perífrasis de los Salmos 68:17.

[5] Ralbag acerca de Job 19: 29: אני חטאתי בשלא השתדלתי לדעת השם כפי היכולת

[6] Bet Genazai acerca del Shabat. Los textos dentro de las secciones encuadradas han sido traducidos directamente de los escritos de Rab Luria.

[7] Bet Genazai: Pitjéi Tefilá; Divrái Hakdamá.

[8] Psalms 102:1.

[9] La palabra hebrea del salmo es yaatof, que literalmente significa ‘está envuelto’, y se traduce como ‘desfallece’. La traducción al inglés Living Naj incluye una nota para explicar la palabra atof, envuelto en el contexto de este salmo.  El que reza para expresar su aflicción se recoge sobre sí mismo como si estuviera envuelto alrededor de sí mismo.

[10] El cerebro (móaj) y el corazón (lev) en hebreo, son las partes del cuerpo en las que residen respectivamente, la neshamá, alma excelsa, el rúaj, espíritu.

[11] Adaptado del ensayo de Rab Luria: Tefilá pé el pé, en Bet Genazái al tefilá, volumen II, pág. 29 y sigs.

[12] Números 12:8.

[13] El resto de este estudio fue adaptado de la introducción de Rab Luria a su libro acerca de la tefilá, Pitjéi Tefilá.

[14] Isaías 10:17. Mi traducción del versículo se basa en la de Rab Yaakov Elman en el Living Naj que ya hemos citado, edición de Moznaim, Israel y Nueva York.

[15] Enseña el Midrash que, en contraste con todos los otros príncipes de las tribus, Aarón no presentó inicialmente una ofrenda en la inauguración del Mishkán, Santuario portátil, hasta que poder ver la aprobación Divina acerca de los otros, pero para entonces era demasiado tarde porque la tribu de Efráim presentó una duodécima ofrenda que fue aceptada (sección Behaalotejá).  Explican los Sabios que la ofrenda de Aarón no fue aceptada en el Mundo Celestial porque el Altísimo tenía reservado un servicio más excelso para él.

[16] Isaías 60:19.

[17] Basado en el capítulo de Rab Luria “Haben Yakir Li,” en Amalut Ba Torá, págs. 206-209. Véase también Orí VeYish’í, vol I, “Haben Yakir Li Efráim,” pág. 240ff.

[18]  Bet Genazai: Or Yekarot, “Divréi Hakdamá.”

[19]  Salmos 116:15.

[20] Éxodo 25:8.

Simja H. Benyosef

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