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Relato: El “negocio” de ayudar al otro

Extraido de Por Amor a D-s

Abierto a los Negocios

Todo ocurrió en los años 70. Devastada por la muerte repentina de su querido esposo, Jana Pearlstein* sintió que su vida había dado un vuelco en un segundo. Ahora ella debía enfrentarse al desafío de tener que criar sola a su gran familia. Ahora Jana tendría que tomar sola todas las decisiones familiares, intentando pensar como madre y como padre. Y lo que más la asustaba era darse cuenta de que ella sola tendría que arreglárselas para conseguir el sustento de su familia. Sin una carrera u oficio, ella no sabía cómo iba a hacerlo.

Puesto que toda su vida había vivido en Jerusalem, Jana conocía muy bien a la comunidad y su gente. Después de la muerte de su esposo, ella pasó incontables horas buscando trabajo o la posibilidad de abrir algún negocio. Finalmente, por cuanto era una mujer que leía mucho, se le ocurrió que podría usar su gran conocimiento de libros como un medio para ganar su sustento: abriría un negocio de libros. Después de todo, ¿quién no compra libros en Jerusalem? Jana tuvo la suerte de encontrar un local en alquiler que era perfecto, tanto en dimensiones como en ubicación, para obtener una buena clientela.

Pero Jana tenía un solo problema: conseguir los fondos necesarios para abrir su negocio. Ella necesitaba miles de dólares para alquilar el local, para decorarlo, para arreglar la calefacción y la electricidad, ¡y también necesitaba plata para comprar los libros! La lista de gastos parecía interminable y sus esfuerzos por conseguir un préstamo bancario no habían tenido éxito. Ningún banco estaba dispuesto a arriesgarse a darle un préstamo a una pobre mujer sin un aval para el crédito. Incluso sus amigas cercanas, quienes verdaderamente querían ayudarla, no estaban en una situación económica como para poder hacerlo. A pesar de todas las sinceras disculpas que recibió, Jana se quedó sin ningún lugar al cual poder acudir para pedir ayuda.

Ese sentimiento de rechazo y de no saber adónde dirigirse acompañó a Jana durante varios días hasta que, completamente de sorpresa, un hombre de apariencia distinguida se presentó una tarde en la puerta de su casa. Jana conocía al hombre de haberlo visto algunas veces en el barrio. Su nombre era Rab Yosef Aijler. El Rab Aijler le entregó a Jana un cheque por la suma de cinco mil dólares. En los años 70, esa suma era considerada una gran cantidad de dinero. él le dijo que había escuchado que ella necesitaba un préstamo para abrir un negocio de libros y él estaba muy contento de poder prestarle el dinero.

Jana estaba muy asombrada. “¿Cómo puedo aceptar esto?”, preguntó ella. “¿Cómo sabe que podré devolverle el dinero?”.
El Rab Aijler le respondió: “Yo tengo absoluta confianza de que tu negocio dará frutos. Todo lo que tú necesitas es que te den la oportunidad”.
Con un poco de aversión pero con mucha gratitud, Jana aceptó el dinero del Rab Yosef Aijler. Y así como él lo había predicho, el negocio fue un éxito y Jana pudo no sólo devolverle el dinero, sino también mantener dignamente a su familia con los ingresos del negocio.

Es realmente poco usual encontrar a una persona tan especial como el Rab Yosef Aijler. Uno podría llegar a pensar que él era un millonario benefactor que quería ayudar a una pobre viuda. Pero en realidad, el Rab Aijler era un hombre que trabajaba duro para ganar su sustento y no era especialmente rico. Pero hay algo más que debemos saber: ¡el Rab Yosef Aijler también era dueño de un negocio de libros y su negocio quedaba justo a la vuelta de donde Jana quería abrir su negocio! A pesar de que Jana iba a ser su competidora directa, el Rab Yosef Aijler no estaba preocupado de que el negocio de ella pudiera afectar sus ventas. él sabía que Hashem, y no el hombre, determina las ganancias de cada persona, y es por eso que no dudó un instante en ayudar a Jana.

De hecho, la ayuda que Reb Yosef le dio a Jana fue mucho más que aquel bondadoso préstamo inicial. A pesar de que Reb Yosef era el dueño de un negocio de libros mediante el cual ganaba su sustento, él en realidad estudiaba Torá casi todo el tiempo y sólo abría su negocio cuatro horas al día. Su negocio quedaba en el sótano de un edificio, y cuando no estaba abierto, él ponía un cartel que decía: “Disculpe, el negocio está cerrado, pero el negocio de Pearlstein de la esquina está abierto”.

Para el Rab Yosef Aijler, ayudar a otros estaba antes que su propio negocio. O mejor dicho, “ése” era su único negocio.

* * *

Nota del Editor: Durante el tiempo en que estuvimos trabajando en la traducción del libro al español, nos enteramos desgraciadamente del fallecimiento del Rab Yosef Aijler zt”l, aquí en Jerusalem. Hemos escuchado muchas historias increíbles del jésed que él hacía con las personas y de todo lo que hizo por el mundo de la Torá. Todos lo consideraban un ángel y un piadoso. Que este cuento sea en honor a la memoria del Rab Yosef Aijler zt”l.

Rab Baruj Brull

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